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Rusia lanza un nuevo ataque masivo de 300 drones y 30 misiles contra Ucrania, desafiando las advertencias de Washington

Las Fuerzas Armadas ucranianas informaron que lograron interceptar aproximadamente 208 proyectiles, aunque algunas zonas del país, como la región de Sumy, sufrieron daños en infraestructura crítica.

Las defensas aéreas ucranianas se despliegan contra drones rusos

Las defensas aéreas ucranianas se despliegan contra drones rusosAFP

Emmanuel Alejandro Rondón

Rusia continuó con su feroz ofensiva aérea contra Ucrania durante la noche del viernes y el sábado, lanzando más de 300 drones y 30 misiles contra diversas ciudades, en lo que constituye uno de los ataques más fuertes del mes.

Según confirmó el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, al menos una persona murió y seis resultaron heridas, incluido un menor, tras el impacto de drones en un edificio residencial en Odesa.

“Anoche, nuestros combatientes de distintas unidades repelieron otro ataque ruso. Se lanzaron más de 300 drones de ataque y más de 30 misiles de distintos tipos contra nuestras ciudades”, escribió Zelenski este sábado. “La eliminación de los objetivos aún continúa: hay drones que siguen en el aire”.

Las Fuerzas Armadas ucranianas informaron que lograron interceptar aproximadamente 208 proyectiles, aunque algunas zonas del país, como la región de Sumy, sufrieron daños en infraestructura crítica.

Este nuevo bombardeo se produjo apenas tres días después de otro ataque masivo ruso, ocurrido el 16 de julio, cuando el Kremlin ordenó el lanzamiento de 400 drones y un misil contra las regiones de Vínnytsia, Járkov, Odesa y Kryvyi Rih, provocando al menos dos muertos y más de una docena de heridos.

El objetivo de aquel ataque, según Kiev, era golpear la infraestructura energética nacional.

Ambos ataques masivos representaron un desafío directo a las advertencias públicas del presidente Donald Trump, quien exigió al Kremlin detener su ofensiva de manera inmediata o enfrentar duras sanciones económicas.

Sin embargo, los altos funcionarios rusos desestimaron las amenazas, calificándolas como “teatrales”.

En respuesta, Trump finalmente accedió a ayudar con armas a Ucrania y anunció esta semana un nuevo plan de asistencia militar a través de aliados de la OTAN: Estados Unidos venderá armamento —incluidos sistemas Patriot— a países europeos, quienes luego lo enviarán a Kiev. Según el mandatario republicano, la ventaja de esta medida es que no implicará costos para los contribuyentes estadounidenses, aunque algunos miembros de su partido dudaron de este enfoque. 

Rusia no parece querer la paz

El ataque del 16 de julio marcó un punto de quiebre en el recrudecimiento de la guerra. Ese día, mientras el Parlamento ucraniano debatía un aumento del gasto en defensa, Rusia lanzó el mayor bombardeo en semanas, luego de que las conversaciones en torno a un alto el fuego no prosperaran: 400 drones y un misil impactaron en cuatro regiones clave. El presidente Zelenski dijo que el objetivo ruso era destruir la infraestructura energética y pidió más sistemas de defensa antiaérea a sus aliados.

Al día siguiente, Donald Trump amenazó con aranceles severos si Moscú no cesaba su ofensiva. Sin embargo, desde el Kremlin se limitaron a mofarse del ultimátum. Dmitri Medvédev, vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, dijo que “el mundo se estremeció, esperando las consecuencias.
La beligerante Europa estaba decepcionada. A Rusia no le importó.”
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