Ámsterdam será la primera capital del mundo en prohibir la publicidad de carne y combustibles fósiles
La prohibición se aplicará a espacios públicos bajo control municipal, incluyendo calles, estaciones de metro y tren, marquesinas y mobiliario urbano.

La ciudad de Ámsterdam en invierno (Archivo)
El Ayuntamiento de Ámsterdam aprobó una ordenanza municipal que prohíbe la publicidad de combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón), carne y servicios 'altamente contaminantes', como viajes en avión, cruceros y automóviles con motores de combustión. La medida entrará en vigor el 1 de mayo de 2026 y convertirá a la ciudad en la primera capital de un país en aplicar una prohibición de este tipo de manera integral.
Según informó el propio consistorio, la prohibición se aplicará a espacios públicos bajo control municipal, incluyendo calles, estaciones de metro y tren, marquesinas y mobiliario urbano. El objetivo declarado es "reducir la promoción de actividades que contribuyen a la crisis climática y a impactos negativos sobre la salud y el bienestar animal".
El noveno municipio de los Países Bajos en incorporar la prohibición de esta publicidad
Con esta decisión, Ámsterdam se convierte en el noveno municipio de los Países Bajos en incorporar la prohibición de publicidad de combustibles fósiles en su marco legal. La ordenanza se apoya en un fallo judicial dictado en 2025 por tribunales neerlandeses, que estableció que los municipios tienen potestad para vetar anuncios considerados perjudiciales para la salud pública y el clima.
El Ayuntamiento recordó que ya en 2020 la ciudad había aprobado una moción para dejar de aceptar publicidad de combustibles fósiles al renovar contratos con empresas publicitarias. Sin embargo, debido a que muchos de esos contratos tienen una vigencia de diez años o más, los anuncios continuaron siendo visibles. La nueva votación introduce una prohibición explícita y definitiva, que permitirá retirar la publicidad restante a partir de mayo de 2026.
Decisiones similares adoptadas por otras ciudades
El modelo de esta política se inspira en las restricciones aplicadas durante décadas a la publicidad del tabaco, respaldadas por el Convenio Marco para el Control del Tabaco de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y cuenta con el apoyo de sectores del ámbito sanitario y ambiental.