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Kilmar Abrego aseguró haber sido víctima de “golpizas severas” y “tortura psicológica” durante su estancia en el CECOT

Si bien el equipo legal de Abrego ya había descrito su estancia de más de tres semanas en el CECOT como una forma de “tortura”, esta última presentación judicial aporta nuevas denuncias sobre el “trato severo” recibido por el ciudadano salvadoreño.

A security officer stands guard at an entrance of the Centre for Terrorism Confinement (CECOT).

A security officer stands guard at an entrance of the Centre for Terrorism Confinement (CECOT).AFP

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Kilmar Abrego, el ciudadano salvadoreño deportado por error por la Administración del presidente estadounidense Donald Trump, alegó este miércoles haber sido víctima de “golpizas severas” y “tortura psicológica” por parte de funcionarios de la prisión de máxima seguridad de El Salvador, el CECOT, adonde fue enviado a principios de año. Dichas acusaciones se dieron a conocer en una presentación realizada por sus abogados ante un tribunal federal en el estado de Maryland, donde buscan enmendar la demanda contra la actual administración republicana por su deportación.

Si bien el equipo legal de Abrego ya había descrito su estancia de más de tres semanas en el CECOT como una forma de “tortura”, esta última presentación judicial aporta nuevas denuncias sobre el “trato severo” recibido por el ciudadano salvadoreño. Según Abrego, dichos tratos habrían incluido “golpizas severas, privación extrema del sueño, nutrición inadecuada y tortura psicológica”. Asimismo, Abrego aseguró haber perdido 14 kilos durante el tiempo que pasó en la famosa prisión salvadoreña, la cual es conocida por ser una de las más temidas en el mundo.

Más detalles sobre su estancia en el CECOT

En la denuncia judicial, Abrego afirmó que al momento de su llegada al CECOT, el personal penitenciario lo obligó a desnudarse y a cambiarse a un uniforme para luego patearlo para que se apurara. Luego de esto, dichos funcionarios le habrían rapado la cabeza para eventualmente llevarlo a su celda mientras lo golpeaban fuertemente con porras. En el documento, Abrego detalló que dichos golpes lo dejaron con “moretones visibles y protuberancias en todo el cuerpo”.

El salvadoreño también detalló en su denuncia que la celda en la cual estuvo no tenía ventanas, estaba abarrotada de otros prisioneros, contaba con literas metálicas y las luces se mantenían encendidas las 24 horas del día. Abrego también comentó que, en un caso, tanto él como varios de sus compañeros de celda fueron obligados a arrodillarse durante casi diez horas seguidas, siendo brutalmente golpeados cada vez que se caían. De igual forma, el salvadoreño explicó en el documento que, al principio de su tiempo en la cárcel de máxima seguridad, el personal penitenciario reconoció que sus tatuajes no estaban relacionados con grupos pandilleros, añadiendo que los agentes migratorios de los Estados Unidos le mintieron al decirle que se le permitiría ver a un juez.

Abrego, quien actualmente se encuentra detenido a la espera de juicio en Tennessee y quien ha negado en numerosas ocasiones formar parte de la banda terrorista salvadoreña MS-13, le solicitó en su demanda a la jueza federal Paula Xinis que declarara inconstitucionales las acciones de la administración Trump en su contra y ordene su regreso a Maryland. En el documento, también solicitó la restitución formal de una orden del 2019 que le permitía permanecer en libertad siempre y cuando se presentara regularmente ante Inmigración.

Riesgo de una nueva deportación

Abrego formaba parte de un grupo de más de 250 hombres venezolanos y salvadoreños que fueron deportados de los Estados Unidos a El Salvador y retenidos en el CECOT a mediados de marzo. En junio, el salvadoreño fue devuelto a los Estados Unidos —meses después de que un juez ordenara su regreso— y fue formalmente acusado de tráfico de personas en Tennessee. Sus abogados han afirmado en varias ocasiones sentirse preocupados de que la Administración Trump vuelva a deportarlo.
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