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Informes sugieren que Irán conserva el 70% de su capacidad misilística y recuperó control estratégico en el Estrecho de Ormuz

Lejos de estar neutralizado, el régimen persa mantendría intacto aproximadamente el 70% de su inventario de misiles previo al conflicto.

El 10 de mayo de 2026, ciudadanos iraníes pasaron junto a un mural antiestadounidense y antiisraelí pintado en una pared de la capital, Teherán.

El 10 de mayo de 2026, ciudadanos iraníes pasaron junto a un mural antiestadounidense y antiisraelí pintado en una pared de la capital, Teherán.ATTA KENARE/AFP.

Andrés Ignacio Henríquez

La narrativa oficial de la Casa Blanca sobre el colapso militar de Irán enfrenta un serio desafío proveniente de sus propias agencias de inteligencia.

Mientras el presidente Trump y el secretario de Defensa, Pete Hegseth, han asegurado públicamente que las capacidades ofensivas de Teherán fueron "diezmadas" y "aplastadas", evaluaciones clasificadas de principios de este mes —reveladas inicialmente por el New York Times— presentan un panorama que preocupa a los mandos estratégicos en Washington.

Según estos informes, Irán ha logrado restablecer el acceso operativo a la gran mayoría de sus emplazamientos de misiles, lanzadores y búnkeres subterráneos.

Lejos de estar neutralizado, el régimen persa mantendría intacto aproximadamente el 70% de su inventario de misiles previo al conflicto, una cifra que incluye tanto proyectiles balísticos de largo alcance como misiles de crucero destinados a objetivos navales y terrestres.

Amenaza reactivada en el Estrecho de Ormuz

El dato más alarmante para la seguridad hemisférica y el comercio global es la recuperación de los emplazamientos de misiles a lo largo del Estrecho de Ormuz. La inteligencia estadounidense indica que Irán ha retomado el control operativo de 30 de los 33 sitios de misiles situados en esta vía marítima vital, por donde transita una quinta parte del consumo diario de petróleo del mundo.

Los informes detallan que, si bien el daño en las instalaciones varía, las fuerzas iraníes están utilizando lanzadores móviles para posicionar proyectiles en puntos estratégicos. En algunos casos, incluso cuentan con plataformas de lanzamiento fijas que han vuelto a ser funcionales. De los emplazamientos situados frente al estrecho, solo tres permanecen totalmente inactivos.

Esta capacidad de respuesta pone en riesgo directo a los más de 20 buques de guerra estadounidenses que actualmente patrullan la zona para imponer el bloqueo.

A pesar de los intensos bombardeos de la coalición, el 90% de las instalaciones de almacenamiento subterráneo de Irán se consideran ahora "parcial o totalmente operativas", lo que subraya una capacidad de supervivencia que los planificadores del Pentágono parecen haber subestimado.

El dilema de las municiones y la producción industrial

La persistencia del arsenal iraní coloca a la administración Trump ante una encrucijada logística. Durante la campaña aérea, las fuerzas estadounidenses emplearon niveles récord de munición crítica: se dispararon unos 1.000 misiles Tomahawk (diez veces la producción anual del Pentágono) y más de 1.300 interceptores Patriot.

Reponer estos inventarios no será una tarea inmediata. Empresas como Lockheed Martin producen actualmente unos 650 interceptores Patriot al año; aunque existen planes para triplicar esa cifra, la industria de motores de cohetes no puede escalar su producción al ritmo exigido por la Casa Blanca.

Esta escasez de "municiones inteligentes" y revienta-búnkeres obligó a los comandantes a tomar decisiones tácticas comprometidas durante la guerra.

En lugar de intentar la destrucción total de los complejos subterráneos —lo que habría agotado las reservas necesarias para posibles conflictos en Asia con China o Corea del Norte—, el Pentágono optó por intentar sellar las entradas de las instalaciones, una estrategia que los nuevos datos de inteligencia demuestran que tuvo resultados mixtos.

Reacciones contrapuestas en Washington

Desde la Casa Blanca, la postura oficial sigue siendo de victoria total. Olivia Wales, portavoz de la presidencia, reiteró que el ejército de Irán ha sido "aplastado" y desestimó los informes de reconstitución militar calificándolos de propaganda a favor de la Guardia Revolucionaria.

Por su parte, el Pentágono, a través de su portavoz interino Joel Valdez, criticó duramente la cobertura mediática, calificando de "vergonzoso" que se cuestione lo que consideran un "logro histórico".

Sin embargo, el contraste entre la retórica política y la realidad técnica de los almacenes de armas genera inquietud entre los aliados europeos. Estos temen que sus propios pedidos de municiones se vean retrasados si el Pentágono debe priorizar la reposición de sus reservas ante una eventual reanudación de las hostilidades.

Aunque el liderazgo iraní ha sido severamente golpeado y su economía se tambalea bajo la presión del conflicto, su capacidad de mantener una amenaza militar latente complica cualquier salida negociada definitiva.

El "renacimiento militar" iraní que Washington niega en público parece ser, según sus propios espías, una realidad operativa que no se puede ignorar en el tablero de la seguridad global.

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