Kennedy da la espalda al 'cartel' de revistas médicas que demonizó a la hidroxicloroquina y a la teoría de la fuga
"Mi impresión es que los comentarios de Bobby fueron malinterpretados. Él también apoya la libertad académica", afirmó Bhattacharya, director de los NIH, sobre unas palabras del secretario que fueron tomadas como críticas.

Robert F Kennedy Jr
La legitimidad de las prestigiosas revistas médicas y científicas está bajo asedio a medida que la Administración Trump amenaza con retirarles el acceso a la investigación federal. El escrutinio recae sobre su presunta cercanía con reguladores, grupos de interés y fabricantes de medicamentos, cuya consecuencia más grave podría haber sido daños en la integridad de las investigaciones sobre el origen del covid-19.
El secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F Kennedy Jr, calificó de "corruptas" a las revistas New England Journal of Medicine, Journal of the American Medical Association y The Lancet, en el podcast The Ultimate Human el pasado martes.
Los Institutos Nacionales de Salud (NIH) "probablemente" dejarán de publicar allí las investigaciones de sus científicos, añadió, y cada instituto creará su propia revista "a menos que estas revistas cambien drásticamente".
Un objetivo obvio para publicaciones futuras es la nueva Journal of the Academy of Public Health, creada en parte por el director de los NIH, Jay Bhattacharya, y el comisario de la Administración de Alimentos y Medicamentos, Marty Makary, poco antes de ser elegidos por el nuevo Gobierno.
El HHS también tiene previsto dedicar "probablemente el 20% del presupuesto de los NIH a la replicación" para hacer frente a la prolongada crisis de irreproducibilidad, dijo. "Hay que replicar todos los estudios".
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Preguntado sobre qué revistas médicas no estaban en la lista negra de Kennedy, un portavoz del HHS dijo a Just the News que su "máxima prioridad es garantizar que la investigación científica siga siendo rigurosa, transparente y accesible para el pueblo estadounidense". "El secretario insta a las principales revistas médicas a aumentar la transparencia y reducir el sesgo editorial".
Es solo uno de los muchos grandes cambios en las agencias federales de salud pública, con Kennedy y su homólogo argentino anunciando que están creando un "sistema internacional de salud alternativo" a la Organización Mundial de la Salud tras el primer tratado del organismo sobre pandemias.
El HHS también redujo las recomendaciones sobre la vacuna del covid-19 y recortó el contrato de 700 millones de dólares de Moderna para la vacuna contra la gripe aviar.
Kennedy alegó que la industria farmacéutica y el "cartel médico" han tomado y transformado los NIH, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y los Centros para Medicare y Medicaid (CMS) en "esencialmente marionetas para la industria" y en "centros de beneficios" que "mercantilizaron al público estadounidense, convirtieron a todos en pacientes".
Las revistas se enfrentan a investigaciones del Departamento de Justicia, aunque con acusaciones menos severas que las que podrían haber esperado de un Robert Kennedy Jr presidente -en su campaña presidencial prometió iniciarles causas por chantaje debido a enredos con la industria farmacéutica, fraudes y "mentiras"-.
El entonces fiscal federal interino Ed Martin envió solicitudes de información, implicando la participación en esquemas pay-to-play (pagar para jugar) o la imposición de ortodoxias, a revistas como JAMA, NEJM y Nature Medicine, editora del artículo Proximal Origin que, influido tras las sombras por dirigentes del NIH, volvió a la propagación natural en la única teoría aceptable para explicar el brote de la pandemia.
JAMA es conocida por haber publicado un estudio, hace menos de dos años, que afirmaba que la teoría de la fuga de laboratorio es "desinformación" y por retirar otro que descubrió que las máscaras dañaban a los niños.
Las tres revistas nombradas por Kennedy supuestamente rechazaron un gran ensayo controlado y aleatorio para evaluar la eficacia de las mascarillas en 2020, en medio de especulaciones de que no funcionaban bien.
Kennedy dijo que el entonces editor del Lancet, Richard Horton, "realmente se deshonró durante la pandemia" al publicar una declaración escrita por el presidente de EcoHealth Alliance, Peter Daszak, en febrero de 2020, que consideraba "teorías conspirativas" las explicaciones de origen no natural, sin revelar que el grupo de Daszak pasó dinero de los contribuyentes estadounidenses al Instituto de Virología de Wuhan, donde los partidarios de la teoría de la fuga de laboratorio piensan que surgió el covid-19.
The Lancet publicó un estudio rápidamente desacreditado sobre la hidroxicloroquina tres meses después, basado en datos erróneos, que sin embargo condenó globalmente su uso como tratamiento para el virus, que el presidente Trump había promocionado repetidamente en los primeros días de la pandemia.
La propia Nature metió la pata a principios de este mes al afirmar que los NIH podrían cancelar todas las subvenciones extranjeras, basándose en fuentes anónimas, y siendo desmentida horas más tarde cuando los NIH dijeron que sólo se veían afectadas las ayudas extranjeras. La revista Science primero copió a Nature y luego añadió una corrección.
Una de las pocas investigadoras que ha sufrido consecuencias dramáticas por datos supuestamente fraudulentos es la científica del comportamiento de Harvard Francesca Gino, que perdió su titularidad esta semana tras cuatro años de acusaciones. The Crimson informó de que era la primera en perder la titularidad desde la década de 1940 y la quinta empleada mejor pagada de Harvard antes de que su trabajo se enfrentara al escrutinio.
'Mi impresión es que los comentarios de Bobby fueron malinterpretados'
La declaración de Kennedy sobre las revistas ganó el aplauso de aliados como el epidemiólogo Nicolas Hulscher y la Fundación McCullough, asociada al cardiólogo Peter McCullough. Este último señaló su experiencia con el "cartel": la editorial científica Elsevier retiró, después de que se hiciera viral, su artículo revisado por expertos sobre autopsias realizadas a vacunados contra el covid-19.
"El NIH debería prohibir el uso de sus fondos -directos o indirectos- para publicar o suscribirse a revistas", afirmó el bioquímico de la Universidad de Rutgers Richard Ebright. "Este simple paso aumentaría la productividad científica y la transparencia científica y disminuiría el despilfarro y el fraude".
Sin embargo, Toby Rogers, investigador especializado en autismo del Instituto Brownstone, señaló que los responsables de la FDA habían publicado en NEJM sólo dos semanas antes. Rogers había solicitado que se retracte un artículo de los CDC en que no se hallaba relación entre vacunas y autismo, y en el cual, según un denunciante de la agencia, se había ocultado un hallazgo inconveniente.
Makary y el director del Centro de Evaluación e Investigación Biológica, Vinay Prasad, utilizaron la revista para anunciar que, en adelante, exigirán ensayos clínicos controlados con placebo para aprobar los refuerzos anuales de vacunas para el covid-19 para estadounidenses sanos menores de 65 años.
Los comentarios de Kennedy en la amplia entrevista de 40 minutos con el biohacker Gary Brecka, antes de sus planes nocturnos en un combate de la UFC, fueron presentados rápidamente como un menoscabo a Bhattacharya, del NIH, quien el 14 de mayo dijo a Politico que había puesto fin a una política que obligaba a sus investigadores a obtener permisos para publicar a la vez que les exigía hablar solo por sí mismos.
"Mi impresión es que los comentarios de Bobby fueron malinterpretados", dijo Bhattacharya a Just the News. "Él también apoya la libertad académica. Aunque creo que piensa (como yo) que algunas de las revistas publican a veces ciencia politizada y mala".
A través de una "red de viejos muchachos", el sistema federal de subvenciones "se ha corrompido" de modo que quienes "reciben el dinero tienden a ser personas que han sido aprobadas por la industria" y que nunca emprenderán investigaciones que "puedan disminuir los beneficios corporativos", dijo Kennedy.
El secretario añadió que los receptores tienen "un enorme incentivo para hacer trampas en su ciencia" debido a la falta de replicaciones de los estudios.
Invocó, asimismo, antecedentes de quejas sobre la fiabilidad de las investigaciones: la ex editora jefe del NEJM Marcia Angell lamentó en 2009 "los conflictos de intereses que impregnan" lo que se publica y lo que se oculta; y Richard Horton, de The Lancet, dijo en 2015 que "flagrantes conflictos de intereses", la irreproducibilidad y otros factores hacían que "quizá la mitad" de las investigaciones "no fueran ciertas".
Como "hay que pagar 10.000 dólares para que se publique un estudio... la compañía farmacéutica inventa un estudio que muestra el resultado que le conviene", encarga reimpresiones con "el logotipo de la revista" y se las da a "atractivos" representantes farmacéuticos que convencen a los médicos con "promesas" beneficios si recetan los medicamentos, dijo Kennedy.