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ANÁLISIS: el boom del gasto en IA y su impacto en la economía estadounidense

Las grandes tecnológicas planean invertir más de 350.000 millones de dólares este año para construir y equipar centros de datos de IA, según señala un informe del Wall Street Journal, una cifra que supera el costo del programa Apolo de la NASA.

Señalización de inteligencia artificial (Archivo)

Señalización de inteligencia artificial (Archivo)Josep Lago / AFP

Agustina Blanco
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La economía estadounidense enfrenta un panorama complejo, con revisiones recientes del Departamento de Trabajo que muestran un mercado laboral más débil de lo esperado, reflejado en una drástica reducción de nuevas contrataciones en mayo y junio.

En este contexto, las grandes tecnológicas —Google, Meta, Amazon y Microsoft— están emergiendo como un pilar crucial para la economía, con un gasto sin precedentes en inteligencia artificial (IA) que podría redefinir el crecimiento económico del país. 

Estas empresas planean invertir más de 350.000 millones de dólares este año para construir y equipar centros de datos de IA, según señala un informe del Wall Street Journal, una cifra que supera el costo del programa Apolo de la NASA, ajustado a dólares actuales, que ascendió a aproximadamente 180.000 millones.

Un impulso económico significativo

El economista Jens Nordvig, fundador de Exante Data, calcula que las inversiones en IA podrían impulsar el crecimiento económico de EEUU en un 0,7% en 2025, lo que representaría la mitad de la proyección de crecimiento del 1,4% de la Reserva Federal (FED) para el año. 

Este flujo de capital está financiando la construcción de centros de datos, generando empleos en infraestructura y aumentando la demanda de chips, servidores y equipos de red.

En esa línea, regiones como Texas y el norte de Virginia podrían beneficiarse particularmente de empleos en la construcción, aunque los centros de datos requieren menos personal una vez operativos.

Las grandes tecnológicas están liderando esta transformación. Google ha elevado su presupuesto de 75.000 millones a 85.000 millones de dólares, Amazon espera superar los 100.000 millones, Meta proyecta hasta 72.000 millones, y Microsoft planea invertir 30.000 millones solo en el trimestre actual, superando su previsión anual de 80.000 millones. 

Este nivel de inversión supera el gasto acumulado de estas empresas entre 2010 y 2022, un período de expansión global que incluyó la construcción de oficinas, servicios en la nube y cables transoceánicos.

Promesas de empleo y avances científicos

Los defensores de la IA argumentan que este gasto masivo no solo impulsará la economía, sino que también generará empleos y avances científicos. OpenAI, por ejemplo, asegura que sus nuevos centros de datos crearán “cientos de miles de empleos” en EEUU. 

Por su parte, Mark Zuckerberg, CEO de Meta, ha intensificado la contratación para su división de “superinteligencia”, con salarios que alcanzan cientos de millones de dólares. En un manifiesto del 30 de julio, Zuckerberg predijo que la IA inaugurará “una nueva era de productividad y desarrollo económico”.

Nvidia, el principal proveedor de chips de IA, reportó ingresos de 44.000 millones de dólares en el último trimestre, y su valor en bolsa se ha disparado, beneficiando a empleados y ejecutivos con opciones sobre acciones. 

Wall Street ha recompensado estas apuestas: Microsoft alcanzó una valoración de 4 billones de dólares, y las acciones de Meta subieron un 11% tras anunciar un gasto en IA superior a lo previsto.

Una economía dependiente de la IA

Sin embargo, esta dependencia creciente de las grandes tecnológicas genera preocupación. Callie Bost, estratega de Ritholtz Wealth Management, advierte al Wall Street Journal que “el complejo de la IA parece estar cargando con la economía ahora mismo” y señala que una economía saludable requiere la participación de diversos sectores, algo que no ocurre actualmente. 

Si el auge de la IA se desacelera, el impacto podría ser severo, afectando no solo a las grandes tecnológicas, sino también a los planes de jubilación 401(k) y las carteras de inversión de millones de estadounidenses.

En esa línea, Bost destaca que “las recesiones pueden hacer que uno vuelva rápidamente a la realidad, y lo que más sufre son las acciones de crecimiento de alta valoración”.

Por su parte, Paul Kedrosky, inversor y afiliado de investigación en el MIT, cuestiona la sostenibilidad de estas inversiones, argumentando que los supuestos de retorno a largo plazo no están garantizados. 

Además, la viabilidad de algunos proyectos es incierta. Por ejemplo, OpenAI y SoftBank anunciaron planes para construir centros de datos por 500.000 millones de dólares en los próximos cuatro años, pero la financiación aún no está asegurada. 

Pero, proyectos tecnológicos ambiciosos, como la planta de Foxconn en Wisconsin durante el primer mandato del presidente Donald Trump, redujo su inversión millonaria, un hecho que alimenta el escepticismo.

Una carrera contra China

En China, el presidente Xi Jinping ha criticado el exceso de inversión en centros de datos de IA, según reseña el Financial Times, al mismo tiempo que busca competir con EEUU en esta carrera tecnológica. 

Sin embargo, la escala del gasto estadounidense es única: las inversiones en IA representan entre el 1,2% y el 2% del PIB, según Paul Kedrosky. Asimismo, los centros de datos de IA tienen una vida útil corta y altos costos de mantenimiento, lo que plantea dudas sobre su rentabilidad a largo plazo.

¿Una burbuja?

Los escépticos advierten sobre una posible burbuja. Noah Smith, economista, advierte que las burbujas tecnológicas del pasado, como la de las telecomunicaciones, anticiparon innovaciones reales, pero a menudo de forma prematura. 

Por su parte, Kedrosky añade que la IA, aunque útil en ciertos escenarios, aún no ha demostrado ser revolucionaria, y las inversiones masivas podrían estar impulsadas más por el miedo a quedarse atrás que por un mercado sólido. Además, los costos de entrenamiento de modelos de IA, como GPT-4, superan los 100 millones de dólares, y futuras versiones podrían costar más de mil millones, lo que intensifica las dudas financieras.

Desafíos a futuro

El banco de inversión Raymond James espera que el auge del gasto en IA continúe fortaleciéndose, pero solo si las empresas demuestran retornos reales con servicios de IA. Los defensores argumentan que la demanda de IA crecerá exponencialmente, pero los costos decrecientes de los servicios, debido a la competencia y la mayor eficiencia de los algoritmos, podrían complicar la monetización. 

Por su parte, la Agencia Internacional de la Energía (IEA) de la mano de su director ejecutivo, Fatih Birol, en un informe estima que “se prevé que la demanda mundial de electricidad de los centros de datos se duplique con creces en los próximos cinco años, consumiendo para 2030 la misma cantidad de electricidad que todo Japón consume actualmente. Los efectos serán especialmente fuertes en algunos países. Por ejemplo, en Estados Unidos, los centros de datos van camino de representar casi la mitad del crecimiento de la demanda de electricidad; en Japón, más de la mitad; y en Malasia, hasta una quinta parte”.
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