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Chelsea destroza al ‘imbatible’ PSG y se queda con el Mundial de Clubes

El club londinense sorprendió al planeta fútbol, clavándole tres golazos al mejor equipo de la temporada de la mano de su ‘MVP’, Cole Palmer.

El capitán del Chelsea, Reece James, alza el trofeo junto a sus compañeros y Donald Trump

El capitán del Chelsea, Reece James, alza el trofeo junto a sus compañeros y Donald TrumpAFP

Emmanuel Alejandro Rondón

En la previa de la gran final del Mundial de Clubes, la gran mayoría se preguntaba por cuántos goles iba a ganar el PSG tras vencer 5-0 al Inter de Milán, 4-0 al Atlético de Madrid, 2-0 al Bayern Múnich y 4-0 al Real Madrid. Pero el Chelsea, lleno de jugadores talentosos con una personalidad envidiable, se encargó de renovar una lección futbolística milenaria: los partidos se ganan sobre el césped, nunca antes.

De la mano de su ‘MVP’, Cole Palmer (dos goles y una asistencia), el Chelsea destrozó al imbatible PSG por 3-0. El club londinense no solo redujo a su rival a su mínima expresión, sino que generó frustración en varios jugadores parisinos y en su propio DT, Luis Enrique, quien incluso tuvo un encontronazo con Joao Pedro, autor del 3-0, tras el final del partido. Antes de ello, Joao Neves, mediocampista portugués del PSG, fue expulsado por jalarle el pelo al defensor español Marc Cucurella. En general, el final del partido estuvo lleno de disputas verbales y entradas fuertes de los jugadores en campo, especialmente de los parisinos, quienes se vieron ampliamente superados durante prácticamente los noventa minutos.

El primer tiempo, especialmente, fue un vendaval ‘blue’, con un planteamiento formidable del técnico italiano Enzo Maresca, quien le encontró la vuelta a la máquina perfecta de Luis Enrique.

Con un Palmer líder en ofensiva y un Joao Pedro que cambió por completo el ataque londinense, Maresca optó por un 4-2-3-1 donde Reece James, capitán del Chelsea, jugó al lado de Moisés Caicedo, volante ecuatoriano que se adueñó del mediocampo, imponiéndose por completo al tridente Vitinha-Neves-Ruíz. El argentino Enzo Fernández jugó, nuevamente, más adelantado, cumpliendo una función más sacrificada, cercana a Joao Pedro; y Pedro Neto, quien venía siendo uno de los jugadores más decisivos del Chelsea en el torneo, también se concentró en su labor defensiva de perseguir a Hakimi, el mejor lateral derecho del mundo.

Pero el detalle táctico clave de Maresca estuvo en la izquierda del PSG. Malo Gusto, lateral derecho del Chelsea, atacó constantemente a Nuno Mendes, el lateral parisino de ese sector, dejando en libertad constante a Cole Palmer, quien encontró espacios desde el sector izquierdo hasta la frontal del área, donde marcó los dos primeros tantos del partido.

Antes de rubricar las redes, Palmer ya había avisado de sus intenciones al PSG tras casi clavar uno de los mejores goles del torneo luego de una jugada fantástica armada por Enzo Fernández y Joao Pedro. El remate de Palmer, que besó la escuadra, se fue centímetros desviado, dando la impresión de que había marcado.

Pero no tardó mucho en abrir el marcador el equipo de Maresca. A los 22’, luego de que Doué se perdiera una gran oportunidad, Malo Gusto le ganó la posición a Nuno Mendes en un envío largo, metiéndose hasta el área parisina. La jugada se ensució y el lateral francés encontró a un excelentemente ubicado Palmer en la frontal, donde recibió, se acomodó y, con suma sutileza, empujó la pelota a la esquina derecha, indefendible para Donnarumma. El Chelsea ya había golpeado, transformando su superioridad en una victoria parcial.

Ocho minutos después, Palmer volvió a golpear. Como un boxeador que huele sangre, el inglés empezó a conducir desde la izquierda al centro, amagando y colándose nuevamente hasta la frontal del área, y como si tuviera el remate patentado, volvió a colocar sutilmente la pelota en la misma esquina del 1-0. Este segundo gancho sí que puso al tambaleante PSG contra las cuerdas.

A pesar de que intentó sacudirse los golpes, el PSG no pudo sobrepasar la barrera defensiva ‘blue’, liderada por un omnipresente Moisés Caicedo, el segundo jugador más valioso del cotejo, detrás de Palmer. El Chelsea, que hasta hace dos meses estaba teniendo una temporada francamente floja, estaba dominando con mucho colmillo al mejor equipo del momento, llevándolo al desquicio total.

Ya sobre el final de la primera mitad, una vez más apareció Cole Palmer, otra vez libre entre el centro y la izquierda del área rival. Esta vez no condujo, sino que dibujó un pase para Joao Pedro, quien definió con elegancia por encima de la humanidad de Donnarumma, sentenciando el resultado final.

La historia de Joao Pedro en este torneo es tremenda. El brasileño, hace unos días, estaba disfrutando de sus vacaciones cuando se concretó su fichaje por el Chelsea. Tras la firma, el jugador aterrizó en EE.UU., se puso los botines y se ganó la titularidad en cuestión de días. En las semifinales, clavó dos golazos memorables contra Fluminense y, en la final, se merendó a la defensa parisina.

Ya en la segunda mitad, el PSG intentó salvar la cara, saliendo furiosamente a descontar e intentar meterse en partido. Sin embargo, se topó con un inspirado Robert Sánchez, quien logró atajar cada una de las chances claras generadas por los parisinos. Pasado ese envión, el Chelsea volvió a controlar el juego, dejando sin aire al conjunto de Luis Enrique, que terminó desesperado y frustrado ante la enredadera que planteó Maresca.

Finalmente, el Chelsea se alzó con el título, el primero bajo este nuevo formato del Mundial de Clubes. El presidente Donald Trump, acompañado por el titular de la FIFA, Gianni Infantino, bajó al escenario principal para entregar el trofeo al equipo campeón. Permaneció allí hasta el final de las celebraciones, con una amplia sonrisa mientras los jugadores del club londinense lo observaban entre sorprendidos y divertidos, para luego terminar celebrando con él.

Trump conmemora en Nueva Jersey el atentado que sufrió en Pensilvania hace un año 

La final, que se disputó en el estadio MetLife de East Rutherford, Nueva Jersey, se realizó exactamente un año después del atentado fallido contra el presidente Donald Trump en Butler, Pensilvania, cuando un disparo rozó una de sus orejas quedando a escasos centímetros de arrebatarle su vida. El presidente decidió conmemorar el aniversario asistiendo al partido final del Mundial junto a la primera dama, Melania Trump, siendo ovacionado por parte del público al ingresar al palco de honor. Allí se lo vio acompañado por el presidente de la FIFA, Infantino, y otras figuras como la leyenda de la NFL Tom Brady, el mágnate de medios Rupert Murdoch y la fiscal general Pam Bondi.

El evento, cargado de simbolismo, también sirvió como espacio de encuentro diplomático: durante el entretiempo, Trump y su equipo mantuvieron reuniones con funcionarios de Qatar, país que actualmente actúa como mediador clave en las negociaciones de alto el fuego en Gaza. El propio Steve Witkoff, emisario del presidente, confirmó que se abordaron temas geopolíticos sensibles en los márgenes del partido. Cabe recordar que el PSG, participante de la final, tiene vínculos directos con el Gobierno qatarí.
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