Burlarse de los medios no es un ataque a la libertad de expresión: pocos presidentes han potenciado tanto a la prensa como Trump
Trump es uno de los presidentes que más interactúa con la prensa. Su administración le ha dado un acceso a los medios que contrasta con las limitadas apariciones de Biden.

Trump en la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca.
Burlarse de los medios no es un ataque a la libertad de expresión. Aunque los medios, ahora ofendidos, intenten decir lo contrario, lo cierto es que se han beneficiado de una administración bastante abierta y transparente.
En la Cena de Corresponsales de este 24 de junio, reagendada tras el atentado del 25 de abril en el Washington Hilton, el presidente Trump aprovechó para desplegar sus dotes de comediante y emprender una suerte de roast contra sus adversarios en la prensa.
En mi opinión, los chistes fueron excelentes. Duros, algunos de mal gusto, pero excelentes. Se burló de Kaitlan Collins, la reportera de CNN; de Bari Weiss, de sus pretensiones de aspirar a una tercera presidencia e, incluso, de miembros de su gabinete, como RFK Jr.
El público apenas se rió. Algunos catalogan eso como un fracaso. Pero Trump no se montó en la tarima para provocar risas. Lo mejor de la faceta de Trump como comediante es que es natural. Su éxito no depende de cuántas risas genera, sino del hecho de que, siendo presidente de la nación más poderosa del mundo, se puede tomar ciertas licencias para ser políticamente incorrecto, provocador y burlón. Lo hace todo el tiempo.
Pero la prensa reaccionó, naturalmente, victimizándose. En efecto, era la noche en la que la Casa Blanca homenajeaba a los corresponsales y medios que la cubren todo el día. Pero un Trump simpático, amable y condescendiente hubiera sido hipócrita. Trump estaba en un nido de serpientes. La mayoría de los medios que convocó a la cena llevan años tratando de destruirle, no solo su carrera política sino su vida personal.
Y esa es la diferencia de Trump con el postureo de otros líderes bien portados. Trump no olvida. Y, ante ello, es espontáneo y honesto. Se burla, golpea e incluso, a veces, demanda —como lo hizo contra el Wall Street Journal por un reportaje cuyos periodistas fueron premiados en la Cena y que fueron felicitados por el mismo presidente.
Pero burlarse, golpear o demandar no son afrentas a la libertad de prensa. De hecho, son parte de la propia dinámica del discurso libre. Los chistes, que algunos consideraron ofensivos, fueron lanzados bajo el mismo ejercicio de libertad del que se aprovechan los medios para agredir al presidente Trump.
Mientras Trump dice lo que siente, también se expone a cada posible interacción con la prensa. Es honesto, pero abierto. Insulta al periodista que antes, pese a años de rivalidad y tensión, recibió. Se levanta de una entrevista a la que accedió. Le dice 'estúpida' a la pregunta que un periodista le pudo hacer. Se burla de la periodista a la que cada semana le responde preguntas dentro del Despacho Oval.
Y ese ha sido el gran aporte de Trump. Una contribución de la que la misma prensa que hoy se victimiza se ha beneficiado. Porque pocos presidentes comparten e interactúan tanto con la prensa como lo ha hecho Trump en los años en los que lleva gobernando.
El contraste con su antecesor, por ejemplo, es abismal. De hecho, Biden es el presidente que menos interactuó con la prensa en al menos los últimos cuarenta años. Para julio de 2024, Trump había tenido 468 ruedas de prensa; en cambio, Biden 164.
En su tercer año de mandato, Biden apenas había hecho 22 entrevistas con la prensa. Trump, en su primer año de su primer término, tuvo 92 entrevistas.
Eso, en todo caso, sí es una afrenta a la libertad de prensa. Biden limitaba seriamente el acceso de las audiencias a sus ideas y les privaba de la capacidad de enfrentarlo. Era, al final, un obstáculo inmenso para el flujo de la información. Un portazo en la cara a los americanos (y los medios).
Es comprensible que tantos odien a Trump. Es un tipo áspero. Pero si algo ha potenciado su presidencia es el acceso a la información y al Gobierno por parte de la prensa. No dejen que un par de chistes hagan que eso se olvide.