Historia de Somalilandia, el país menos globalista del mundo (2)
“Celebramos cada edificio de tres plantas”: Somalilandia, una construcción nacional sin tutelas
Construir naciones a imagen y semejanza de los ejemplos más exitosos es una de las tareas a las que más energía dedica el globalismo. Pero Somalilandia se ha forjado, sin el dinero internacional ni tropas de paz extranjeras ni modelos, una democracia que se fundamenta en su estructura social real y no en presunciones idealistas occidentales que no funcionan automáticamente en la mayoría de lugares del mundo, incluido Occidente.

Miembros de la Guardia Costera de Somalilandia desfilan en el 35.º Día de la Independencia
Entre las ruinas de los pueblos y ciudades arrasados por las fuerzas del dictador Barre, los somalilandeses se conjuraron para reconstruir su país y evitar la suerte que ha corrido Somalia.
Ante la mirada asombrada de los pocos trabajadores humanitarios extranjeros que se desplegaron allí para responder a un desastre que nunca obtuvo la atención internacional que se prestó a las hambrunas de Etiopía, la guerra de Biafra o el genocidio de Ruanda, los somalilandeses levantaron poco a poco con su dinero y su trabajo lo que habían destruido las tropas y la aviación de Barre.
Este vídeo grabado por periodistas de la cadena estadounidense CBS muestra a gente corriente desactivando con sus propias manos las minas explosivas que habían dejado atrás las fuerzas de Mogadiscio.
En la ciudad de Burao, junto a la capital, Hargeisa (conocida en su día como “la ciudad sin tejados”), una de las más castigadas por la aviación de Barre, se reunieron entre abril y mayo los líderes del SNM y los jefes tradicionales para apagar los fuegos del conflicto civil entre el SNM, de extracción mayoritaria Isaaq, y los grupos minoritarios que se habían alineado con las fuerzas de Mogadiscio. “(...) la conferencia de Burco de 1991 también fue crucial porque los líderes tradicionales tomaron la decisión de poner fin a la unión con (...) Somalia”, escribe Biruk Shewadeg en este artículo académico dedicado al modelo único de construcción de instituciones que ha aplicado Somalilandia.
Shewadeg da una importancia aún mayor a otra de estas conferencias, la que se celebró entre enero y mayo de 1993, un feudo del subclan de los Gadabursi (parte del clan Dir), cuya posición en la guerra se situó entre la neutralidad y el apoyo a Barre. Si la de Burco se centró en la reconciliación, en esta se forjaron mecanismos de gobierno y gestión del orden público, que venían negociándose entre estructuras clánicas en reuniones anteriores de menos alcance.
Las conferencias de Burao y Borama no tuvieron lugar sobre las moquetas rojas de los hoteles caros en que ya en aquella época (principios de la década de 1990) se negociaban y firmaban todos los documentos relevantes para la historia de cualquier país. En Burao y Borama no hubo asesores extranjeros ni jeeps caros de la ONU. Todo el protagonismo correspondió a lo que hoy llamaríamos sociedad civil, que en la tradición somalí se estructuraba sobre todo en el Guurti, el consejo de líderes tradicionales que los padres fundadores reunidos en Borama instituyeron como Cámara Alta no electiva con un poder comparable al de una Cámara Baja y un presidente que sí se votan en las urnas en Somalilandia.
"La Constitución actualmente en vigor en Somalilandia fue aprobada en el año 2000 y materializa los equilibrios de poder que se negociaron en Borama y otras conferencias".
A la senda democrática que emprendió el país contribuyó también el espíritu del SNM, uno de los pocos movimientos guerrilleros africanos no financiados por potencias extranjeras, en el que los militares siempre estuvieron subordinados a líderes políticos que cambiaban cada cierto tiempo incluso en tiempos de guerra. Con la salida del territorio de las fuerzas de Mogadiscio, el líder militar del SNM, Abdirahman Ahmed Ali Tuur había sido nombrado presidente del nuevo país. Tuur (que significa "jorobado" y es uno de los crudos sobrenombres que en Somalilandia y Somalia se utilizan sin comillas con total naturalidad) acudió a la conferencia de Borama con la idea de ser ratificado en la presidencia, pero los notables representados eligieron en su lugar Mohamed Haji Ibrahim Egal, un civil. Una fotografía muestra a ambos saliendo juntos de la conferencia justo después de que se consumara la anomalía histórica que es el relevo pacífico de un jefe militar victorioso.
Desde la más alta posición política del país y en cooperación constante con los jefes de clanes y las estructuras que se habían creado, Egal fue el encargado de dirigir la desmovilización de los distintos grupos armados, un proceso que se llevó a cabo con éxito pese a que, o quizá gracias a, no contó con la supervisión o la participación de actores externos.
“En lugar de adoptar un modelo democrático de gobernanza impuesto desde el exterior, Somalilandia optó por sincronizar instituciones de gobierno de estilo occidental con su propio sustrato cultural”, escribe Shewadeg en su artículo. “Esto permitió que la población somalí [o, más concretamente, somalilandesa] se identificara con la nueva estructura del Estado y se acostumbrara a la gobernanza democrática, lo que ayudó a lograr una cohesión mayor” y dio al sistema la “legitimidad de la que regímenes anteriores somalíes carecían”, remacha el autor.
Ahmed Y. Farah y Ioan M. Lewis abundan en este ensayo para Cahiers d’Études Africaines en la naturaleza autóctona, orgánica y autogestionaria del proceso de construcción nacional de Somalilandia. La conferencia de Borama recibió un apoyo internacional de no más de 100.000 dólares, presumiblemente de oenegés y embajadas occidentales en la región. La cantidad es a todas luces ínfima si se compara con lo que cuesta cualquier conferencia de paz auspiciada por la ONU o cualquier otro evento relevante de características similares y participación internacional. Antes y después de Borama, todos los gastos de estas reuniones los pagaron somalilandeses del interior y de la diáspora.
La Constitución actualmente en vigor en Somalilandia fue aprobada en el año 2000 y materializa los equilibrios de poder que se negociaron en Borama y otras conferencias. El texto permite la existencia de un máximo de tres partidos, cuyas listas son elaboradas por los jefes de los clanes tradicionales. Que el número de los clanes exceda al de los partidos permitidos obliga a los distintos grupos tradicionales a negociar y cooperar, lo que explicaría, según escribió tras un viaje al país en la revista Tablet Armin Rosen, que Somalilandia haya logrado evitar la violencia política y demás turbulencias que sufren Somalia y otros muchos países africanos. El poder que tienen los clanes en la Cámara Alta, la no electa, les da a todos ellos un peso considerable en la toma de decisiones y es otro antídoto contra potenciales desafecciones.
"Los mayores problemas de inestabilidad y violencia para Somalilandia se dan en torno a la ciudad de Las Anod, capital de la región de Sool que se disputa con Puntland, un estado federal de Somalia".
El primer Estado democrático y de Derecho que estaba construyendo Somalilandia se sometió a un examen decisivo en el año 2003, cuando el país decidió que era tiempo de celebrar con sufragio universal sus primeras elecciones multipartidistas.
Se enfrentaban quien había sido vicepresidente de Ibrahim Egal, Dahir Riyale Kahin, y Ahmed Mohamed Mahamud Silanyo, un término en somalí que designa a un tipo de lagarto de gran agilidad, piel clara y ojos saltones como el político*. Los resultados oficiales dieron ganador a Riyale por un margen de 80 votos. Muchos en el partido de Silanyo estaban convencidos de que su candidato había ganado los comicios. Pero Silanyo desoyó a quienes le pedían recurrir el resultado y aceptó la derrota para evitar un enfrentamiento entre hermanos. Siete años después volvió a presentarse y derrotó con claridad a Riyale, que no se resistió al cambio y le cedió el mando.
Los mayores problemas de inestabilidad y violencia para Somalilandia se dan en torno a la ciudad de Las Anod, capital de la región de Sool que se disputa con Puntland, un estado federal de Somalia. La gran mayoría de la población en la parte oriental de la región es del subclan Dhulbahante, que forma parte del clan Darod dominante en Somalia.
En 2023, después de una serie de asesinatos nunca resueltos de personalidades locales, milicias locales y el Ejército de Somalilandia protagonizaron enfrentamientos armados que dejaron más de 200 muertos.
Amnistía Internacional y otros actores especializados en el uso artero de lo micro acusaron a Hargeisa de aplicar una fuerza desproporcionada. Pero Somalilandia se acabó retirando de Las Anod, lo que prueba o bien la seriedad de la amenaza militar a la que se enfrentaba o la contención de las fuerzas de Hargeisa en su respuesta a la revuelta.
"A diferencia de la vecina Somalia, Somalilandia ha mantenido a raya la amenaza terrorista de grupos como Al Shabab".
En el resto del territorio, Somalilandia ha llegado a 2026 con admirables cotas de cohesión social y un Estado funcional cuyos parlamentarios y presidentes se dan el relevo sin necesidad de matarse o encarcelarse y se sientan juntos en recepciones oficiales y fiestas patrióticas.
A diferencia de la vecina Somalia, Somalilandia ha mantenido a raya la amenaza terrorista de grupos como Al Shabab. Observadores autóctonos como los entrevistados por Armin Rosen lo atribuían precisamente a esa cohesión social. “Si eres de Al Shabab serás detectado fácilmente, porque nos conocemos todos”, declaró uno de los entrevistados. “Aquí todo el mundo es la policía”, dijo al periodista más de una fuente.
Esto trae también consigo seguridad en las calles. “En Somalilandia, las mujeres venden oro de 21 quilates de forma pública en los mercados. Los cambistas de dinero operan sin miedo. La seguridad la garantiza la propia población por medio de la responsabilidad cívica colectiva”, escribió recientemente en un artículo publicado por el Times of Israel Edna Adan Ismail, que entre 2003 y 2006 fue ministra de Exteriores de Somalilandia.
*Los sobrenombres son especialmente habituales en la cultura somalí, tanto en Somalilandia como en Somalia. A menudo aparecen incluso en los documentos de identidad oficiales y se transmiten de padres a hijos como apellidos. El expresidente de Somalia Mohamed Farmajo, por ejemplo, debe su nombre a la pasión de su padre por los quesos en los tiempos de dominio colonial de Italia.
– "Historia de Somalilandia, el país menos globalista del mundo (1)".