Voz media US Voz.us

Nueva York elige a Mamdani, la capital del capitalismo escoge a su verdugo

La izquierda global celebra su victoria como si fuera la toma del Palacio de Invierno. Era cuestión de tiempo para que, en algún momento, los engreídos de la élite universitaria woke tuvieran verdadero poder político.

Mamdani celebra su triunfo electoral

Mamdani celebra su triunfo electoralAP/Cordon Press.

Es hora de un balance sobre unas elecciones devastadoras para el proyecto Trump, para Occidente, para el capitalismo y, sobre todo, para Nueva York.

El vicepresidente llamó a no exagerar los resultados de las elecciones locales y el presidente destacó el aniversario de su elección y otros de sus logros para suavizar el golpe. Pero no funcionó. Zohran Mamdani, el nuevo alcalde musulmán, socialista pro-palestino, es el protagonista de todas las noticias, los análisis, los festejos y los lamentos de todas las redes sociales. El joven activista, miembro de la formación Socialistas Democráticos de América (DSA), derrotó a los pésimos candidatos del establishment con una serie de promesas delirantes de izquierda. En su discurso de victoria, declaró su satisfacción por mostrarle a la nación cómo derrotar a Donald Trump en la ciudad que lo vio nacer. La humillación no puede ser más profunda.

Mamdani asumirá la alcaldía con un programa que incluye supermercados gestionados por el gobierno, transporte gratuito, guarderías gratuitas y congelación de alquileres financiada por los impuestos. Además de una serie de improbables incrementos impositivos para los ricos que en las matemáticas wokistas alcanzarían para hacer sostenible su prometido paraíso.

La imposibilidad de su programa, el éxodo de los posibles afectados y los límites a las competencias de un alcalde harán imposible que cumpla lo que prometió. Pero el joven Zohran siempre podrá decir que el establishment, los ricos o alguien más es responsable de su fracaso. Y siempre tendrá a Israel para culpar en última instancia, está probado que ese chivo expiatorio rinde sus frutos. En cambio, su programa ideológico será un triunfo.

El hijo mimado de la élite progresista

Era cuestión de tiempo para que, en algún momento, los engreídos de la élite universitaria woke tuvieran verdadero poder político. Era cuestión de tiempo para que abandonaran su burbuja de privilegios y arrastraran su política victimista a los altos cargos.

La victoria de Mamdani es fruto de la histeria de los luxury beliefs de los campamentos de la Ivy League. Después de todo, esa masa de jóvenes insatisfechos y autopercibidos víctimas puede fácilmente identificarse con el nuevo alcalde que nunca ha tenido un trabajo de verdad y ha sido un mimado de la elite progresista. La izquierda está exultante, con este hijo de privilegios progresistas, siempre sonriente, que se presenta como el arma que destruirá al capitalismo. Los neoyorquinos habrán tenido sus razones para votarlo; es, de hecho, el primer candidato a la Alcaldía de Nueva York que obtiene más de un millón de votos desde 1969, aunque sea difícil de entender.

Proviene de una familia acomodada. Su padre y mentor es un profesor de Estudios Africanos en Columbia, que ha abogado por una Tercera Intifada contra el colonialismo, y que luego del 11S escribió que existía una equivalencia moral entre el ataque de Al Qaeda y el bombardeo estadounidense de represalia en Afganistán. Su madre es una cineasta financiada por Qatar

"El programa de Mamdani transformará a la capital capitalista del mundo en una versión glamorosa de La Habana".

Nacido en Uganda y educado en Bowdoin College, donde fundó una sección de Estudiantes por la Justicia en Palestina. Imposta modestia con su apartamento de renta controlada en Queens, arremete contra los terratenientes, aunque posee terrenos en Uganda. Apoya las causas woke correctas para su electorado. Dice que convertirá Nueva York en un santuario LGBTQIA+, apoyó al movimiento Black Lives Matter y la desfinanciación del Departamento de Policía de Nueva York. El odio a Israel es el factor común entre los progresistas y los propalestinos, por eso se niega a condenar el lema "Globalizar la Intifada" .

Ha dedicado unos pocos años de su vida al mundo laboral en una organización sin fines de lucro antes de lanzar su candidatura a la Asamblea estatal, donde su actuación fue prácticamente nula. Ha dedicado bastante tiempo a participar en paneles y aparte de sus breves intervenciones como orador, la experiencia de Mamdani es escasa. Ahora, este hombre del pueblo está al frente de una plantilla de 300.000 personas.

Nueva York sigue los pasos de Londres, Róterdam, Hannover... 

La izquierda global celebra su victoria como si fuera la toma del Palacio de Invierno. Viendo quienes se alegran con su triunfo, quienes lo siguieron a lo largo de su campaña y quienes pretenden emularlo en el mundo, todo parece un delirio en el que la política se convierte en una (mala) terapia. Aun así, no debe subestimarse el cambio simbólico y político que se operará en Nueva York. Puede que Mamdani sea un personaje banal y mediático, pero su ascenso tiene repercusiones no sólo para la ciudad, sino también para las demás grandes ciudades occidentales y para el país en general.

Nueva York no tendrá un colapso inmediato sino que paulatinamente perderá su esencia y preeminencia económica. El ejemplo clave es Londres, donde Sadiq Khan ha mantenido la ciudad vibrante para sus élites culturales y políticas, pero la ha vaciado para el resto. Dominada por movimientos integristas, reaccionarios hasta contra la propia bandera del país, alberga élites islamoizquierdistas, multimillonarios rusos e inversores chinos. Mientras tanto, Khan ha debilitado a la Policía Metropolitana, transformándola en un actor fundamental de su propia agenda que es complaciente con el antisemitismo y que ignora el accionar de mafias y bandas de abusadores.

Al igual que Khan, Mamdani podría posponer el escándalo de una debacle: cuenta con el apoyo de los medios, de la progresía mundial y de actores e influencers que lo idolatran. Es probable que atraiga muchas más inversiones de los mismos regímenes que financian el adoctrinamiento antioccidental y antiisraelí en los campus universitarios de Nueva York.

Su ejemplo será un aliciente y no una excepción, los casos de Ahmed Aboutaleb en Róterdam, Belit Onay en Hannover, Abdullah Hammoud en Dearborn, Naheed Nenshi en Calgary, Lutfur Rahman en Tower Hamlets, Rokhsana Fiaz en Newham, o Mohamed Ridouani en Leuven, demuestran cómo las familias de inmigrantes musulmanes han llegado al poder instrumentalizando a los partidos socialdemócratas. Pero el caso de Mamdani resulta ser el más emblemático porque, apenas comience el año que viene, será responsable de un presupuesto millonario, en el centro financiero y comercial más importante del continente, sede de la bolsa de valores, de los principales bancos y empresas comerciales.

Un nuevo Nueva York

El programa de Mamdani transformará a la capital capitalista del mundo en una versión glamorosa de La Habana. Las principales víctimas no serán los tan criticados ricos, sino los pequeños propietarios que no sobrevivirán al congelamiento de alquileres. Las tiendas pequeñas que tendrán dificultades para competir con los subsidios municipales, los usuarios del transporte público que lo verán decaer y volverse sucio, inseguro e ineficiente.

La época en que Nueva York encaraba el símbolo de la pujanza de Estados Unidos ha terminado. Durante los próximos años, Nueva York estará gobernada por radicales de la izquierda identitaria y propalestinos alineados con regímenes que llaman a EEUU "El gran Satán". Tal vez en algún momento los neoyorquinos despertarán del sueño de la utopía socialista de Mamdani y se darán cuenta del error que cometieron al permitirle gobernar la ciudad más importante del mundo.

Pero lo que podemos asegurar hoy es que la victoria de Mamdani revela no sólo un cambio generacional en el Partido Demócrata, sino un cambio psicológico en el electorado con el auge de la pobreza performativa en medio de privilegios heredados. Sus votantes ansíaban sentirse virtuosos, y él se los concedió. Su ascenso señala una nueva era en la política estadounidense, donde la resonancia emocional, el desafío simbólico pueden resultar más poderosos que la política, la economía, la calidad de vida e incluso la propia seguridad y supervivencia como nación.

La historia de cómo la capital del capitalismo eligió a un socialista, que detesta todo lo que Nueva York representa, recién empieza.

tracking