Israel actuó por todos nosotros
El programa nuclear de Irán -resumido en sus propias palabras, "Muerte a Israel"- es una amenaza existencial para el Estado judío, Estados Unidos y otros países occidentales. Israel tenía todas las razones para actuar.

El sistema de defensa aérea israelí
A menudo se olvida en el frenesí mediático que Irán, sin provocación alguna, inició las hostilidades contra Israel. La aparente disputa no era sobre territorio o política, o cualquier otro desacuerdo habitual entre estados. Era ideológica. Desde su creación hace casi cinco décadas, la República Islámica de Irán y sus peones han librado una guerra contra Israel y Estados Unidos, exigiendo su destrucción. A su parecer, ninguno de los dos países, "infieles", tiene derecho a existir. Y punto.
Durante casi cinco décadas, el régimen teocrático iraní, que niega el Holocausto, ha financiado a grupos terroristas, entre ellos Hezbolá, Hamás, la Yihad Islámica Palestina y los hutíes. Desde hace más de 30 años, tiene un programa de armas nucleares.
Invirtió prácticamente todos sus activos nacionales en cercar a Israel con un "lazo de fuego", de modo que, desde el 7 de octubre de 2023, el Estado judío, en tamaño aproximado a Nueva Jersey (22.000 km2), se ha visto obligado a defenderse de ataques contra siete frentes: Gaza, Líbano, Yemen, Siria, Irán, Irak y su propia Margen Occidental.
Desde los primeros días de la Revolución Islámica en 1979, su objetivo ha sido declarado abiertamente. Su doctrina se ha arraigado a la identidad del régimen. Ninguna otra cuestión, interior o exterior, fue tan coherente, prioritaria o sistemáticamente perseguida como la hostilidad hacia Israel, el país que bloquea su camino hacia la destrucción de Estados Unidos. Con ese fin, Irán pasó décadas preparando "bases avanzadas" en todo Oriente Medio y en América del Sur, especialmente en Venezuela.
"Israel vive bajo amenaza de destrucción desde que Irán inició su programa de armas nucleares".
Atacar a Israel es visto por Teherán como el primer paso para derrotar a Occidente. "Muerte a Israel" y "muerte a Estados Unidos" se corean después de cada oración los viernes, se enseñan en las escuelas y se pegan en los espacios públicos. Hay murales hostiles contra ambos países en todas las principales calles. En la capital, hay incluso un reloj que cuenta marcha atrás los días que faltan para la demolición de Israel.
En 1979, el ayatolá Ruholá Jomeiní, primer líder supremo de la República Islámica, bautizó "Pequeño Satán" a Israel (EEUU es el "Gran Satán") y enmarcó oponérsele como un deber islámico básico. Durante la revolución, Irán secuestró y mantuvo como rehenes a diplomáticos estadounidenses durante 444 días, hasta que la elección del presidente Ronald Reagan les convenció de liberarlos.
El sucesor de Jomeiní, el actual líder supremo, Ali Jamenei, calificó a Israel de "tumor canceroso" que debe ser extirpado. En 2005, el entonces presidente Mahmud Ahmadineyad pidió que Israel fuera "borrado del mapa".
Un régimen terrorista
El largo historial de atentados iraníes contra judíos e israelíes está sólidamente documentado. En 1992, Irán bombardeó la embajada de Israel en Argentina, matando a 29 personas e hiriendo a 200. Dos años más tarde, un camión bomba arrasó el Centro Comunitario Judío AMIA de Buenos Aires, matando a 85 personas.
En 1993, Irán colaboró en el bombardeo de un cuartel de los marines estadounidenses en Beirut, Líbano, en un ataque en el que murieron 241 marines.
Un tribunal estadounidense determinó que Irán participó en los atentados del 11 de septiembre de 2001. En 2006, durante la Segunda Guerra del Líbano, Hezbolá, representante de Irán, disparó miles de cohetes contra Israel.
El 7 de octubre de 2023, los terroristas de Hamás en la Franja de Gaza (apoyados durante mucho tiempo por Irán y Qatar con fondos y armas) lanzaron una invasión sin precedentes a Israel, asesinando a unos 1.200 israelíes y llevando a 250 rehenes de vuelta a Gaza.
Un régimen terrorista, abiertamente comprometido a borrar a otra nación del mapa, que busca una bomba nuclear... ¿puede merecer la confianza de cualquier Gobierno responsable?
JNS
El mejor momento de Netanyahu: enfrentarse solo a Irán, si debe hacerlo
JNS (Jewish News Syndicate)
En 1996, Irán lanzó a modo de prueba el Misil Shahab-3, capaz de alcanzar Israel. En 2002, su programa nuclear secreto fue públicamente expuesto. En 2011, Irán enriquecía uranio al 20% y trasladaba sus operaciones a complejos de búnkeres subterráneos como Fordow.
En 2015, Irán contaba con una sólida infraestructura nuclear. En ese entonces, el acuerdo nuclear JCPOA de Barack Obama no abordó los fundamentos de la amenaza nuclear iraní al centrarse en límites técnicos temporales e ignorar las ambiciones del régimen a largo plazo. Aún más, Obama aceptó una "cláusula de caducidad" que habría permitido a Irán disponer legítimamente de tantas armas nucleares como pudiera conseguir a partir de octubre de 2025. En septiembre de 2015, Jamenei dijo que Israel no sobreviviría los próximos 25 años.
Al mismo tiempo que financiaba a Irán a fondo, la Administración Obama también descuidó su programa misilístico y a sus peones regionales. Incluso después de que Irán probara, abiertamente, misiles balísticos, Obama respondió con debilidad, retirando las sanciones previstas después de que Teherán advirtiera de que pondría en peligro las conversaciones secretas sobre un intercambio de prisioneros.
Este estímulo permitió a Irán seguir desarrollando centrifugadoras avanzadas de enriquecimiento de uranio y tecnología de misiles balísticos, y aumentar las inversiones en infraestructura nuclear.
En abril de 2018, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reveló que el Mossad había obtenido el archivo nuclear secreto de Irán, prueba de que Teherán había investigado armas nucleares y había mentido al respecto. En su primer mandato, el presidente Donald Trump sabiamente sacó a Estados Unidos del acuerdo de Obama -que, resultó, no sólo había sido fraudulento sino totalmente ilegítimo-.
En 2020, Trump propició los Acuerdos de Abraham entre Israel y varios estados árabes -un logro histórico, y al menos parcialmente inducido por la tendencia del régimen chií de Irán a poner el ojo en sus vecinos árabes musulmanes suníes por su petróleo y gas, además de sentir hostilidad por su supuesta herejía suní-.
Lamentablemente, el Gobierno de Biden repitió los errores de Obama, tal vez con la ilusión de que si era amable con Irán, Irán sería, a su vez, amable. En lugar de ello, Teherán aprovechó su buena suerte para escalar su enriquecimiento de uranio hasta el 60% en abril de 2021, y en 2023 hasta el 83,7%, cerca de grado armamentístico.
El ataque del 7 de octubre de 2023 frenó la ampliación de los Acuerdos de Abraham, especialmente los esfuerzos por incorporar a Arabia Saudí.
Además de todas las agresiones de sus milicias y proxies, el propio Irán disparó misiles balísticos de largo alcance contra Israel en abril y octubre de 2024, durante su operación Promesa Honesta.
Israel ha vivido bajo la amenaza de destrucción desde que Irán inició su programa de armas nucleares. Ningún otro país se ha enfrentado a una amenaza tan existencial, tan sostenida en el tiempo. Dado su diminuto tamaño y su densidad de población, lo último que debe desear es la guerra. Desde facilitar los tratos Irán-Contra en la década de 1980 entre EEUU e Irán, pasando por los pactos de paz con Egipto y Jordania, hasta los Acuerdos de Abraham, siempre que ha sido posible, Jerusalén ha intentado mejorar las relaciones con Teherán, como hace, básicamente, con cualquier país dispuesto.
"¿De verdad quiere el mundo que un Estado terrorista posea armas nucleares?"
Los ataques aéreos de Israel contra Irán este mes no se produjeron en el vacío. Son el resultado de 46 años de hostilidad, escalada y engaño iraníes.
El 31 de mayo de 2025, el informe del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmó que Irán tiene suficiente uranio enriquecido para construir nueve armas nucleares. El 12 de junio de 2025, el OIEA declaró formalmente a Irán "en violación de las obligaciones de no proliferación", la primera resolución de este tipo en casi 20 años. La resolución citó su reiterada negativa, desde 2019, a cooperar con los inspectores sobre material nuclear no declarado y actividades secretas.
El programa nuclear de Irán -resumido en sus propias palabras, "Muerte a Israel"- es una amenaza existencial para el Estado judío, Estados Unidos y otros países occidentales. Israel tenía todas las razones para actuar.
Según el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, los países tienen derecho a defenderse de ataques armados. La operación León Naciente de Israel, que comenzó el 13 de junio de 2025, es un acto de legítima defensa.
Las fuerzas israelíes han atacado objetivos militares: instalaciones nucleares, bases militares, depósitos de misiles y sistemas de defensa antiaérea. Al menos 10 altos mandos de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) fueron asesinados, así como científicos nucleares. En las ciudades iraníes se produjeron explosiones, aunque con un número notablemente bajo de víctimas civiles. Israel ha estado advirtiendo a los civiles para que evacuen las zonas previstas como objetivo, una prueba más de su cuidadosa planificación y su enfoque ético.
El régimen iraní: solo, impopular, débil
Irán respondió con misiles balísticos y drones, en su mayoría lanzados adrede contra zonas residenciales civiles. La mayoría fueron derribados, algunos de los que se colaron mataron a 10 civiles israelíes (al menos hasta el momento de redactar este informe). El ataque deliberado a zonas civiles -viviendas en ciudades abarrotadas- demuestra un total desprecio por vidas inocentes.
Acostumbrado a que sus peones hagan de frente, Irán parece no haber estado equipado para la guerra moderna. Su ejército es anticuado. La fuerza aérea depende de cazas F-14 de casi 50 años de antigüedad, carece de aviones modernos. Israel había dañado meses antes sus defensas aéreas. Los misiles balísticos iraníes, como el Shahab-3, no son muy precisos. Su armada es obsoleta. Incluso su amenaza de cerrar el estrecho de Ormuz parece más que nada palabrería. Hacerlo desencadenaría una reacción internacional.
Desde la reelección de Trump, las sanciones han destripado la economía iraní. La inflación es alta, con el rial en caída libre. Las exportaciones de petróleo y gas son limitadas. Hace años que casi la mitad de la población vive, desgraciadamente, en la pobreza. La edad de Jamenei, 85 años, su cuestionable juicio y la incertidumbre sobre su sucesión hacen que el régimen sea más frágil.
Las brutales medidas represivas no han hecho sino ahondar la división entre gobernantes y gobernados. Las protestas masivas de 2019 y 2022 mostraron la rabia de la población ante la opresión y el fracaso económico. Videos recientes desde Irán muestran a la gente celebrando y agradeciendo a Israel los ataques aéreos.
Cada vez está, también, más aislado. El régimen de Assad en Siria fue expulsado. Los peones de Irán han sido degradados por las fuerzas israelíes, y el respaldo a regañadientes de Rusia y China ha dejado al régimen al descubierto. Su agresión territorial chiíta ha alienado a todos sus vecinos de mayoría suní, excepto a Qatar, quien financia -¡y luego pretende mediar objetivamente!- a todos los grupos terroristas islámicos, incluidos Al Qaeda, los talibanes, Hamás y el Estado Islámico.
Mientras tanto, la mayoría de los iraníes, atrapados bajo su Gobierno tiránico que no celebra elecciones libres o justas, llevan años pidiendo un cambio de régimen. Casi el 80% de los iraníes favorecen el regreso del príncipe heredero Reza Pahlavi. El reciente matrimonio de su hija con un judío estadounidense simbolizó los profundos lazos históricos del Irán prerrevolucionario con Occidente, una alianza que el régimen islamista ha intentado extinguir.
¿Quién nos ha traído hasta aquí? Los Gobiernos occidentales, especialmente Estados Unidos y Europa. Al tratar a Irán como si fuera un país benigno, y aferrándose a ilusiones como el desastroso JCPOA, que prometía a Irán armas nucleares -¡a partir de este octubre!-, que animaron a Teherán a desarrollar sus programas nucleares y de misiles. Occidente tuvo muchas oportunidades de detener a Irán desde el principio, pero las dejó pasar. Ahora Israel está pagando el precio.
¿De verdad quiere el mundo que un Estado terrorista tenga armas nucleares? Si nos fijamos en el daño que Irán ha estado haciendo sin ellas, imaginemos el daño que podría hacer con ellas. Un régimen islamista con armas nucleares amenaza a todo el mundo. Ahora mismo, Israel, en primera línea, está haciendo lo que otros -cuyas vidas está salvando- le critican por hacer-. Sus acciones no tratan de iniciar una guerra, sino de detener una que lleva 46 años en marcha, y de hacerlo antes de que la tiranía teocrática que la inició pueda ampliarla aún más.
Lo mejor de todo es que China, Rusia y Corea del Norte están mirando. Si alguna vez pensaron en hacer travesuras durante el segundo mandato de Trump, quizá se lo estén pensando mejor. La determinación de Netanyahu y Trump no sólo está creando la oportunidad de una nueva edad de oro para Oriente Medio, sino que posiblemente también esté proporcionando un disuasivo -¿recuerdan la palabra disuasión (deterrance)?- a otros enemigos de Occidente que han expresado deseos de su desaparición.
Los críticos de Estados Unidos, la OTAN y Europa harían bien en abandonar su tibio apoyo a un despotismo que, con toda seguridad, pronto vendrá a por ellos, y, en su lugar, apoyar a Israel. Si y cuando la salvaje tiranía se derrumba en Irán, su gran pueblo podrá finalmente restaurar la libertad, la seguridad regional y la paz.
La defensa churchilliana del mundo libre por parte de Trump le situará en la primera línea de la historia. Tanto él como Netanyahu -así como el extraordinario ejército israelí- merecen el Premio Nobel de la Paz por rescatar al mundo de uno de los regímenes más tóxicos desde el Tercer Reich y la Unión Soviética. Que el Comité Noruego no les conceda la distinción dice más de este que de uno de los más grandes triunfos de la libertad en todos los tiempos.