La catástrofe del glaciar del Himalaya deja más de 1.000 muertos y casi 4.500 desaparecidos
Con los depósitos de cadáveres colapsados, las autoridades han empezado a enterrar a cientos de fallecidos sin identificar, no sin antes tomar muestras de ADN. Al menos una decena de cuerpos ha aparecido además en los ríos de la India, muy río abajo.

El Ejército lleva a cabo una operación de rescate en el sitio de un túnel del proyecto hidroeléctrico en Rasuwa.
El desbordamiento de un lago glaciar en el Himalaya, ocurrido hace una semana, ha dejado ya más de mil muertos entre Nepal y el Tíbet, mientras los equipos de rescate intentan liberar a un centenar de trabajadores atrapados en los túneles de una central hidroeléctrica. Las autoridades cifran en cerca de 4.500 las personas desaparecidas.
Nepal ha recuperado 987 cuerpos y contabiliza 3.916 desaparecidos, mientras que los medios estatales chinos reportan 16 fallecidos y otras 546 personas sin localizar. En total, se superan los 1.000 fallecidos y las 4.400 desapariciones.
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Operación contrarreloj en los túneles
En Nuwakot, uno de los distritos más golpeados, soldados y rescatistas excavan, perforan y utilizan explosivos en condiciones extremas para localizar a alrededor de cien operarios de la planta hidroeléctrica que permanecerían atrapados bajo el lodo en varios conductos. Hasta ahora, del interior de los túneles bloqueados solo se han ido extrayendo cadáveres.
El Ejército nepalí insiste en que la búsqueda sigue abierta. "Nuestra atención se centra en las labores de búsqueda y rescate en los túneles; el trabajo continúa", explicó a AFP su portavoz, Raja Ram Basnet, que añadió que los efectivos también ayudan a recoger cuerpos y a prevenir la propagación de enfermedades.
Con los depósitos de cadáveres colapsados, las autoridades han empezado a enterrar a cientos de fallecidos sin identificar, no sin antes tomar muestras de ADN. Al menos una decena de cuerpos ha aparecido además en los ríos de la India, muy río abajo.
La angustia de las familias en Katmandú
Según informó AFP, en la capital, decenas de personas hacen cola ante un hospital para colgar fotografías de sus familiares desaparecidos, en la menguante esperanza de encontrarlos con vida. Es el caso de Debu Sapkota, un conductor de 58 años que busca a su suegra, de 83, y a su nieta, arrastradas por la corriente en la localidad de Trishuli Bazaar cuando sonaron las alarmas, pero la anciana, dice, "era demasiado mayor para correr" y ambas fueron barridas por la riada que sorprendió a la zona la semana pasada.
"Estoy aquí con la esperanza de encontrar sus cuerpos", confiesa Sapkota, que admite no creer ya en su supervivencia tras presenciar cómo el torrente se las llevaba. En el distrito de Chitwan, las familias han comenzado a incinerar a sus difuntos, mientras los soldados descargan víctimas de los helicópteros en Nuwakot y Rasuwa.
Las necesidades de ayuda son enormes: comunidades enteras han desaparecido, decenas de puentes y carreteras han quedado destruidos y varias centrales eléctricas han resultado dañadas, mientras la lluvia azota a quienes intentan refugiarse bajo plásticos improvisados. "Son demasiados retos", resume el policía E. Hawadi, destinado en el castigado distrito de Nuwakot.
Homenajes en el Tíbet y críticas por la información
Aun así, colectivos tibetanos en el exilio han cuestionado la versión oficial del desastre. Tencho Gyatso, presidente de la Campaña Internacional por el Tíbet, pidió a Pekín que publique información "completa y verificable" sobre los daños y las víctimas. Pekín, por su parte, negó ocultar datos y defendió que la difusión ha sido "abierta, transparente y oportuna", al tiempo que anunció el envío a Nepal de un segundo lote de ayuda humanitaria con drones, equipos de análisis de ADN y material de purificación de agua y de iluminación.