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ANÁLISIS

Islandia dice "no" a reanudar las negociaciones de adhesión a la UE: el triunfo del campo sobre el globalismo de Reikiavik

En las tres circunscripciones del interior y la costa, el rechazo a Bruselas fue contundente: en la circunscripción sur, el "no" alcanzó cerca del 60% de los votos.

El exministro de Asuntos Exteriores de Islandia, Gudlaugur Thor Thordarson, aparece en la sede de Afram Island

El exministro de Asuntos Exteriores de Islandia, Gudlaugur Thor Thordarson, aparece en la sede de Afram IslandAFP.

Carlos Dominguez
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El pueblo de Islandia ha rechazado reanudar las negociaciones de adhesión a la Unión Europea, un revés para Bruselas, que contemplaba con interés la incorporación de la próspera isla a la Unión.

En un referéndum celebrado el sábado, la opción del "no" se impuso con aproximadamente el 52,8% de los votos, frente a cerca del 47,2% del "sí", según el recuento oficial difundido por la cadena pública RUV tras el escrutinio de la totalidad de los votos. Con este resultado, la nación nórdica descarta por ahora acercarse a Bruselas y preserva el control de sus recursos naturales y de sus aguas pesqueras.

La capital frente a la Islandia real

Islandia, con unos 400.000 habitantes, pidió entrar en la UE en 2009, tras la crisis financiera de 2008. Las negociaciones se congelaron en 2013. El sábado, unos 273.000 electores estaban llamados a las urnas para decidir si las conversaciones debían reanudarse.

El escrutinio ha dejado al descubierto una fractura social y geográfica que define el pulso político del país. La capital, Reikiavik, se volcó con el "sí": la opción favorable a reabrir las negociaciones ganó en las dos circunscripciones en que se divide la principal urbe islandesa, donde la integración europea se presentaba como un paso hacia la modernidad.

Sin embargo, la Islandia rural plantó cara. En las tres circunscripciones del interior y la costa, el rechazo a Bruselas fue contundente: en la circunscripción sur, el "no" alcanzó cerca del 60% de los votos. Agricultores y, muy especialmente, el sector pesquero —histórico motor económico del país— entendieron el riesgo de someterse a las cuotas y regulaciones de la Política Pesquera Común de la UE, que habrían puesto las aguas islandesas bajo control de burócratas extranjeros.

La pesca, clave en el veredicto

El temor a ceder la soberanía sobre las aguas pesqueras fue uno de los ejes del debate. Los defensores del "no" sostuvieron que los recursos marinos de Islandia eran demasiado valiosos para arriesgarlos en un proceso de integración cuyo control escaparía a las decisiones nacionales. 

Este argumento caló en las comunidades rurales y pesqueras, que actuaron como el ancla de la autodetermación frente a las promesas de prosperidad de la globalización.

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