No podemos dejar sola a Colombia: la violencia y el autoritarismo a punto de imponerse
Podemos esperar de Petro, su candidato, y de la órbita criminal que los rodea que se aferren con fuego al poder. Al final, para ellos es existencial. Por eso, harán todo lo que esté a su disposición, incluso si eso implica incendiar el país antes de dejar a De la Espriella gobernar.

Iván Cepeda este primero de junio.
Tras unas sorprendentes elecciones presidenciales donde, contrariando las conclusiones de todas las encuestas, el candidato de la derecha Abelardo de la Espriella se impuso, se posa sobre Colombia la amenaza de la violencia y el autoritarismo.
Ni los pronósticos más generosos con la oposición al Gobierno de extrema izquierda de Gustavo Petro asomaban el escenario que terminó ocurriendo. Hasta antes de la primera vuelta de las elecciones presidenciales, todas las encuestas coincidían en que el candidato oficialista Iván Cepeda y su contrincante, el conservador De la Espriella, pasarían a segunda vuelta. Sin embargo, ninguna predijo que quien lideraría en esa primera vuelta sería Abelardo de la Espriella, lo que asoma un escenario bastante conveniente para la derecha colombiana en el próximo round el 21 de junio.
Ante ese desenlace de la primera vuelta, tanto el Gobierno de Petro como su candidato, el extremista Iván Cepeda, reaccionaron coléricos. Petro fue el primero: dijo que desconocía los resultados de las elecciones. Luego, en la noche del domingo, en su discurso tras las elecciones, Iván Cepeda sostuvo lo mismo que el presidente y dijo que jamás permitiría que el "fascismo" gobernara Colombia, haciendo alusión a De la Espriella.
Cepeda invitó a sus seguidores a evitar el triunfo en la segunda vuelta de su contrincante. Insultó a De la Espriella, lo llamó "abogado de narcotraficantes" y convocó a los colombianos a organizarse.
De la Espriella reaccionó en proporción. En su discurso como triunfador desde la costa colombiana, de donde es él, dijo que defendería la soberanía popular "por la razón o por la fuerza". Aseguró que se haría matar por la democracia colombiana.
Este martes 2 de junio Gustavo Petro volvió a insistir: hubo fraude en la primera vuelta. Según él, tiene las pruebas. Ello, pese a que tanto la Registraduría de Colombia como todos los observadores internacionales, desde la Unión Europea hasta la Organización de Estados Americanos, aseguraron que las elecciones colombianas se llevaron a cabo con total transparencia y que no hay indicios de irregularidades.
La amenaza es clara. A este punto no podemos ser ingenuos: Petro quiere robarse las elecciones e imponer a su heredero, Iván Cepeda. El peligro es inmenso. Y no se puede tomar a la ligera.
Gustavo Petro, exguerrillero del grupo terrorista M-19, llegó al poder con el apoyo de mafiosos, bandas criminales y narcotraficantes. Esto no es una opinión. Su propio hijo lo reveló. El Gobierno de Petro ha sido absolutamente laxo ante el crimen organizado y, durante su administración, los grupos delictivos se han fortalecido y ha aumentado el cultivo de la cocaína.
Su heredero, Iván Cepeda, es el candidato tanto de la guerrilla como de las bandas criminales a la Presidencia. Su trayectoria política ha estado marcada por alianzas con grupos como las FARC o el ELN.
Para esos grupos, la llegada de alguien como Abelardo de la Espriella al poder significa el fin de su reinado. De la Espriella hizo su campaña en torno a la promesa de justicia, orden y mano dura. Una de sus propuestas de campaña más afamadas es la construcción de diez megacárceles al estilo de Bukele. Y su retórica también emula a la del líder salvadoreño: los derechos humanos de los victimarios están por debajo de los de las víctimas.
Entonces, podemos esperar de Petro, su candidato, y de la órbita criminal que los rodea que se aferren con fuego al poder. Al final, para ellos es existencial. Por eso, harán todo lo que esté a su disposición, incluso si eso implica incendiar el país antes de dejar a De la Espriella gobernar.
Hace cuatro años muchos alertamos de la amenaza a la democracia que significaría un gobierno de Petro. No exageramos. Hoy Petro ensombra a Colombia con el riesgo latente del autoritarismo. Está en el horizonte y exige de todos un compromiso: no podemos dejar solos a los colombianos. Colombia es un país muy importante en el continente. Con una economía poderosa y con grupos criminales con amplio margen de influencia. Si Colombia continúa en manos del narcoterrorismo, ahora bajo la tutela de un ortodoxo comunista mucho más disciplinado como Iván Cepeda, el futuro para la región será oscuro. No se puede permitir.