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ANÁLISIS 

En el tablero global: China, cercada por Washington en Venezuela, Cuba e Irán

El gigante asiático ha sufrido pérdidas concretas —energéticas, diplomáticas y estratégicas— y se enfrenta a un entorno geopolítico cada vez más desafiante.

Un hombre sostiene una bandera china sobre un barco

Un hombre sostiene una bandera china sobre un barcoAFP

Diane Hernández
Publicado por

Desde Caracas hasta La Habana, pasando por Teherán, el pulso entre Estados Unidos y China ha dejado de manifestarse solo en aranceles o guerra tecnológica. Hoy es una competencia de poder territorial, energético y estratégico, donde las recientes acciones de Washington han socavado pilares clave de la política exterior de Pekín.

Este reportaje examina —con datos, fuentes y análisis— qué ha perdido China en América Latina y Oriente Medio, qué riesgos enfrenta, y cómo el modelo de expansión de Pekín se encuentra bajo presión en varios frentes simultáneos.

Venezuela: el golpe simbólico y estratégico

El 3 de enero de 2026 marcó un punto de inflexión. Una operación militar estadounidense terminó con la detención de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en una acción que Washington calificó de "neutralización de amenazas a la seguridad hemisférica". Para China, la escena fue, como la describen diplomáticos en Pekín, un "revés doloroso" frente a un emisario de alto rango del presidente Xi Jinping que se encontraba en Caracas.

La relación entre China y Venezuela no era menor. Durante más de dos décadas, Caracas fue uno de los aliados más estrechos de Pekín en la región, cimentado en préstamos multimillonarios a cambio de petróleo. Varios analistas económicos aseguran que China financió proyectos petroleros y de infraestructura por decenas de miles de millones de dólares desde 1999, y para 2025 Caracas le debía a Pekín cerca de 60.000 millones de dólares en acuerdos petroleros incumplidos. 

China llegó a comprar casi la totalidad del crudo que Venezuela aún producía —petróleo pesado que requiere procesos complejos de refinación— y aunque ese volumen representaba una fracción modesta de las importaciones energéticas chinas, su importancia era estratégica y diplomática.

Tras la captura de Maduro, Pekín reaccionó con dureza diplomática. El gobierno chino declaró que la operación constituía "una violación clara del derecho internacional" y exigió la liberación de Maduro. Sin embargo, a diferencia de confrontaciones anteriores con Washington, esta vez China evitó escalar militar o materialmente. Para algunos analistas, Pekín optó por preservar la estabilidad —y las negociaciones comerciales con EE UU— en lugar de profundizar la crisis.

Cuba: ¿el fin de la base china en el Caribe?

Mientras Venezuela representaba un socio político y energético, Cuba se perfilaba como un punto geoestratégico para la proyección china en el hemisferio occidental.

Recientes informes desclasificados por la Inteligencia estadounidense revelaron que China había operado instalaciones de recolección de señales (SIGINT) en Cuba desde al menos 2019, aprovechando la proximidad de la isla a instalaciones militares estadounidenses en el sur de Florida.

Según un análisis publicado por el CSIS en diciembre de 2024:

  • La histórica estación de escucha de Lourdes —creada en la era soviética— fue reutilizada por China.
  • Otras instalaciones, como Calabazar y Wajay, así como una nueva estación en El Salao, fueron identificadas como parte de una red de inteligencia.
  • El objetivo principal era vigilar comunicaciones y actividades militares estadounidenses en el sureste de EEUU. 

A principios de 2026, Washington, preocupado por esta presencia y por la influencia del régimen de La Habana en otros países de la región, incrementó sanciones económicas a Cuba y desplegó patrullas navales que dificultaron el suministro de combustible a la isla. La crisis energética resultante provocó apagones generalizados en la nación caribeña en varias ocasiones durante 2026, y agudizó una crisis sistémica -resultado de más de 67 años de comunismo- que ya vivía el país. 

Irán: el muro logístico que Trump quiso derribar

Mientras América Latina era un frente geopolítico, Oriente Medio representaba otra arteria crítica para la estrategia china: conectar Asia con Europa evitando rutas marítimas dominadas por Estados Unidos.

En 2021, Pekín y Teherán firmaron un acuerdo estratégico a 25 años por un valor de 400.000 millones de dólares, que abarcaba energía, infraestructuras y corredores logísticos. Para China, Irán no era solo un proveedor de petróleo —estimaciones de TankerTrackers sugieren que llegó a suministrar hasta un 20% del crudo consumido por China, frecuentemente lavado en puertos del sudeste asiático para eludir sanciones— sino el corazón terrestre de una variante de la Nueva Ruta de la Seda que conectara Eurasia sin pasar por el estrecho de Malaca.

Sin embargo, una serie de ataques a infraestructura crítica —incluido un incendio en un depósito petrolero en Shahran el 8 de marzo de 2026— dañaron nodos logísticos clave, complicando la exportación de energía iraní hacia Asia.

Para Washington, la presión militar y diplomática buscaba precisamente esto: romper esa alianza logística que podría dar a China una ventaja estratégica en la conectividad euroasiática.

El impacto acumulado en Pekín

  • Energía y economía
​Aunque China ha diversificado sus fuentes, las pérdidas o interrupciones de suministros preferenciales de Venezuela e Irán representan un aumento sostenido de los costos energéticos y una mayor dependencia de mercados más caros y competitivos.

  • ​Red de influencia internacional debilitada
​En América Latina, países como Brasil continúan siendo socios importantes, pero gobiernos de Argentina, Paraguay, Ecuador y otros están reorientándose hacia Washington, debilitando el "espacio de influencia" que Pekín había consolidado durante dos décadas.

  • ​Prestigio estratégico bajo escrutinio
​La captura de Maduro frente a un emisario de alto rango simbolizó, para Beijing, una humillación diplomática de alto perfil, perceptible incluso entre círculos internos de política china.

  • ​Riesgo reputacional en alianzas periféricas
​El caso de Cuba ilustra que incluso instalaciones de inteligencia de largo plazo pueden quedar al descubierto y perder utilidad ante una determinación estratégica de Washington.

Reacciones oficiales y proyecciones

China ha condenado vigorosamente las acciones estadounidenses en todos estos frentes, invocando el derecho internacional y acusando a Washington de hegemonismo y unilateralismo. Sin embargo, por ahora Pekín ha evitado una escalada militar directa, optando por estrategias más discretas: fortalecer relaciones con socios alternativos, impulsar el comercio bilateral y enfatizar foros multilaterales como BRICS y la ONU para contrarrestar la narrativa occidental.

Analistas señalan que el objetivo de China es preservar la estabilidad económica y evitar un choque directo que pueda perjudicar su crecimiento doméstico. Según Frank A. Rose, exsecretario de Estado adjunto para Control de Armas y Seguridad Internacional, "China está buscando equilibrar su respuesta; quiere proteger sus intereses sin entrar en confrontaciones que puedan debilitar su economía exportadora y su estabilidad interna".

El ascenso de China ya no está asegurado

El enfrentamiento entre Washington y Pekín ya no es solo un duelo comercial o tecnológico. Se ha transformado en una competencia estratégica de larga distancia que utiliza territorios, recursos energéticos y redes de aliados.

China ha sufrido pérdidas concretas —energéticas, diplomáticas y estratégicas— y se enfrenta a un entorno geopolítico cada vez más desafiante. El impacto acumulado de la intervención estadounidense en Venezuela, la presión en Cuba y los ataques a infraestructura en Irán ejemplifican un cambio de era: el ascenso de China ya no está asegurado, y su modelo de expansión está siendo puesto a prueba simultáneamente en varios frentes críticos del mapa mundial.

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