ANÁLISIS
La conservadora Sanae Takaichi, primera mujer en gobernar Japón
La política de 64 años, conocida admiradora de Margaret Thatcher y por su línea dura frente a China, será la quinta persona en liderar el país asiático en otros tantos años. Frente a ella emergen grandes retos, que deberá asumir con un Gobierno en minoría.

Sanae Takaichi se levanta tras ser nombrada primera ministra por el Parlamento japonés
Las dificultades del partido gobernante en Japón en los últimos años han convertido a la dirigente conservadora Sanae Takaichi en la primera mujer que llevará las riendas de Japón. Takaichi consigue alcanzar el poder tras forjar un acuerdo de coalición de última hora.
La política de 64 años, conocida admiradora de Margaret Thatcher y por su línea dura frente a China, será la quinta persona en liderar el país asiático en otros tantos años. Frente a ella emergen grandes retos, que deberá asumir con un Gobierno en minoría. Entre sus primeros desafíos se incluye la inminente visita de Donald Trump a Tokio.
A pesar de que era la candidata más sólida tras convertirse en líder del Partido Liberal Democrático (PLD), que ha gobernado Japón de forma casi ininterrumpida durante décadas, Takaichi debía superar la pérdida de su socio de Gobierno, Komeito, que discrepa con sus posturas conservadoras y un escándalo de financiamiento irregular del PLD que ha hecho caer en picado la popularidad de su partido.
Un fulgurante acuerdo de coalición para ser investida
Sin embargo, Takaichi no se quedó de brazos cruzados tras alcanzar el liderazgo del PLD el pasado 4 de octubre y se lanzó a formar una alianza con el Partido Innovación de Japón (PIJ). Un acuerdo que fue finalmente firmado el lunes. El nombramiento de Takaichi se produjo tras ganar inesperadamente la mayoría requerida en la primera vuelta de las votaciones parlamentarias.
La dirigente conservadora, que en juventud fue batería de una banda de heavy metal, se comprometió a "fortalecer la economía japonesa y reorganizar a Japón como un país que puede ser responsable con las generaciones futuras", según recoge AFP.
Un gabinete con un "nivel nórdico de mujeres"
Takaichi ha prometido un gabinete con un nivel "nórdico" de mujeres, frente a las dos que había bajo el mandato del primer ministro saliente, Shigeru Ishiba. Entre ellas, AFP apunta a la conservadora Satsuki Katayama, encargada de las finanzas, y la japonesa-estadounidense Kimi Onoda, como ministra de Seguridad Económica.
Takaichi también ha dicho que espera crear conciencia sobre los problemas de salud femeninos y ha hablado abiertamente sobre su propia experiencia con la menopausia. Sin embargo, se opone a la revisión de una ley del siglo XIX que obliga a las parejas casadas a compartir el mismo apellido y quiere que la familia imperial mantenga la sucesión exclusivamente masculina.
Sus grandes desafíos: Trump, caída de la población, una economía estancada y China
Entre los otros retos que esperan a Takaichi están los detalles del acuerdo comercial entre Washington y Tokio, que siguen sin resolverse. En medio de su guerra arancelaria, Trump quiere que Japón deje de importar energía rusa y aumente el gasto en defensa.
La nueva primera ministra también deberá lidiar con el descenso de la población japonesa e inyectar algo de dinamismo a una economía estancada. Al ser minoritaria en ambas cámaras del Parlamento, su flamante coalición necesitará el apoyo de otros partidos para sacar adelante la agenda legislativa.
En el pasado, Takaichi ha respaldado una agresiva flexibilización monetaria y el aumento del gasto público, haciéndose eco de su mentor, el ex primer ministro Shinzo Abe. A pesar de haber dado marcha atrás en esas propuestas en la contienda por el liderazgo del PLD, su victoria impulsó las acciones japonesas a máximos históricos.
Sobre China, ha declarado que el gigante asiático "menosprecia completamente a Japón" y que Tokio debe "abordar la amenaza a la seguridad" que representa Pekín. Sin embargo, ha suavizado su retórica en los últimos tiempos para aspirar a su puesto. Por ejemplo, la semana pasada no asistió a una ceremonia en el santuario de Yasukuni —al que solía acudir habitualmente— en honor a los caídos en las guerras de Japón, un símbolo para los países vecinos del pasado imperialista nipón.