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La masacre de Múnich: a 53 años de una tragedia que marcó la historia

Mientras los Juegos Olímpicos siguen siendo un símbolo de esperanza y unidad, este horrible evento permanece como un recordatorio de que la paz es un objetivo que requiere esfuerzo constante, y para ello también es necesario prepararse para la guerra contra el mal.

Vehículos blindados de Alemania Occidental entran en la Villa Olímpica durante la masacre de Múnich

Vehículos blindados de Alemania Occidental entran en la Villa Olímpica durante la masacre de MúnichEverett / Cordon Press.

Leandro Fleischer
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Entre el 5 y 6 de septiembre de 1972, el mundo entero se paralizó ante uno de los episodios más oscuros en la historia de los Juegos Olímpicos. Ese día, en Múnich, Alemania, un comando del grupo terrorista palestino Septiembre Negro irrumpió en la Villa Olímpica, tomando como rehenes a 11 atletas israelíes. Lo que comenzó como un intento de negociación política terminó en una masacre que dejó un saldo de 17 muertos, incluyendo a los 11 deportistas, cinco terroristas y un policía alemán. Hoy, a 53 años de aquellos hechos, recordamos no solo la tragedia, sino también sus implicancias históricas, políticas y humanas.

El contexto

Los Juegos Olímpicos de Múnich 1972 fueron concebidos como una oportunidad para que Alemania proyectara una imagen de reconciliación y modernidad tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Bajo el lema “los Juegos de la paz”, el evento buscaba mostrar al mundo una nación renovada. Sin embargo, el contexto global estaba lejos de ser pacífico. La Guerra Fría dividía al mundo en bloques, y el conflicto árabe-israelí, exacerbado tras la Guerra de los Seis Días en 1967, alimentaba tensiones en Medio Oriente.

El grupo Septiembre Negro, una facción radical de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), buscaba visibilizar su causa a través de un acto de alto impacto. Su objetivo era claro: tomar rehenes para exigir la liberación de 234 terroristas palestinos en cárceles israelíes y de dos miembros de la Facción del Ejército Rojo alemán.

El ataque

A las 4:30 de la mañana del 5 de septiembre, ocho terroristas armados escalaron las vallas de la Villa Olímpica, que carecía de una seguridad robusta, reflejo del espíritu abierto que los organizadores querían transmitir. Ingresaron al edificio donde se alojaba la delegación israelí, en el número 31 de la calle Connolly. En el asalto inicial, dos atletas, Moshe Weinberg y Yossef Romano, intentaron resistir y fueron asesinados. Los otros nueve fueron tomados como rehenes.

El mundo, que seguía los Juegos a través de transmisiones televisivas, quedó atónito. Las imágenes de los terroristas encapuchados en los balcones y las negociaciones tensas con las autoridades alemanas se convirtieron en un espectáculo global en tiempo real. Alemania, aún marcada por su pasado nazi, enfrentaba un dilema: no quería recurrir a la fuerza militar, pero la presión para resolver la crisis crecía.

El desenlace

Tras horas de negociaciones infructuosas, los terroristas exigieron un avión para trasladarse a Egipto junto con los rehenes. Las autoridades alemanas simularon aceptar, pero planearon un rescate en el aeropuerto militar de Fürstenfeldbruck. Sin embargo, el operativo, que empezó a la noche del 5 de septiembre y finalizó durante las primeras horas del día siguiente. fue un desastre. La Policía alemana, sin experiencia en operaciones antiterroristas, subestimó la cantidad de atacantes y carecía de equipos especializados. No había francotiradores entrenados, y la comunicación entre las unidades era deficiente.

En la pista del aeropuerto, la situación se descontroló. Los terroristas descubrieron la emboscada y abrieron fuego. En el caos, los nueve rehenes restantes fueron asesinados, algunos con granadas arrojadas dentro del helicóptero donde estaban retenidos. Cinco de los ocho terroristas murieron en el tiroteo, junto con un policía alemán. Los tres sobrevivientes fueron capturados, pero liberados semanas después tras el secuestro de un avión de Lufthansa, un hecho que generó aún más críticas a la gestión de la crisis.

Las consecuencias

La masacre de Múnich conmocionó al mundo y marcó un antes y un después en varios aspectos:

Seguridad en eventos internacionales: los Juegos Olímpicos nunca volvieron a ser los mismos. A partir de 1972, la seguridad se convirtió en una prioridad absoluta, con medidas que hoy incluyen tecnología avanzada, inteligencia y fuerzas especiales.

Conflicto árabe-israelí: el ataque intensificó las tensiones entre Israel y los terroristas palestinos. El Estado judío lanzó la Operación Cólera de Dios, una serie de asesinatos selectivos contra miembros de Septiembre Negro, inmortalizada en la película Múnich de Steven Spielberg.

Creación de unidades antiterroristas: Alemania creó el GSG 9, una unidad de élite para enfrentar amenazas similares, mientras que otros países desarrollaron sus propias fuerzas especiales.

Legado en los Juegos: los Juegos de Múnich continuaron tras una breve suspensión, pero la atmósfera festiva se desvaneció. La tragedia dejó una sombra sobre el evento y sobre el ideal olímpico de unidad.

Recordando a las víctimas

Los 11 atletas israelíes asesinados fueron: Moshe Weinberg, Yossef Romano, Ze’ev Friedman, David Berger, Yakov Springer, Eliezer Halfin, Yossef Gutfreund, Kehat Shorr, Mark Slavin, Andre Spitzer y Amitzur Shapira. Sus nombres resuenan como un recordatorio de que el terrorismo islámico puede atacar en cualquier lugar y en cualquier momento.

En los últimos 53 años, el Comité Olímpico Internacional (COI) ha enfrentado críticas por no conmemorar adecuadamente a las víctimas durante décadas. En los Juegos de Tokio 2020, por primera vez, se incluyó un momento de silencio oficial en la ceremonia inaugural, un gesto que muchos consideraron tardío pero significativo.

Reflexión a 53 años

Hoy, 6 de septiembre de 2025, al cumplirse 53 años de la masacre, el mundo recuerda no solo el horror de aquel día, sino también las lecciones que dejó.

Mientras los Juegos Olímpicos siguen siendo un símbolo de esperanza y unidad, la masacre de Múnich permanece como un recordatorio de que la paz es un objetivo que requiere esfuerzo constante, y para ello también es necesario prepararse para la guerra contra el mal, tal como la está librando el Estado de Israel en este momento. 

En este aniversario, rendimos homenaje a los caídos y renovamos el compromiso de aprender de la historia para construir un futuro libre de fanatismo, ergo con más libertad.

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