ANÁLISIS
Crisis de liquidez en Chile: la polémica por la "caja fiscal" que dejó el Gobierno izquierdista de Boric
De acuerdo con cifras oficiales de la Dirección de Presupuestos (Dipres), la liquidez del Tesoro al 31 de diciembre de 2025 se situaba entre 40 y 46 millones de dólares, un nivel excepcionalmente bajo en comparación con los estándares históricos del país.

El expresidente chileno Gabriel Boric (Archivo)
La situación de las finanzas públicas en Chile abrió un intenso debate político y económico tras el cambio de Gobierno. El nuevo ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, advirtió que la Administración saliente de Gabriel Boric dejó al Tesoro Público con un nivel de liquidez "extraordinariamente bajo", lo que ha sido refutado por el exministro Nicolás Grau y ha generado controversia entre economistas.
Una caja fiscal en mínimos históricos
De acuerdo con cifras oficiales de la Dirección de Presupuestos (Dipres), la liquidez del Tesoro al 31 de diciembre de 2025 se situaba entre 40 y 46 millones de dólares, un nivel excepcionalmente bajo en comparación con los estándares históricos del país. El propio Quiroz subrayó que lo habitual es que los gobiernos cierren sus periodos con entre 3.000 y 4.000 millones disponibles.
La comparación con administraciones anteriores refuerza esa idea. Al término del segundo mandato de Michelle Bachelet, en 2017, la caja fiscal superaba los 3.200 millones de dólares, mientras que el segundo gobierno de Sebastián Piñera dejó más de 4.000 millones en 2021. Frente a esos antecedentes, el nivel registrado a fines de 2025 marca un quiebre significativo en la posición de liquidez del Estado.
La respuesta de Grau: otra lectura de los datos
Sin embargo, diversos economistas coinciden en que esa comparación no refleja correctamente la situación heredada. El punto clave es que la medición relevante corresponde al cierre de diciembre, ya que en enero comienza a regir un nuevo presupuesto fiscal. En ese contexto, ingresan recursos frescos al Tesoro, tanto por recaudación tributaria como por colocaciones de deuda, lo que eleva transitoriamente la liquidez.
El diagnóstico técnico: ingresos sobreestimados
Más allá de la discusión puntual sobre las cifras, el problema de fondo ha sido advertido por el Consejo Fiscal Autónomo (CFA), organismo independiente encargado de monitorear la sostenibilidad de las finanzas públicas.
Según sus informes, el deterioro fiscal de los últimos años responde principalmente a una sobreestimación de los ingresos en la formulación del presupuesto. En términos simples, el Estado proyectó recaudar más de lo que finalmente ingresó. Dado que gran parte del gasto público corresponde a compromisos que no pueden postergarse —como sueldos, programas sociales o pagos a proveedores—, el desfase obligó a utilizar la liquidez disponible para cumplir con esas obligaciones.
Este proceso fue erosionando progresivamente la caja fiscal, reduciendo el margen de maniobra del Estado.
Déficit y deuda: el contexto fiscal
Las cifras de 2025 reflejan ese desequilibrio. El déficit fiscal efectivo alcanzó el 2,8% del PIB, equivalente a unos 9.500 millones, mientras que el déficit estructural —indicador clave para la regla fiscal chilena— se ubicó entre el 3,5% y el 3,6% del producto, superando ampliamente las metas oficiales.
En paralelo, la deuda pública del Gobierno Central superó el 40% del PIB, alcanzando niveles no vistos en décadas recientes. Si bien Chile aún cuenta con activos en fondos soberanos, como el Fondo de Estabilidad Económica y Social (FEES), estos no sustituyen la liquidez inmediata necesaria para la operación diaria del Estado.
¿Por qué importa la caja fiscal?
Contar con una liquidez tan reducida implica, en primer lugar, una menor capacidad de reacción ante eventos imprevistos, como crisis económicas o desastres naturales. En segundo término, aumenta la vulnerabilidad financiera del país, al obligar a depender con mayor frecuencia del endeudamiento o de condiciones de mercado que pueden volverse adversas. Finalmente, también genera tensiones operativas en la gestión del Tesoro, que debe coordinar con mayor precisión los flujos de caja para evitar incumplimientos.
El arranque del nuevo gobierno
En este escenario, el presidente José Antonio Kast inicia su mandato enfrentando un contexto desafiante, marcado por bajo crecimiento económico, presión sobre el gasto público y un deterioro gradual de las cuentas fiscales.
El ministro Quiroz ha planteado la necesidad de recuperar espacio fiscal mediante ajustes en el gasto, reordenamiento presupuestario y medidas orientadas a impulsar la inversión. La estrechez de la caja fiscal se ha convertido así en uno de los primeros símbolos del estado de las finanzas públicas con que comienza la nueva administración.
Lo previsible es que cualquier intento ahora de ajuste o disciplina fiscal sea rápidamente etiquetado como "austeridad" por los mismos sectores que impulsaron un gasto creciente en años de bonanza relativa. La discusión, más que técnica, volverá a ser ideológica.
Más allá de la polémica
El patrón no es nuevo. Parte de la izquierda chilena ha insistido en una receta conocida: elevar la carga tributaria —especialmente sobre sectores estratégicos como la minería—, expandir el gasto público con optimismo excesivo sobre los ingresos futuros y postergar los costos hacia adelante. El resultado es un Estado más exigido y una economía con menor capacidad de respuesta.
Así, Kast no recibe una economía en crisis terminal, pero sí una economía desgastada, con menos holguras y más riesgos acumulados.