ANÁLISIS
El día que Infantino prometió "restaurar" la imagen de la FIFA
Su fallido plan de vender el Mundial y el Mundial de Clubes a entidades privadas no ha hecho más que volver a dañar a un organismo que buscó reparar tras el FIFAGate.

Montaje de Gianni Infantino
En pocos días ha pasado de recibir felicitaciones por ver cómo su gran proyecto concluyera con cierto éxito a ser el objetivo número uno de una gran parte del planeta fútbol por un plan que había diseñado a escondidas y sin contar con el beneplácito de aquellos que han de dárselo. Gianni Infantino se encuentra entre la espada y la pared después de haber intentado vender una porción de los derechos comerciales del Mundial —tanto el masculino como el femenino— y del Mundial de Clubes a entidades privadas que nada tienen que ver con el fútbol. Tanto que actores principales del deporte han llegado a acusar al, por ahora, presidente de la FIFA de haber cometido chantaje y soborno para ejecutar sus proyectos y de calificarle como un "sinvergüenza" que ha adoptado un comportamiento "engañoso y cobardemente egoísta", pensando únicamente en su beneficio personal.
Esa última afirmación, la de haber tenido un comportamiento "engañoso" —tal y como dijo el exfutbolista portugués Luis Figo—, no cuadra con las primeras palabras que pronunció Infantino nada más convertirse en el mandamás del órgano rector del planeta fútbol. Unas declaraciones hechas hace ya más de una década y que no corresponden en absoluto a lo que hace unos días pretendió hacer.
"Vamos a restaurar la imagen de la FIFA"
El 26 de febrero de 2016, tras la celebración de una asamblea extraordinaria en Zúrich (Suiza), Infantino fue designado como nuevo presidente de la FIFA, sucediendo a Joseph Blatter y heredando una situación crítica en el organismo debido al mayor caso de corrupción visto dentro del mismo: el denominado FIFAGate. Su primer objetivo era "restaurar" la imagen de una institución de tanto prestigio como la FIFA que estaba totalmente fracturada y manchada.
"Vamos a restaurar la imagen de la FIFA", dijo Infantino aquel día, minutos después de ser elegido presidente, en declaraciones recogidas por AFP. "Tenemos que sentirnos orgullosos de la FIFA, orgullosos de lo que haremos todos juntos. Me faltan las palabras para manifestar mis emociones. Les dije que había emprendido un viaje, un viaje extraordinario que me permitió encontrar a mucha gente extraordinaria, que ama el fútbol, que respira el fútbol. Mucha gente que se merece que la FIFA sea una organización respetable. La FIFA ha atravesado momentos difíciles de crisis, pero con esto le ponemos punto final. Hemos aprobado reformas de buen gobierno y transparencia. Vamos a conquistar el respeto con trabajo y dedicación".
Asimismo, Infantino realizó una promesa que, más de diez años después, todos los críticos le han recordado y reprochado por haber hecho todo lo contrario: "Vamos llevar el fútbol a la FIFA y la FIFA al fútbol".
Rebelión del fútbol y marcha atrás al proyecto
Diez años después de aquellas declaraciones, vistas cuales eran las intenciones de Infantino, es posible decir que el presidente de la FIFA ha hecho todo lo contrario. En vez de respetar el estatus de la institución y la jerarquía dentro del planeta fútbol, ha antepuesto sus intereses personales, viendo que tan siquiera informó a las confederaciones que integran la FIFA antes de que se divulgasen sus intenciones y habiendo trabajado en ello a escondidas.
Esto provocó una rebelión en el fútbol. Organismos y personalidades reconocidas fueron tajantes con la decisión que habría tomado unilateralmente Infantino, incluso mediante órdagos como el lanzado por la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA) que aseguró que ninguna de sus 55 confederaciones nacionales volvería a participar en un torneo organizado por la FIFA si el proyecto de Infantino salía adelante.
Debido al aluvión de opiniones en su contra, Infantino decidió dar marcha atrás y descartar por completo su plan de privatizar el Mundial y el Mundial de Clubes. Toda esta historia no ha hecho más que dejar la imagen de la FIFA nuevamente dañada, a expensas de los intereses de una única persona. De su presidente.