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Mundial de Clubes: Boca cae eliminado y no pasa del empate ante el orgulloso y modesto Auckland City

El equipo semiprofesional neozelandés escribió una de las grandes historias del torneo al sumar un punto contra el equipo más histórico de Argentina.

El defensor Christian Gray, un profesor de 28 años, celebra su gol ante Boca Juniors

El defensor Christian Gray, un profesor de 28 años, celebra su gol ante Boca JuniorsAFP

Víctor Mendoza
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Con un empate sufrido 1-1 ante el Auckland City, un modesto equipo semiprofesional de Nueva Zelanda, Boca Juniors se despidió del Mundial de Clubes en una tarde gris, sombría y amarga en Nashville. Contra todo pronóstico, los xeneizes fueron testigos de la celebración de un combativo equipo neozelandés repleto de futbolistas semiprofesionales, que escribieron una página dorada del torneo al lograr un punto contra el equipo más histórico y popular de Argentina. 

El resultado para Boca fue tan triste como el desarrollo del compromiso: una suspensión de cincuenta minutos debido a una alerta de "tormenta severa" provocó que los hombres de Miguel Ángel Russo disputaran buena parte del segundo tiempo sabiendo que no tenían la menor chance de continuar en el renovado torneo de la FIFA.

A su regreso al campo del Geodis Park, el Benfica de Portugal ya se había asegurado la única plaza disponible del Grupo C para la siguiente ronda.

'Las Águilas' de Ángel Di María y Nicolás Otamendi vencieron 1-0 al Bayern de Múnich, ya clasificado, y se quedaron con la punta de la zona en un juego que comenzó en simultáneo en Charlotte.

Los rostros de los bosteros, terceros con dos unidades, y primer club sudamericano en bajarse del barco mundialista, no pudieron disimular el abatimiento causado por la noticia llegada desde la urbe más poblada de Carolina del Norte.

Y todavía menos por sufrir lo inesperado ante el colista (1) y previamente eliminado cuadro oceánico, cuyos valientes jugadores son estudiantes, profesores o agentes inmobiliarios.

Pocos dientes

El Auckland City aterrizó en Nashville, la ciudad del country, habiendo encajado 16 goles en sus dolorosas derrotas ante el Bayern (10-0) y el Benfica (6-0).

Sin haber marcado en suelo estadounidense, los neozelandeses dieron una muestra de coraje y amor propio contra un gigante de Sudamérica, cuyo ataque fue prácticamente estéril a pesar de contar nuevamente con Edinson Cavani, quien atraviesa un momento más que difícil en Boca.

El Matador uruguayo, ausente por lesión en los juegos contra portugueses (2-2) y alemanes (derrota 2-1), pasó desapercibido en un Boca que no tuvo una capacidad ofensiva acorde con el reto casi imposible de clasificar.

Para avanzar a la fase de los 16 mejores, los azul y oro precisaban golear y que el Bayern detuviera, también por un marcador abultado, al Benfica. Pero no ocurrió ni lo uno ni lo otro.

La eliminación supone el primer gran golpe de Russo, de 69 años, en su regreso a Boca Juniors, que ha tenido un primer semestre para el olvido.

En los juegos previos, Boca dejó una imagen combativa, coloreada por las múltiples fiestas que organizaron sus hinchas en suelo estadounidense. Pero en Nashville hubo muy poco de combate y brillantez.

"Tuvimos el bajón porque cuando volvimos a jugar ya estaba todo definido", dijo Russo a DAZN. "La imagen del último partido no es buena".

Profesor goleador

La exhibición ofensiva del equipo 'xeneize' fue tan pobre que se fue en ventaja gracias a un autogol del portero de Auckland, Nathan Garrow (26), luego de que un cabezazo de Lautaro Di Lollo se estrellara con el poste y golpeara su cuerpo.

Sus esperanzas, ya casi sepultadas, se terminaron de hundir cuando el central Christian Gray, un profesor de escuela de 28 años, empató en el 52 con un cabezazo en un córner.

"Ha sido un viaje duro. Hemos tenido algunos resultados difíciles, pero estoy feliz por el equipo y los chicos. Creo que nos lo merecemos", dijo Gray a DAZN.

Dos minutos después de la caída del baldado de agua gélida, el referí sueco Glenn Nyberg paralizó el partido por alerta de "tormenta severa" ante la llegada de nubarrones oscuros al Geodis Park.

¿Algo cambió al regreso, cincuenta minutos después? Caras amargas en Boca, concentración en Auckland, equipaje de regreso a casa para ambos.

Los de Russo, con pocas ideas en el mediocampo, abusaron de los centros y las pelotas cruzadas, pero los neozelandeses se defendieron con uñas y dientes.

¿Y al pitazo final? Festejo, como si hubieran clasificado, de los estudiantes, profesores o agentes inmobiliarios del combativo Auckland City.

"Somos un club pequeño con corazón grande, y eso es evidente", dijo el entrenador Paul Posa. "Creo que la gente de aquí no tiene ni idea de lo pequeños que somos ni de dónde venimos. Así que es simplemente genial".

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