El dragón chino acecha bajo el Pacífico
Los submarinos de propulsión nuclear de China, equipados con misiles con ojivas nucleares, pueden alcanzar ciudades estadounidenses y la cuenca del Pacífico.

Un nuevo submarino nuclear de clase Jin, tipo 094A, el "Long March 10", de la Armada de China
En una época en la que la inteligencia artificial está guiando drones en ataques mortíferos en Ucrania, sería comprensible centrarse exclusivamente en lo que eso significa ahora en el campo de batalla.
Esto sería un grave error.
Pocos en Occidente se han percatado de que China acaba de realizar un lanzamiento de prueba de un misil balístico intercontinental desde un submarino de propulsión nuclear, utilizando las aguas del Pacífico Sur como campo de pruebas.
Los chinos se apresuraron a anunciar que el misil llevaba una ojiva simulada, pero las implicaciones quedaron claras para cualquiera que sea consciente de la enorme amenaza estratégica que supone esta prueba de armas submarinas. El momento elegido también fue revelador: las autoridades navales informaron de que los chinos no habían realizado una prueba similar en décadas.
Según la prensa, la prueba tuvo lugar el mismo día en que China y Rusia realizaban maniobras navales conjuntas frente a la costa china. ¿Una coincidencia? No es probable.
El mensaje de China es claro. Disponen de los medios para navegar con submarinos de propulsión nuclear por cualquier punto del Pacífico, armados con misiles balísticos intercontinentales con ojivas nucleares que pueden alcanzar fácilmente ciudades estadounidenses o cualquier nación de la cuenca del Pacífico. Esta amenaza complica enormemente la tarea de la Armada de EEUU de localizar y destruir esos submarinos en caso de conflicto, ya que no hay nada más amenazante que un submarino sumergido a gran profundidad capaz de arrasar ciudades enteras tan solo 20 minutos después del lanzamiento de sus misiles.
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El presidente Donald Trump es plenamente consciente de la amenaza. En respuesta a la prueba china, el Departamento de Estado de EEUU emitió el siguiente comunicado:
"En un momento en el que Estados Unidos está trabajando más que nunca para prevenir la proliferación nuclear, China está haciendo lo contrario. La rápida y opaca acumulación de armas nucleares por parte de Pekín es motivo de gran preocupación para la región y para el mundo. Seguimos instando a China a que participe en debates significativos sobre el control de armamento y se comprometa a establecer un mecanismo de notificación regularizado para todos los misiles balísticos de alcance intercontinental y lanzamientos espaciales, en consonancia con los compromisos asumidos por el resto de miembros del P5 [miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU]".
Y para que no quedara ninguna duda sobre la determinación del presidente, el Departamento de Estado recordó: "Estados Unidos se mantiene firme en sus compromisos de defensa con sus aliados y socios".
Debemos prestar atención a la revolución que se está produciendo en la guerra convencional, ahora que los drones y la inteligencia artificial están causando estragos en Ucrania y en Oriente Medio, pero también debemos ser conscientes de las armas estratégicas que China está probando deliberadamente como un ominoso recordatorio de su intención de dominar el resto de este siglo —de una forma u otra—.