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Estados Unidos debe hacer frente a la influencia perniciosa de La Habana

Todo comienza con promesas de programas gratuitos, precios controlados por el Gobierno y el castigo a los supuestos ricos. Termina con escasez, colapso económico y un Gobierno lo suficientemente poderoso como para quitarles a los ciudadanos sus derechos, sus propiedades y sus medios de vida.

La cúpula del régimen cubano: Miguel Díaz-Canel y Raúl Castro

La cúpula del régimen cubano: Miguel Díaz-Canel y Raúl CastroAFP.

Hace seis años, mientras los estadounidenses respetuosos de la ley estaban confinados en sus hogares, radicales de izquierda organizaban disturbios y anarquía en todo el país. Las ciudades ardían, las estatuas caían, se agredía a personas y a la policía, y los funcionarios electos permitieron que el orden público se derrumbara.

Los elementos más radicales no buscaban reformar a Estados Unidos, sino desmantelar sus instituciones, borrar su historia y presentar a nuestra nación como fundamentalmente malvada. De lo que muchos estadounidenses no se daban cuenta era que el régimen comunista cubano, a 90 millas de nuestras costas, había pasado décadas cultivando lazos con movimientos revolucionarios estadounidenses.

El Departamento de Estado publicó recientemente un informe que rastrea la campaña de espionaje, subversión e influencia ideológica de La Habana contra Estados Unidos. Sostiene que la ideología revolucionaria de Cuba ayudó a moldear los movimientos radicales vinculados a los disturbios de 2020, y que ello debería impulsar una rendición de cuentas por los esfuerzos de La Habana por exportar el izquierdismo revolucionario.

El informe ofrece ejemplos concretos. Ana Belén Montes fue reclutada por la inteligencia cubana mientras era estudiante de posgrado en Johns Hopkins SAIS, antes de ascender hasta convertirse en la principal analista de Cuba de la Agencia de Inteligencia de la Defensa. Víctor Manuel Rocha sirvió en secreto a La Habana durante décadas mientras ocupaba altos cargos en el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional, y como embajador de Estados Unidos en Bolivia. El informe también describe el uso por parte de Cuba de intercambios universitarios y programas de viajes de activistas para identificar a estadounidenses afines, cultivar futuros líderes y alentar a los participantes a amplificar la propaganda de La Habana a través de las redes sociales y la organización política tras regresar a casa.

Para mí, este asunto es personal. Mi madre nació en Cuba y huyó de la dictadura de Castro en busca de libertad. Como muchos cubanoamericanos, crecí escuchando lo que sucede cuando un Gobierno promete igualdad pero entrega censura, represión, pobreza y miedo.

El socialismo es el comunismo light, como proclamó Vladímir Lenin, el primer líder de la Unión Soviética: "El socialismo es la primera etapa del comunismo". Comienza con promesas de programas gratuitos, precios controlados por el Gobierno y el castigo a los supuestos ricos. Termina con escasez, colapso económico y un Gobierno lo suficientemente poderoso como para quitarles a los ciudadanos sus derechos, sus propiedades y sus medios de vida.

Eso es lo que sucedió en Cuba y Venezuela. Millones huyeron porque Estados Unidos protege la libertad de expresión, la propiedad privada, la libre empresa y las oportunidades.

Sin embargo, varios autodenominados "socialistas democráticos" han ganado primarias congresionales y podrían entrar en el Congreso el año que viene, uniéndose a los miembros de extrema izquierda ya presentes en lo que debería llamarse el "Caucus Comunista". Rechazan la etiqueta comunista, pero abrazan las mismas ideas fracasadas: hostilidad hacia la empresa privada, desmantelamiento de las fuerzas del orden, controles de precios y programas ilimitados financiados por los contribuyentes, y abolición de los derechos de propiedad privada. Más recientemente, están redoblando su empeño por ampliar el Tribunal Supremo igual que hicieron Hugo Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, donde añadieron 12 jueces afines, lo que condujo a la destrucción del sistema legal y, posteriormente, del país más rico de Sudamérica.

Estas ideas no se propagan en el vacío. Son reforzadas por organizaciones que defienden o colaboran con el régimen cubano. The People’s Forum recibió al dictador Miguel Díaz-Canel en su sede de Nueva York y apoyó a la Brigada Venceremos, que lleva a activistas estadounidenses a Cuba. CODEPINK ha organizado delegaciones a la isla. The National Lawyers Guild abogó por los Cinco Cubanos, miembros de la Red Avispa de Cuba condenados por cargos que incluyen conspiración para cometer espionaje y actuar como agentes extranjeros no registrados.

La protesta legítima está protegida constitucionalmente. La preocupación de seguridad nacional surge cuando gobiernos hostiles financian, dirigen, coordinan o explotan organizaciones nacionales sin divulgación pública.

Estas redes también crean canales que otros adversarios de Estados Unidos pueden explotar. Cuba sirve de puente entre organizaciones afines y gobiernos, incluidos China, Rusia e Irán. Pekín y Moscú han buscado lazos de inteligencia, seguridad, militares y políticos con La Habana, mientras que Teherán se beneficia del papel de Cuba en una coalición antiestadounidense más amplia. El valor de Cuba radica menos en su fuerza que en su proximidad a Estados Unidos, sus servicios de inteligencia y sus redes regionales.

Miembros del Congreso también han ayudado a legitimar el régimen. En 2024, las representantes Pramila Jayapal e Ilhan Omar se reunieron con el opresivo presidente de Cuba, Díaz-Canel, para discutir los derechos humanos y pedir que se suavicen las restricciones, afirmando ridículamente que el embargo, y no el comunismo en sí, era el responsable de las precarias condiciones humanitarias en la isla.

Incluso después de que el presidente Trump tomara medidas este año para combatir las amenazas que el Gobierno de Cuba representa para Estados Unidos, miembros de izquierda del Congreso viajaron allí en solidaridad con la dictadura comunista en lugar de con nuestro propio país. En abril, Pramila Jayapal y Jonathan Jackson realizaron un viaje de cinco días para reunirse con Díaz-Canel y su ministro de Relaciones Exteriores y criticar las sanciones de Estados Unidos. El mes pasado, los representantes Mark Pocan, Teresa Leger Fernández, Maxine Dexter y Delia Ramírez también se reunieron con Díaz-Canel y condenaron la política de Cuba de la Administración Trump. Tales visitas corren el riesgo de legitimar una dictadura que ha hecho pasar hambre, torturado e incluso asesinado a sus propios ciudadanos, y son una bofetada en el rostro a los presos políticos, periodistas y disidentes que siguen siendo perseguidos.

El informe del Departamento de Estado es un primer paso importante, pero el Congreso y la Administración deberían hacer cumplir las sanciones, investigar las pruebas de dirección extranjera o de coordinación no revelada, exigir transparencia respecto al apoyo de gobiernos hostiles y reforzar las protecciones de contrainteligencia contra los servicios cubanos y aliados.

Quienes escaparon de Cuba y Venezuela no vinieron a Estados Unidos para recrear los sistemas de los que huyeron. La generación de mi madre escapó del comunismo en busca de libertad. Nuestra generación debe asegurarse de que esa ideología nunca adquiera el poder de desmantelar las libertades que disfrutamos aquí.

Nicole Malliotakis es una política estadounidense que se desempeña como representante de Estados Unidos por el 11.º distrito congresional de Nueva York. Su distrito abarca Staten Island y una porción del sur de Brooklyn.
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