Fidel Castro y los presos políticos: dos hechos exponen la debilidad del tutelaje de EEUU a Delcy Rodríguez
Una relación que no se basa en la coincidencia de valores, principios e intereses sino en la coacción corre el riesgo de desmoronarse de un momento a otro.

Delcy Rodríguez junto a los retratos de Chávez y Bolívar.
Delcy Rodríguez es elogiada cada tanto por el presidente Trump porque su sometimiento a Estados Unidos, tras la extracción de Maduro, la ha convertido en una colaboradora aparentemente eficiente.
Tanto para la limpieza institucional, como para avanzar los acuerdos petroleros, Rodríguez ha intentado perfilarse como indispensable para los planes que EEUU quiere para Venezuela. Por ahora, la postura de la Casa Blanca ante Venezuela es pragmática y pasa por apoyar a Delcy Rodríguez en su esfuerzo por avanzar los intereses de Estados Unidos. Sin embargo, la capacidad de cooperación de Delcy pudiera ser más superficial de lo que parece, además de que su propia naturaleza hace difícil cualquier acuerdo genuino.
En la última semana dos hechos importantes exponen la fragilidad de la cooperación de Delcy con la administración Trump. El primero lo reseñamos en Voz: al cumplirse cien años del nacimiento del dictador cubano Fidel Castro, Delcy Rodríguez compartió un mensaje en su cuenta de X homenajeándolo.
Rodríguez habló de Castro como un "líder íntegro" cuyo pensamiento "sigue vivo" en los pueblos latinoamericanos. Horas después, el secretario Marco Rubio, en lo que lucía como una indirecta a Delcy, se refirió a Fidel Castro como un dictador asesino y empobrecedor y alertó a los líderes regionales que contemplen tenerlo como referencia.
El otro hecho es el concerniente al anuncio de liberación de decenas de presos políticos por parte del régimen chavista, que fue además celebrado por el mismo Rubio.
En un comunicado, Delcy Rodríguez informó que 131 presos políticos iban a ser liberados el viernes pasado. El secretario Rubio saludó el gesto y reseñó la cantidad de presos políticos liberados.
Sin embargo, casi cuatro días después del anuncio ha salido poco más de la mitad de la cifra anunciada por el régimen de Rodríguez.
El primer hecho revela algo evidente pero que, amén del pragmatismo, parecía haberse olvidado: Delcy Rodríguez arrastra consigo una ortodoxa formación comunista. Es su naturaleza. Su padre, un guerrillero marxista, murió en custodia del Estado tras haber ejecutado contra un americano uno de los secuestros más dramáticos de la historia de Venezuela. Por su muerte, Delcy Rodríguez juró venganza contra Estados Unidos y contra todo lo que no fuera comunista.
Aunque trate de mercadearse como una líder tecnócrata y pragmática, la realidad es que Rodríguez encierra dentro de sí un espíritu profundamente dogmático. De allí su saludo a Fidel Castro aún en un contexto donde el gesto la acarrea un costo alto.
El segundo hecho expone la fragilidad del argumento utilitarista a favor de que EEUU trabaje con Delcy Rodríguez. La columna vertebral de ese argumento es que Rodríguez, al provenir de las entrañas del sistema chavista, le garantiza a EEUU un control rígido del sistema para poder cumplirle sus demandas. Sin embargo, ese control, al menos absoluto, no existe.
No han salido de sus calabozos los 131 presos anunciados porque su liberación no depende de una orden. Delcy Rodríguez no puede simplemente exigirle a sus funcionarios que cumplan su palabra, porque el régimen venezolano no funciona de manera jerárquica como un sistema autoritario convencional.
Cada preso tiene un dueño. Cada fiscal, cada juez, justifica su decisión, por más criminal que sea. Y, en ocasiones, la liberación de un preso implica destrabar toda una cadena de intereses muy poderosos, contra los que a veces a Delcy Rodríguez no le conviene atentar.
Ambos episodios deberían de ser tomados muy en cuenta por la administración Trump, porque son solo un asomo de las trabas que la dinámica de tutelaje va a seguir enfrentando en el futuro. En el fondo, una relación que no se basa en la coincidencia de valores, principios e intereses sino en la coacción corre el riesgo de desmoronarse de un momento a otro.
Entonces, Delcy Rodríguez, aunque funcione circunstancialmente, no puede ofrecer tranquilidad a largo plazo. Porque o sus debilidades o su naturaleza saldrán a relucir. Es inevitable.