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Por qué la energía de fusión es la respuesta al reto de la IA en EEUU

Ninguna de las soluciones propuestas para este problema —chips informáticos más eficientes, sistemas de refrigeración más inteligentes para los centros de datos, la construcción de reactores de fisión nuclear— resuelve la ecuación subyacente de la oferta y la demanda.

Una imagen con el logo de la IA Grok y de la red social X

Una imagen con el logo de la IA Grok y de la red social XAFP.

Estados Unidos se encuentra inmerso en una carrera armamentística en materia de inteligencia artificial con China, pero seguimos sin disponer de una tecnología fundamental necesaria para asegurar la victoria.

La IA exige un nivel de consumo eléctrico que ninguna otra tecnología en la historia ha requerido jamás. El entrenamiento de un solo modelo de IA puede consumir tanta energía como la que utilizan miles de hogares en un año, y los centros de datos que se están construyendo para ejecutar la IA a escala mundial se dimensionan en gigavatios, no en megavatios. Es asombroso.

Ninguna de las soluciones propuestas para este problema — chips informáticos más eficientes, sistemas de refrigeración más inteligentes para los centros de datos, construcción de reactores de fisión nuclear — resuelve la ecuación subyacente de la oferta y la demanda. Solo la energía de fusión ofrece una vía que reúne la escala y la seguridad necesarias para satisfacer el enorme consumo eléctrico de la IA.

Los paneles solares y las turbinas eólicas, por su propia naturaleza, generan electricidad de forma intermitente y no pueden proporcionar ni de lejos la cantidad de energía necesaria. Los centros de datos de IA necesitan un suministro eléctrico constante, las 24 horas del día, que no pueda esperar a que salga el sol o a que se levante el viento. El almacenamiento en baterías a la escala necesaria aún no existe y ni siquiera está cerca de ser una realidad. La fisión nuclear es la opción que más se acerca hoy en día, pero los grandes reactores tardan una década o más en obtener los permisos y construirse, suponen enormes costes de capital y generan residuos radiactivos. Las centrales nucleares existentes o bien no pueden satisfacer la demanda o bien necesitan una modernización a gran escala.

La fusión nuclear resuelve cada una de estas limitaciones de una forma que ninguna otra tecnología es capaz de igualar. Su combustible es, esencialmente, hidrógeno, del que disponemos en cantidades ilimitadas, al estar rodeados por dos grandes océanos. La fusión no produce residuos radiactivos de vida larga y no conlleva ninguno de los riesgos que hacen que los reactores de fisión sean políticamente problemáticos. Construir reactores de fusión cerca de los centros de datos que los necesitan evitaría los cuellos de botella en la transmisión que ya afectan a la red eléctrica estadounidense.

A medida que China redobla sus esfuerzos en materia de IA, con su capacidad para lograr avances enormes en ámbitos que van desde la defensa hasta la medicina, debemos invertir en una fuente de energía que permita a Estados Unidos no solo desarrollar lo que necesita, sino también ganar la competencia en materia de IA. No es una carrera que podamos permitirnos perder.

La fusión aún no está disponible comercialmente, pero podría estarlo si se destinaran fondos públicos y privados a alcanzar el objetivo estratégico de impulsar el futuro de Estados Unidos en el siglo XXI. No es de extrañar que Trump Media & Technology Group anunciara el año pasado una fusión por valor de $6.000 millones con la empresa dedicada a la fusión nuclear TAE Technologies, ya que sus directivos reconocen el camino que hay que seguir.

La realidad es que no tenemos alternativa a aprovechar la energía de fusión si queremos seguir siendo la superpotencia mundial fundada en los principios de la libertad y la democracia.

Lawrence Kadish, miembro del Consejo de Administración del Gatestone Institute.

© Gatestone Institute

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