Estados Unidos —y no China— es la superpotencia energética mundial
Estados Unidos superó una fase de declive y comenzó a aumentar su producción de petróleo en 2008, pero fue Trump quien se dio cuenta de la importancia de este hecho y se apresuró a alcanzar altos niveles de producción. No es casualidad que, a mediados de su primer mandato, Estados Unidos se convirtiera en el primer productor energético del mundo.

Refinería de petróleo en Los Ángeles
"China es ahora la gran potencia petrolera mundial," The Economist declaró el 9 de agosto.
Entonces, ¿qué importancia tiene esta afirmación? La potencia petrolera mundial es también la potencia energética mundial. La potencia energética mundial, a su vez, es una de las principales aspirantes a convertirse en la potencia dominante del mundo. "La energía es el pilar fundamental de la economía global", declaró Jonathan Bass, director ejecutivo de Argent LNG, a Gatestone.
China, el mayor importador mundial de crudo, ejerce una gran influencia sobre los mercados, pero, aun así, The Economist se equivoca.
La "gran potencia petrolera" son los Estados Unidos de América. EEUU ha sido el mayor productor de petróleo crudo durante ocho años consecutivos, desde 2018 hasta 2025.
Además, es casi seguro que EE. UU. conservará ese título de forma indefinida. El año pasado, EEUU produjo 13,6 millones de barriles de petróleo y condensado de yacimientos al día.
El país que ocupaba el segundo puesto ni siquiera se acercaba. Rusia produjo 9,9 millones de barriles al día, y, debido a los durísimos ataques de Ucrania contra las refinerías, es casi seguro que la producción rusa disminuirá este año. El mes pasado, la Agencia Internacional de la Energía rebajó su previsión para 2026 de la producción rusa a 8,9 millones de barriles al día y la de 2027 a 8,8 millones.
Por el contrario, se prevé que EEUU produzca 13,7 millones de barriles al día este año y 14,2 millones el año que viene.
¿Y en qué puesto se situaba China en la clasificación del año pasado? En sexto lugar, con 4,3 millones de barriles al día.
La otra mitad del dominio petrolero es la capacidad de refino. The Economist califica a China como el segundo mayor refinador de petróleo del mundo, lo que, por implicación, significa que dicha publicación considera que EEUU es el mayor.
Sin embargo, muchas clasificaciones otorgan a China una ligera ventaja sobre EEUU en cuanto a capacidad de refino.
A la luz de todo esto, ¿por qué proclamó The Economist a China como la potencia petrolera dominante del mundo? Por su capacidad para influir en los precios. La publicación señala que los precios del petróleo no subieron tanto como temían los analistas durante la guerra de Irán de este año porque Pekín fue capaz tanto de reducir la demanda dentro de China como de recurrir a su reserva de petróleo, que se cree que es la mayor del mundo.
"La guerra de Irán ha demostrado que, en la práctica, China puede estabilizar por sí sola el mercado mundial del petróleo durante un período de muchos meses", escribió The Economist. "Los líderes del cada vez más dividido cártel petrolero solo pueden soñar con hacer lo mismo". Los compradores, a diferencia de los productores, no pueden formar un grupo similar a la OPEP, pero, según la revista, "los planificadores centrales de China pueden actuar de forma unilateral siguiendo las órdenes de un solo hombre, el presidente Xi Jinping".
Como resultado, un directivo del sector petrolero, en declaraciones a The Economist, calificó a China como "la nueva OPEP".
Al parecer, hubo otros factores que redujeron la demanda china, como una economía en declive. La economía china no está creciendo ni de lejos al ritmo del 4,3% registrado en el segundo trimestre de este año. Además, China pudo controlar los precios mediante la compra de petróleo sujeto a sanciones con grandes descuentos a Irán y Rusia.
En cualquier caso, China solo puede fijar los precios del petróleo en el marco del sistema internacional liderado por Estados Unidos. "En su primer mandato, el presidente Trump adoptó una política favorable a la energía para aprovechar los recientes avances en la producción estadounidense de petróleo y gas", me comentó KT McFarland, entonces asesora adjunta de seguridad nacional. "Las empresas energéticas estadounidenses desarrollaron nuevas técnicas de ingeniería, cartografía y perforación. Ahora podíamos descubrir y extraer cantidades abundantes de petróleo y gas natural de forma más barata, más limpia, más rápida, más segura y más fiable que otros proveedores".
Trump sabía que no solo podía lograr la independencia energética de Estados Unidos, sino que también se dio cuenta de que, al vender petróleo y gas, podía influir en otros.
Estados Unidos revirtió una fase de declive y comenzó a aumentar la producción de petróleo en 2008, pero fue Trump quien vio la importancia de ello y se apresuró a alcanzar altos niveles de producción. No es casualidad que, a mediados de su primer mandato, Estados Unidos se convirtiera en el primer productor mundial de energía.
Como era de esperar, Trump volvió a la política energética de su primer mandato apenas unas horas después de tomar posesión por segunda vez. El primer día de su regreso al Despacho Oval, el 47.º presidente emitió una orden ejecutiva en la que declaraba una "emergencia energética nacional".
La demanda de energía no hará más que aumentar. "Estados Unidos controla ahora el interruptor de la luz del mundo", afirmó Bass este mes, "y seguirá controlándolo durante un futuro indefinido porque Trump cree en la perforación, el fracking y el refinado al máximo". Eso, según Bass, "otorgará a Estados Unidos una enorme influencia sobre el mundo".
China seguirá teniendo influencia en los mercados petroleros, pero siempre actuará en el contexto de un mundo dominado por Estados Unidos. Al fin y al cabo, la razón por la que China tuvo que recortar la demanda fue el ataque estadounidense a Irán y los bloqueos del estrecho de Ormuz impuestos el 13 de abril y el 14 de julio.
Si Estados Unidos hubiera impuesto el bloqueo al inicio de las hostilidades, el 28 de febrero, y no hubiera decidido levantarlo en junio, es posible que China no hubiera tenido la capacidad de contener los precios de la energía durante ese periodo.
Supongamos, no obstante, que los responsables chinos tienen de hecho el poder de fijación de precios que The Economist cree que poseen. Eso significa que pueden subir los precios de la energía en cualquier momento, tal vez en un momento elegido para golpear, por ejemplo, a EEUU.
Por lo tanto, ya es hora de socavar el poder de fijación de precios de China. Trump puede hacerlo de muchas maneras, pero todas ellas comienzan por asegurarse de que los chinos dejen de adquirir petróleo sujeto a sanciones procedente, entre otros, de Irán. Cuando Estados Unidos está decidido a ejercer su enorme poder sobre la energía, Pekín no tiene ninguna posibilidad de controlar los precios del petróleo.