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Trump no está jugando y Gustavo Petro aún no lo entiende

"Por la patria tomaré de nuevo las armas que no quiero”, dijo el presidente de Colombia en respuesta a las declaraciones de Trump.

Gustavo Petro, presidente de Colombia, este 15 de octubre.

Gustavo Petro, presidente de Colombia, este 15 de octubre.AFP

“A mí no me amenace, aquí lo espero si quiere", ha dicho el presidente de Colombia, Gustavo Petro, a Donald Trump. Unas palabras muy poco prudentes, sobre todo después de la asombrosa operación que llevó a la captura de Nicolás Maduro en Venezuela. Tal vez el presidente de Colombia no entiende la gravedad del asunto o ¿no le importa?

Lo que ha hecho el presidente Donald Trump, entre otras cosas, es mandar un mensaje claro a todos los enemigos de Estados Unidos. Esta Administración no está jugando y es capaz de hacer lo que parecía imposible para muchos; incluyendo una operación con el mismo nivel de complejidad, o incluso mayor, que la operación para capturar a Osama bin Laden.

Colombia no es un asunto menor en la producción y distribución de drogas hacia Estados Unidos, y Gustavo Petro particularmente es un líder con ansias atención, y posiblemente con problemas de consumo de drogas, que lo lleva a tener un comportamiento muy peligroso y agresivo hacia Estados Unidos.

Si bien Venezuela es la oficina de despacho de varios carteles del narcotráfico, Colombia es el principal productor de cocaína. Colombia hoy produce entre el 65 % y el 70 % de la cocaína del mundo y bajo la Administración de Petro ha alcanzado el triste récord de 300.000 hectáreas sembradas y una producción de 2.600 toneladas de clorhidrato de cocaína pura. De modo que si Estados Unidos realmente quiere ir al fondo del problema del narcotráfico en la región, Colombia es fundamental.

“Aunque no he sido militar sé de la guerra y de clandestinidad. Juré no tocar un arma más desde el pacto de paz de 1989, pero por la patria tomaré de nuevo las armas que no quiero”, dijo Petro. Cuesta trabajo entender el tono desafiante del mandatario colombiano mientras el mundo entero está comprobando que Trump no miente cuando hace advertencias.

La situación en Colombia es compleja. Aunque Petro efectivamente lleva años en los que formalmente no pertenece a las guerrillas, para cualquiera que examine en detalle sus actuaciones como político, ya sea en la alcaldía de Bogotá o desde el Congreso, es evidente que gobernaba directamente para beneficiar a las narcoguerrillas. Para decirlo de una forma más directa: Petro lleva años siendo el brazo político de las guerrillas. Guerrillas que presuntamente, según diferentes investigaciones habrían financiado su campaña presidencial.

Pero el presidente de Colombia además de ser amigo de las narcoguerrillas colombianas es un socialista de manual. De los que hablan recitando fragmentos de libros socialistas como si fuera poesía, de los que toda su vida sueña con quedar en los libros de historia como un líder izquierdista, de los que efectivamente tomaron las armas, porque creen en la violencia como forma de “lucha". Tal vez, Petro, en sus delirios socialistas, está dispuesto a correr el riesgo de enfrentar a Trump si eso le da su momento de fama como líder de la izquierda.

“Todo comandante de la fuerza pública que prefiera la bandera de EE.UU. a la bandera de Colombia se retira inmediatamente de la institución por orden de las bases y la tropa y mía”, dijo el presidente colombiano. Gustavo Petro definitivamente no entiende que su delirio de caudillo socialista no es más que una fantasía, y que ninguna persona sensata se comportaría de esa forma. Mucho menos un ejército como el de Colombia, con historia y bases tan sólidas.

Petro parece creer que vive en Venezuela, no entiende que no tiene un ejército comprado y que en Colombia todavía se respeta la Constitución. Uno de los peligros que enfrenta Colombia en este momento es que ante los recientes hechos, Gustavo Petro descienda con rapidez en el abismo de locura que ha estado transitando en los últimos meses y que se radicalice usando la excusa de la actuación de la Administración Trump.

Afortunadamente Colombia no es Venezuela aún, y el ejército no respaldará sus locuras, pero sin duda es una situación peligrosa ver al presidente colombiano en tal episodio de delirio mientras ocurren sucesos tan determinantes en la región.

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