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Cárceles robotizadas, un combustible de alto octanaje para la seguridad

El sistema penitenciario tradicional ha fracasado. La automatización y la inteligencia artificial no solo son inevitables, sino también esenciales para garantizar la seguridad y la eficiencia, así como una rehabilitación auténtica. 

Imagen de archivo de una prisión

Imagen de archivo de una prisiónPA/Cordon Press.

El mundo se expande, progresa y evoluciona a un ritmo asombroso. Debido al crecimiento demográfico, los avances tecnológicos y los cambiantes paradigmas económicos también se multiplican los escenarios y las oportunidades para delinquir. En consecuencia -por una simple regla de tres- la complejidad de los sistemas penitenciarios llama ahora a nuestra puerta.

El sistema penitenciario tradicional ha fracasado. La automatización y la inteligencia artificial (IA) no sólo son inevitables, sino imprescindibles para garantizar la seguridad, la eficiencia y una rehabilitación auténtica.

En efecto, las prisiones robotizadas, automatizadas y asistidas por IA están en el horizonte. Hablar de un sistema penitenciario fracasado es ignorar las duras realidades que imponen los retos de la gestión de los recursos humanos y su interacción con la delincuencia entre rejas.

Infiltraciones, sobornos, amenazas, tratos turbios y delincuencia organizada -combinados con la precariedad general de un mundo de servicios a menudo poco profesionales- han abierto la puerta a una poderosa alternativa. No hay que preocuparse: no se trata de contratar a mercenarios ucranianos sin escrúpulos, sino de un giro innovador y disruptivo.

Una prisión futurista

En una instalación semejante, la seguridad y el control se automatizarían mediante sistemas robóticos y de IA, reduciendo drásticamente la participación humana.

La gestión de los reclusos correría a cargo de brazos robóticos y máquinas responsables del servicio de comidas, la limpieza y la supervisión. Sistemas biométricos y de reconocimiento facial controlarían los puntos de acceso. El perímetro estaría vigilado por drones y robots que patrullarían mediante protocolos automatizados. Cámaras y sensores inteligentes detectarían anomalías, mientras que los sistemas de gestión de datos analizarían patrones de comportamiento para predecir y prevenir incidentes de cualquier clase.

La ciberseguridad actuaría como árbitro, protegiendo la integridad de los registros y datos sensibles. La rehabilitación y la terapia psicológica se impartirían mediante tecnología de realidad virtual, que también ofrecería cursos educativos, formación laboral y simulaciones de gestión del estrés.

"Los robots y la inteligencia artificial son inmunes a la coacción, el soborno y las amenazas a sus familias".

El bienestar médico se controlaría mediante el monitoreo de signos vitales y la detección precoz de urgencias médicas. Los sonidos anómalos serían captados por sensores acústicos, mientras que zonas específicas estarían vigiladas por sensores de movimiento. La asistencia, el mantenimiento y la entrega de suministros o medicamentos serían gestionados por robots, que también responderían a incidentes y garantizarían la seguridad de la prisión.

Los resultados están fuera de toda duda: aumento de la eficiencia, reducción de costes y mejora de la productividad. Los programas digitales de rehabilitación y reinserción se demostrarían superiores, mientras que la flexibilidad, escalabilidad y precisión del sistema serían inigualables.

Retos e incertidumbres

Aunque países como Finlandia, China, Japón, Estados Unidos y el Reino Unido están explorando y avanzando en este notable concepto, quedan por resolver cuestiones clave sobre su implantación: el coste, la financiación, la inversión inicial y el mantenimiento operativo; la necesidad de personal externo altamente cualificado; la protección contra la piratería informática y los ciberataques; y, sobre todo, la fuerte resistencia a un cambio de paradigma de esta magnitud. 

¿Cómo se inicia un plan piloto? ¿Cuál es el nivel aceptable de riesgo cuando se reforma de manera tan drástica la seguridad de las prisiones? ¿Cuál será el impacto en el empleo del personal penitenciario y cómo se adaptarán las visitas y la asistencia jurídica?

No cabe duda de que este reto está al alcance de los gobiernos dispuestos a dar un paso audaz en su política integral de seguridad, especialmente de aquellos abiertos a utilizar algoritmos predictivos para identificar posibles riesgos de violencia o fuga.

Si los planes de reinserción de los reclusos incluyen deporte, educación y formación profesional, su progreso no debe verse comprometido. Los robots y la inteligencia artificial son inmunes a la coacción, el soborno y las amenazas a las familias de los reclusos. Tampoco pueden ser manipulados para introducir objetos prohibidos, como teléfonos móviles.

Esta propuesta es innovadora, prometedora, sostenible y audaz. Aunque aún poco conocida y quizás inquietante, es innegablemente emocionante.

La política de seguridad del futuro se está escribiendo hoy. Resistirse al cambio es prolongar un sistema que no da más de sí. Ha llegado el momento de atreverse a pensar de otra manera.

Gabriel Chumpitaz es empresario, experto en seguridad y diputado de la República Argentina.
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