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EEUU y Arabia Saudita firman su histórico acuerdo nuclear: el reino queda en libertad de enriquecer su propio uranio

El pacto no contempla las conocidas cláusulas de "estándar de oro" que sí aceptó Emiratos Árabes Unidos en su acuerdo de 2009 con Washington, mediante las cuales Abu Dabi renunció al derecho de enriquecer uranio o reprocesar plutonio en su propio territorio.

Donald Trump estrecha la mano del príncipe heredero del Reino de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman

Donald Trump estrecha la mano del príncipe heredero del Reino de Arabia Saudita, Mohammed bin SalmanAFP

Emmanuel Alejandro Rondón

Estados Unidos y Arabia Saudita firmaron este miércoles un histórico acuerdo de cooperación nuclear civil que sienta las bases para una asociación de varias décadas y varios miles de millones de dólares, y que —a diferencia de pactos similares con otros países del Golfo— no le prohíbe al reino desarrollar su propia capacidad de enriquecimiento de uranio, un detalle que seguramente traerá debate en Washington D.C. y críticas en Medio Oriente.

La firma estuvo a cargo del secretario de Energía, Chris Wright, y el ministro de Energía saudita, el príncipe Abdulaziz bin Salman, según confirmó el Departamento de Energía. Ambos funcionarios rubricaron, además, un acuerdo complementario sobre salvaguardas nucleares. El pacto principal le otorga a las empresas estadounidenses acceso prioritario al programa nuclear saudita, lo que implica la posibilidad de suministrar reactores y combustible, según un memorando de la Administración.

"Estos acuerdos reflejan el compromiso compartido de nuestras dos naciones para fortalecer las relaciones comerciales entre Estados Unidos y Arabia Saudita, brindando prosperidad en el país y seguridad a nuestros aliados en el exterior", dijo el secretario Wright. "Tengan la seguridad de que estos acuerdos defienden los más altos estándares de seguridad nuclear y no proliferación, al tiempo que se basan en la mejor tecnología y científicos nucleares del mundo, diseñados aquí en los Estados Unidos. Gracias al presidente Trump, el renacimiento nuclear estadounidense está en marcha y brindará beneficios a largo plazo a los pueblos estadounidense y saudí".

Lo más sensible del acuerdo, sin embargo, está en lo que se omite. El pacto no contempla las conocidas cláusulas de "estándar de oro" que sí aceptó Emiratos Árabes Unidos en su acuerdo de 2009 con Washington, mediante las cuales Abu Dabi renunció al derecho de enriquecer uranio o reprocesar plutonio en su propio territorio. Arabia Saudita, en cambio, podría eventualmente hacerlo, previo un estudio conjunto entre ambos países sobre la viabilidad económica de producir su propio combustible nuclear.

El texto aclara, de todos modos, que Washington no respalda un programa saudita de armas nucleares y que la cooperación se limita a fines pacíficos, aunque no exige que Riad adopte mayores niveles de supervisión por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

Esa ausencia de garantías es justamente lo que encendió las alarmas entre algunos legisladores. El senador demócrata Chris Murphy, de Connecticut, dijo en redes sociales: "Este acuerdo desatará una carrera nuclear en la región, desincentivando aún más a Irán de limitar su propio programa".

En la misma línea, el representante demócrata Brad Sherman, de California, había pedido horas antes de conocerse la firma que el Congreso solo aprobara el pacto "si tiene las mismas salvaguardas de estándar de oro que nuestro acuerdo con los EAU", y cuestionó que Washington facilite la proliferación nuclear "solo porque empresas estadounidenses puedan obtener ganancias", mientras libra al mismo tiempo una guerra contra Irán para frenar sus propias ambiciones atómicas.

El acuerdo deberá pasar ahora por una revisión del Congreso de 90 días, un trámite obligatorio bajo la Ley de Energía Atómica para cualquier cooperación nuclear civil con un país extranjero. En la práctica, bloquearlo es una misión casi imposible, pues haría falta reunir una mayoría a prueba de veto presidencial, lo que inexorablemente necesitaría de una revuelta republicana contra Trump a tan solo meses de las midterms.

Si bien en Washington el acuerdo genera cierta preocupación, para la industria nuclear estadounidense el pacto representa una oportunidad largamente esperada. El director ejecutivo de Westinghouse, Dan Sumner, lo calificó en declaraciones a CBNC de "paso histórico" que fortalecerá la seguridad energética y ampliará las oportunidades para el sector en EEUU. Asimismo, Jonathan Hinze, presidente de la firma UxC, especializada en el mercado de combustible nuclear, destacó la negociación: "Sin este tipo de acuerdo comercial nuclear, las empresas nucleares estadounidenses seguirían excluidas de ese mercado. Los sauditas probablemente optarían por tecnología y suministros de otros países, como Francia, Rusia o China".

El experto en no proliferación de Harvard Matthew Bunn advirtió en declaraciones a la NPR sobre un potencial efecto colateral en las negociaciones con Teherán: "Creo que esto podría dificultar la negociación de un acuerdo razonable con Irán", ya que este último tendría menos incentivos para aceptar inspecciones intrusivas si Arabia Saudita no asume compromisos equivalentes.

El pacto llevaba más de cinco años en negociación. Durante la Administración Biden se concibió como parte de un acuerdo más amplio que incluía la normalización diplomática entre Riad y Israel, una posibilidad que se diluyó tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. Trump optó por desvincular la cooperación nuclear de esa exigencia, lo que permitió destrabar un acuerdo que Arabia Saudita venía persiguiendo desde hace años.

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