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Máxima tensión en Washington tras una reunión secreta sobre los planes de bombardeo en Oriente Medio

Trump considera seriamente ordenar una nueva ofensiva aérea si las vías diplomáticas no logran un avance definitivo e inmediato.

El presidente Trump tras su discurso en Rockland Community College en Suffern, Nueva York, este 22 de mayo.

El presidente Trump tras su discurso en Rockland Community College en Suffern, Nueva York, este 22 de mayo.Brendan SMIALOWSKI/AFP.

Andrés Ignacio Henríquez

El presidente Donald Trump encabezó una reunión de alta prioridad con su equipo de seguridad nacional en el Despacho Oval para evaluar la reactivación de las operaciones militares contra Irán.

Fuentes gubernamentales confirmaron a Axios que el mandatario considera seriamente ordenar una nueva ofensiva aérea si las vías diplomáticas no logran un avance definitivo e inmediato. La cumbre de inteligencia coincide con el esfuerzo de mediadores internacionales en Teherán para evitar una escalada bélica a gran escala.

La urgencia del escenario provocó una modificación drástica en la agenda del jefe del Ejecutivo. Tras un compromiso en Nueva York, Trump canceló su estancia prevista en su club de Bedminster y anunció que no viajaría a la boda de su hijo mayor, Donald Trump Jr., en las Bahamas.

El mandatario justificó su permanencia en Washington apelando a la responsabilidad de su cargo y al resguardo de la estabilidad de la nación, concentrando toda la atención de la Casa Blanca en el monitoreo de la crisis en Oriente Medio.

El dilema en el ala oeste y la parálisis de los acuerdos

En el encuentro a puerta cerrada participaron figuras clave del círculo de seguridad presidencial, incluyendo al vicepresidente JD Vance, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, el director de la CIA, John Ratcliffe, y la jefa de gabinete de la Casa Blanca, Susie Wiles.

Las deliberaciones se centraron en actualizar los escenarios estratégicos disponibles para las fuerzas estadounidenses en caso de un colapso total de las mesas de negociación.

La inminencia de las acciones armadas ha tenido un impacto directo en las fuerzas del orden federal. CBS confirmó que varios miembros de las Fuerzas Armadas y de la comunidad de inteligencia de los Estados Unidos cancelaron sus planes para el fin de semana del Memorial Day en anticipación a los posibles bombardeos estratégicos.

Esta movilización interna refleja el estado de preparación combativa y la seriedad con la que el Pentágono asume la ruptura del cese al fuego.

Paralelamente a la reunión en Washington, delegaciones de Pakistán y Catar arribaron a territorio iraní en un intento de última hora por acercar posturas entre ambos países.

Las autoridades de inteligencia norteamericanas siguen de cerca las reuniones previstas entre los mediadores internacionales y los altos mandos del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC), quienes retienen el control real de las decisiones de defensa en el régimen de Teherán.

La doctrina del golpe decisivo frente a la evasiva de Teherán

A pesar de los canales de comunicación abiertos, las señales emitidas por Trump apuntan a un agotamiento de la paciencia estratégica. Según personas cercanas al mandatario, el presidente manifestó en días pasados su frustración por la falta de voluntad de la contraparte iraní.

Aunque inicialmente concedió un margen temporal a la diplomacia tras comunicarse con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, la persistencia del estancamiento reactivó los preparativos para un despliegue de fuerza coercitiva.

La estrategia que baraja el mandatario se orienta hacia la ejecución de una acción militar contundente y de gran envergadura.

Fuentes con conocimiento de las deliberaciones señalan que Trump contempla la posibilidad de una operación final de carácter resolutivo, diseñada para infligir daños severos a la infraestructura enemiga, declarar la victoria estratégica de los Estados Unidos y poner fin de manera definitiva al conflicto bajo las condiciones de Washington.

Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán y portavoces vinculados a la Guardia Revolucionaria manifestaron que las negociaciones continúan, pero admitieron que un acuerdo final no está cerca.

El aparato de propaganda de Teherán insistió en que el foco actual debe ser el cese inmediato de las hostilidades antes de proceder con cualquier otra agenda temática. Esta postura restrictiva es percibida en los círculos conservadores de Washington como una maniobra de dilación para ganar tiempo frente a la presión militar y económica.

El desenlace de la crisis en las próximas horas determinará el curso de la política exterior estadounidense en la región.

Si bien el mandatario ya ha postergado el uso de la fuerza en ocasiones anteriores apostando por soluciones negociadas, el despliegue logístico actual en la capital indica que el espacio de maniobra para el régimen de Teherán se ha reducido al mínimo.

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