Voz media US Voz.us

La necesaria alianza entre el conservadurismo católico y el judío

El mundo cristiano occidental sufre un proceso de secularización acelerado que amenaza con desintegrar nuestras comunidades. Los símbolos, custodios de la tradición, se diluyen en el mundo de la modernidad y las estadísticas. La crisis espiritual es profunda.

Domo de la Roca y Muro de los Lamentos en Jerusalén.

Domo de la Roca y Muro de los Lamentos en Jerusalén.Orlando Avendaño

La guerra ha abierto brechas que no debían jamás abrirse porque son antinaturales. Pero, como siempre, los antisemitas aprovechan las oportunidades para provocar tensiones donde no las debe haber, como es el caso del catolicismo con el judaísmo o, particularmente, el Estado de Israel.

Bien dijeron tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI: los judíos son nuestros hermanos mayores en la fe. Para Juan Pablo II, el judaísmo no es exterior al cristianismo. Es innato a su propia tradición. El cristianismo no se comprende sin Israel.

Benedicto XVI formuló argumentos teológicos para defender la relación histórica y espiritual entre ambas religiones. Para él, los cristianos también somos semitas —en alusión a Pío XI.

Pero estos son argumentos religiosos, que algunos considerarán impertinentes hoy. Un católico prominente, Rusty Reno, explicó en el Washington Post por qué un católico puede apoyar la existencia del Estado de Israel desde un punto de vista geopolítico, pragmático y civilizacional. 

En su ensayo, titulado I am a Catholic. And a Zionist, Reno, editor de la revista católica First Things, dice: "Un católico estadounidense responsable que acepte el peso de la historia, reflexione teológicamente y sopese las exigencias de la doctrina social católica será sionista, por más que formule críticas a las políticas israelíes, por más que sus opiniones estén matizadas por la esperanza de una solución de dos Estados, por más que le agobie la tristeza por el sufrimiento de los palestinos. El sionismo no es una obligación religiosa; es la consecuencia de pensar con claridad".

No obstante, cada día crece el antisemitismo sobre todo dentro de corrientes católicas más tradicionalistas. Creo que es problemático. Yo, que me identifico cada vez más con un tradicionalismo católico, disiento de las brechas que se abren y las encuentro incoherentes. Las afinidades entre el católico más conservador y tradicionalista y su homólogo judío son muchas más que las diferencias y a ellas debemos aferrarnos para, precisamente, solidificar una alianza que hoy cobra carácter existencial. Un reciente viaje a Israel me confirmó esta apreciación.

Estuve 10 días en Israel invitado por el Herzl Institute y la Edmund Burke Foundation, dirigidos por el prominente intelectual nacional conservador Yoram Hazony. Fuimos un grupo de 15 católicos conservadores. Tras conversaciones con diferentes voces del mundo conservador y tradicionalista judío, además de una peregrinación a sitios cristianos que nos robusteció espiritualmente, no me queda duda de que es urgente una alianza entre el conservadurismo católico y el judío.

Nos une bastante. Pero, sobre todo, ante la profunda crisis espiritual que aqueja a Occidente, es mucho lo que podemos aprender de nuestros hermanos mayores, Juan Pablo II dixit. El mundo cristiano occidental sufre un proceso de secularización acelerado que amenaza con desintegrar nuestras comunidades. Los símbolos, custodios de la tradición, se diluyen en el mundo de la modernidad y las estadísticas. La crisis espiritual es profunda y cada día somos menos los que vemos imprescindible el velo espiritual sobre una vida pública sana y moralmente orientada. Además, hemos dejado de defender nuestras comunidades, sobre las que se edifican las naciones y los Estados. No nos importa nuestra soberanía, amén de fronteras porosas y mercados globales. Se desdibujan nuestras naciones y, con ellas, nuestras identidades.

Lo mismo no ocurre en Israel. Primero, por razones existenciales, porque si no hay una identidad fuerte o una nación soberana, mueren. Son aniquilados por un vecindario que los quiere bajo tierra. Segundo, porque sin la custodia rígida de su tradición, hace rato habrían dejado de existir como pueblo. Por miles de años, los padres han entregado a sus hijos el legado de sus antepasados y estos lo han heredado a sus nietos. Una llama que no ha dejado de arder pese a la persecución, el asesinato en masa y el odio del resto.

¿De qué hablamos exactamente? El viernes en la noche, antes de concluir el viaje por Israel, fuimos invitados a la cena de Sabbath con Yoram Hazony y su familia. Para muchos era nuestra primera cena de Sabbath. Antes de empezar a comer, Hazony lideró un hermoso ritual de agradecimiento, homenaje y reflexión espiritual. Cantos que llevan siglos precediendo las cenas de los viernes de toda familia judía. Una tradición inalterada en la que se refleja su religión y su historia. Es el pueblo de Israel, aún vivo y orgulloso.

Mientras esto ocurría, probablemente había alguna madre despidiendo a su hijo que se iba en paz al servicio militar. O miles de familias cuya cena de Sabbath incorporaba al hijo que viajaba de su base militar a pasar el fin de semana con sus padres.

Es una mezcla de vida espiritual y amor por la patria. Es la fórmula para que las naciones-estado sobrevivan a los embates de sus enemigos, que hoy tristemente se han infiltrado en casi toda Europa. 

En nuestros amigos conservadores judíos encontramos una devoción por la vida ritual, la tradición y el amor por la nación que es escasa en nuestras comunidades occidentales, aun en las más sensatas. Por ello, una alianza no solo tiene sentido estratégico, por razones pragmáticas, dado que en Israel encontramos nuestro más importante aliado en el Medio Oriente, sino también pedagógico, pues mucho podemos aprender.

Tenemos muchas cosas que tomar de los amigos judíos conservadores. Por ejemplo, su sentido de comunidad, su fuerte identidad, el apego rígido a los ritos y el resguardo de sus símbolos. 

Todo ello, por nuestros complejos, nuestra oikofobia —como diría Scruton— y el dogma laico, ha sido desprendido del mundo cristiano.

Debemos tomar eso de nuestros amigos para, entonces, poder enfrentar con garra a quienes quieren destruirnos, que son quienes también quieren destruirlos a ellos y no han podido.

tracking