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ANÁLISIS

La (Nueva) Guerra de las Galaxias: las potencias mundiales aceleran la carrera por el dominio espacial

Los avances tecnológicos y la diversidad de actores -desde el Kremlin hasta Elon Musk- crean un espacio exterior cada vez más "complejo y peligroso". Conozca la estrategia de Estados Unidos y sus principales riesgos.

Estación de la Fuerza Espacial en Florida

Estación de la Fuerza Espacial en FloridaCordon Press.

Santiago Ospital
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Si mañana estalla la guerra, olvídese de Apocalypse Now, Dunkirk y 1917. Piense en Star Wars. Aunque con menos sables láser, la guerra espacial del mañana se ensaya hoy mediante escaramuzas, de momento, exploratorias, discretas: un satélite chino (presunto espía) maniobra para que Estados Unidos no pueda tomarle fotografías. Rusia pone en órbita un (presunto) prototipo de arma nuclear antisatélites.

Donald Trump anunció el próximo paso en la estrategia norteamericana: el Domo Dorado (Golden Dome), una armadura para proteger al país de un ataque con misiles. 

Más allá de las sospechas alrededor del costo y la duración real del proyecto, el anuncio revivió, indudablemente, el sueño de Ronald Reagan de un armazón espacial en el espacio. Oficialmente llamado Iniciativa de Defensa Estratégica, fue bautizado "Star Wars" por sus detractores porque parecía más propio de la ciencia ficción. O de una galaxia muy, muy lejana.

Aunque el programa nunca se completó, algunos historiadores afirman que ayudó a acelerar tanto el fin de la Guerra Fría (la tambaleante economía soviética no podía afrontar semejante gasto) como el emprendedurismo americano, tanto aquí abajo como allí arriba.

El panorama, hoy, es muy distinto. Este mismo año el reporte anual sobre amenazas a la nación de la Comunidad de Inteligencia (CI) hizo mención especial del espacio:

"Los adversarios estatales disponen de armas que pueden atacar territorio estadounidense o inutilizar sistemas vitales de Estados Unidos en el espacio, con fines coercitivos o de guerra real. Estas amenazas se refuerzan mutuamente, creando un entorno de seguridad mucho más complejo y peligroso."

Space Force

Si para el aire existe la Fuerza Aérea y para la tierra el Ejército, para el espacio nació la Fuerza Espacial (Space Force). 

Creada por Trump durante su primer mandato, cuenta con 15.000 miembros (llamados "guardianes"), entre uniformados y personal civil. Desde su aparición en 2019, la actividad espacial alrededor del mundo no ha hecho más que aumentar: los lanzamientos al espacio crecieron un 488%, mientras que la naves espaciales activas en órbita un 400%.

"El panorama estratégico del espacio es cada vez más complejo y peligroso", advirtió ante el Senado el general Michael Guetlein, guardián de la Fuerza Especial y cabeza del programa Domo Dorado.

"Nuestros competidores están interfiriendo las señales GPS, suplantando e interrumpiendo las comunicaciones por satélite y desarrollando armas antisatélite avanzadas. Por desgracia, este comportamiento se ha convertido en la norma y no en la excepción", añadió.

La agencia, advirtió, carece de recursos suficientes. Entre otros miles de millones asignados a la fuerza, el proyecto de presupuesto gubernamental, todavía sujeto a cambios y aprobación, destina 175.000 millones de dólares al Domo Dorado. 

Dos palabras: resistencia, competitiva

Guetlein remarcó a los senadores, una y otra vez, la importancia de la "resistencia competitiva (competitive endurance)". Término poco conocido fuera de los círculos especializados, es clave en la estrategia de la fuerza: el objetivo es que los adversarios no se encuentren ni tan desesperados ni tan envalentonados como para lanzar un ataque espacial. Y que, si lo hacen, el espacio se vuelva rápidamente rojo, blanco y azul.

La "resistencia competitiva" se apoya en tres pilares: no verse sorprendido por las capacidades o intenciones de otros países, no ceder la ventaja del primer golpe y desactivar las amenazas del día a día (como acciones de sabotaje y disrupción).

"El objetivo de nuestros esfuerzos de resistencia es hacer que los ataques preventivos contra los intereses de EEUU en el espacio sean poco prácticos y contraproducentes", explica un documento oficial de la Fuerza Espacial. La estrategia aborda particularidades del escenario espacial, como que la destrucción de material en el espacio pone en riesgo las capacidades militares en la Tierra:

"Toda la estructura de la fuerza militar se ha diseñado y dimensionado partiendo del supuesto de que tendrá acceso a capacidades espaciales como datos de posicionamiento, navegación y temporización; capacidades de inteligencia basadas en el espacio; y la capacidad de comunicarse en cualquier lugar del planeta. El entorno operativo espacial, cada vez más disputado, amenaza los satélites de los que depende la Fuerza Conjunta".

Además, el plan debe integrar avances tecnológicos, como explicó el coronel retirado Sergio De La Peña a VOZ: "Hay que tener en cuenta que la tecnología constantemente está cambiando". Como, dice, los desarrollos en inteligencia artificial. "Uno tiene que saber cómo mezclar, cómo integrar todos estos sistemas para defender nuestra patria". 

China y Rusia, al acecho en el espacio

"China ha eclipsado a Rusia como líder espacial", señala el reporte de la Comunidad de Inteligencia: "Y está preparada para competir con Estados Unidos como líder mundial en el espacio".

Tiene su propio sistema de navegación satelital, Beidou, que compite con el GPS estadounidense. En 2024 lanzó 68 cohetes al espacio, un récord propio. El año pasado se convirtió también en el primer país en alunizar en la cara oculta de la Luna. Su sector privado también lanzó su propia red de satélites para competir con Starlink.

Los expertos advierten que los avances espaciales, sean científicos o comerciales, tienen un alto potencial de doble uso militar. Sobre todo en un país como China, donde el Partido Comunista permea todas las capas de la sociedad. Por tanto, los avances nombrados anteriormente deben sumarse al arsenal espacial chino: armamentos anti satélites, misiles de larga distancia.

"Estados Unidos sigue siendo la primera potencia espacial", según la Air University, instituto de educación de la Fuerza Aérea. La importancia de la arquitectura espacial para el país, aseguraron en un reporte, puede volverla "un objetivo irresistible" en caso de guerra.

La situación de Rusia es muy distinta. Aunque rival a tener en cuenta, lejos quedaron los días soviéticos del primer satélite y el primer hombre en el espacio. "A pesar de su legado soviético, la guerra de Ucrania ha revelado flagrantes deficiencias en la arquitectura espacial rusa", sostuvieron las agencias de inteligencia.

Moscú prioriza, añadieron, sus emprendimientos espaciales militares antes que los civiles. Además de servirse de la industria privada -propia y extranjera- advirtió de que consideraría "objetivo legítimo" la infraestructura comercial de otros países si, a sus ojos, se utiliza con fines bélicos. 

Los Starlink y los SpaceX

Israel, Corea del Norte, Corea del Sur, Francia… A la larga lista de países que se encuentran desarrollando sus capacidades espaciales se deben añadir, también, a los actores privados.

Poco después de que Rusia invadiera Ucrania, Elon Musk puso cientos de satélites de su compañía Starlink al servicio del país invadido. Las tropas rusas apuntaron contra los dispositivos de internet con hackeos que, según la organización especializada Secure World Foundation, adelantan que "es probable que se produzcan ciberataques contra sistemas espaciales en el marco de futuros conflictos armados que incorporen más sistemas espaciales militares y comerciales".

​China, según la misma, se encuentra estudiando tecnologías para desmantelar infraestructura como la de la empresa de Musk desde 2022.

​Además de naciones aliadas, Estados Unidos "incluye cada vez más socios comerciales" en sus juegos de guerra espaciales. Hasta el acceso al espacio se apoya en el sector privado: el 87% de los lanzamientos estadounidenses el año pasado los realizó SpaceX, según datos de NASASpaceFlight.com. Y más de la mitad de lanzamientos de todo el mundo.

​Dependencia que la Fuerza Aérea está tratando de minimizar, mediante la diversificación. El objetivo: erigir una "arquitectura espacial híbrida". Dominar el espacio.
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