La Constitución iraní establece explícitamente que tanto el Ejército de la República Islámica de Irán como el Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos no sólo tienen la misión de salvaguardar las fronteras de la nación, sino también de promover la misión ideológica de la yihad en nombre de Alá. Esta misión implica la propagación e imposición de la ley de Alá en todo el mundo y refleja el ferviente compromiso del régimen con la difusión de sus principios revolucionarios islámicos más allá de sus propios confines.

A pesar de las recientes afirmaciones del Presidente iraní Ebrahim Raisi de que Irán no alberga intenciones de perseguir armas nucleares, junto con una repetida fatwa del Líder Supremo Ayatolá Alí Jamenei prohibiendo supuestamente las armas nucleares, sería una locura que las potencias occidentales ingenuamente aceptasen estas afirmaciones al pie de la letra.

Aunque algunos dirigentes de Occidente puedan inclinarse a considerar a la ligera tales declaraciones, la comunidad internacional no puede permitirse subestimar la amenaza potencial que suponen las ambiciones nucleares de Irán, especialmente dada la naturaleza engañosa de las afirmaciones del régimen.

Lamentablemente, las afirmaciones de los dirigentes iraníes han encontrado a menudo aceptación entre algunas influyentes figuras occidentales, entre ellas Barack Obama, John Kerry y Hillary Clinton.

El respaldo a las afirmaciones de Irán por parte de influyentes figuras occidentales no sólo socava los esfuerzos por frenar las ambiciones nucleares iraníes, sino que envalentona al régimen para continuar sin freno su búsqueda de armas nucleares. Los líderes occidentales deben abordar las afirmaciones de Irán con escepticismo y dar prioridad a la protección de los intereses de la seguridad mundial.

La publicación inicial por Jamenei de una fatwa contra las armas nucleares coincidió con revelaciones condenatorias en 2002: Irán estaba expuesto a realizar clandestinamente actividades nucleares, incluido el enriquecimiento de uranio, en instalaciones encubiertas de Natanz y Arak.

Estas actividades violaban los principios esbozados en el Tratado de No Proliferación (TNP), del que Irán era signatario.

El momento elegido por Jamenei para pronunciar la fatwa sólo debería suscitar dudas sobre su autenticidad y su motivo subyacente: probablemente un intento de mitigar la reacción internacional y desviar la atención de los esfuerzos nucleares encubiertos de Irán. Este contexto histórico subraya la necesidad de cautela a la hora de evaluar los pronunciamientos nucleares de Irán, especialmente a la luz de su historial de total desprecio por las normas y obligaciones internacionales relativas a la proliferación nuclear.

También es imperativo ahondar en el concepto de taqiyya (disimulo) en el contexto del islamismo chií en IránTaqiyya, un principio enfatizado en la jurisprudencia chiíta de los mulás, también merece atención a la hora de evaluar fatwas emitidas por Jamenei - especialmente en relación con las armas nucleares. Taqiyyaarraigada en la creencia de que el engaño es permisible para protegerse a uno mismo, al gobierno islámico o a la comunidad de musulmanes permite el uso estratégico de falsedades cuando las amenazas percibidas se ciernen sobre los intereses de la comunidad islámica, y arroja luz sobre las motivaciones que subyacen a las proclamaciones del ayatolá: que la conveniencia política y la salvaguarda de los intereses de la República Islámica de Irán bien pueden influir en tales declaraciones.

Además, para aquellos que todavía se inclinan a aceptar la noción de una fatwa nuclear en su valor nominal, es crucial reconocer la naturaleza transitoria de las fatwas dentro de la jurisprudencia islámica. Las fatuas no son edictos inmutables; son opiniones, sujetas a revisión y reinterpretación a discreción de los líderes musulmanes. Por lo tanto, cualquier supuesta fatua, especialmente una que prohíba ostensiblemente las armas nucleares, debe analizarse en el marco más amplio de la dinámica política y religiosa, y no aceptarse sin cuestionamientos.

Teniendo en cuenta el extenso historial del régimen de patrocinar el terrorismo a escala mundial, incluyendo el apoyo a grupos como Hamás, Hezbolá, la Yihad Islámica Palestina y los Houthis - así como la participación junto a Rusia atacando Ucrania, o Hamás atacando Israel - es totalmente racional suponer que el régimen iraní está tratando de adquirir armas nucleares para reforzar aún más su influencia y consolidar su poder. La voluntad demostrada por el régimen de utilizar la violencia y apoyar a grupos interpuestos en la consecución de sus objetivos hegemónicos sugiere que la posesión de armas nucleares también podría considerarse un medio para alcanzar esos fines.

Por último, el régimen revolucionario iraní está profundamente arraigado en la aspiración de "exportar la revolución" más allá de sus fronteras, un objetivo consagrado en la Constitución de la República Islámica. La Constitución iraní establece explícitamente que tanto el Ejército de la República Islámica de Irán como el Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos no sólo tienen la misión de salvaguardar las fronteras de la nación, sino también de promover la misión ideológica de la yihad en nombre de Alá. Esta misión implica la propagación e imposición de la ley de Alá en todo el mundo y refleja el ferviente compromiso del régimen de extender sus principios revolucionarios islámicos más allá de sus propios confines.

Este objetivo, establecido por mandato constitucional, subraya el fervor revolucionario del régimen y la importancia potencial de la adquisición de armas nucleares como medio para promover su agenda ideológica a escala mundial.

© Gatestone Institute