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El escándalo de la Oficina de Correos británica, una auténtica historia de terror

En el año 1999 sus sucursales en Gran Bretaña introdujeron el software informático Horizon para gestionar transacciones financieras en todo el país. Comenzó así un sinfín de problemas que años después seguían sin solución.

(Albert Bridge / Wikimedia Commons)

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Corría el año 1999 cuando la Oficina de Correos de Gran Bretaña introdujo el software informático Horizon, diseñado por la empresa japonesa Fujitsu, para gestionar transacciones financieras en las sucursales de todo el país. Los empleados que estaban a cargo de las sucursales pronto comenzaron a informar que Horizon indicaba falsos déficits de efectivo, pero sus advertencias no fueron atendidas y las irregularidades financieras continuaron apareciendo en las cuentas de las sucursales. Los burócratas que dirigían Correos se negaron a admitir las deficiencias de Horizon, y en cambio comenzaron a perseguir implacablemente a los empleados a partir del año 2000.

Entre 1999 y 2015 cientos de empleados de Correos, los llamados subdirectores u operadores de sucursales, fueron procesados y condenados basándose en información generada por Horizon. Los empleados de las sucursales de Correos de Gran Bretaña suelen ser personas muy reconocidas y valiosas, gente de confianza que maneja ahorros y pensiones de una comunidad. A causa de las acusaciones del Gobierno muchos de ellos cumplieron condenas de prisión tras ser declarados culpables de robo. Muchos se enfrentaron a la ruina porque se les ordenó reembolsar el dinero que Horizon decía que habían robado. Muchos se vieron humillados, señalados públicamente y perdieron amistades y familias. Muchos se enfermaron, se divorciaron y muchos se suicidaron. Se trataba de personas trabajadoras, respetadas localmente, que de la noche a la mañana se convirtieron en parias y delincuentes. Muchos murieron siendo considerados así por la sociedad y por el Gobierno.

En 2009, una publicación especializada informó sobre las denuncias de fallas en Horizon, pero fue recién en 2015 y gracias a la presión de otros medios y de legisladores que la Oficina de Correos comenzó a investigar el tema, aunque su jefa Paula Vennells declaró a las autoridades que no había evidencia de ningún error. Durante años, el Correo, que tiene el poder de investigar y procesar sin necesidad de intervención policial, siguió desconociendo los informes y denuncias que destacaban problemas con el sistema informático desarrollado por la japonesa Fujitsu. En 2019, un grupo de afectados ganó un caso en el tribunal superior en el que sus condenas fueron declaradas injustas y el sistema Horizon fue declarado culpable. En el año 2021 el fallo fue confirmado en apelación, anulando las condenas y allanando el camino para una indemnización.

El primer ministro Rishi Sunak calificó las condenas como un "espantoso error judicial" y se comprometió a introducir una nueva ley para exonerar a los empleados acusados.

Por más de 20 años cientos de buenas personas sufrieron el escarnio público, la miseria y la injusticia. Por ejemplo, Parmod Kalia fue acusada de robar más de 20.000 libras y condenada a seis meses de cárcel en 2001. Seema Misra estaba embarazada de ocho semanas cuando fue condenada a 15 meses de prisión acusada por el robo de 74.000 libras: "Me habían advertido que existía la posibilidad de que me encarcelaran. Pero honestamente no pude ver ni por un segundo cómo podrían castigarme así por algo que no había hecho. En ese momento tenía fe en el sistema de justicia. Cuando el juez dijo que me habían condenado a 15 meses de prisión, me desmayé. Si no hubiera estado embarazada, me habría quitado la vida. Estaba en el fondo". Noel Thomas, de 77 años, fue encarcelado acusado de robar £48.000. Alrededor de 3.500 empleados fueron acusados injustamente de robar dinero de las sucursales. Más de 900 fueron procesados por la Oficina de Correos que no sólo no escuchó las advertencias sino que no evaluó la imposibilidad estadística de que, de la nada, miles de personas sin antecedentes y tan positivas para su comunidad se convirtieran en delincuentes que cometieran exactamente el mismo delito, justo en el momento en que se implementara un software con tantas denuncias de aplicación.

Pero ocurrió que durante los primeros días de 2024 estalló la furia pública. La razón fue que este escándalo, que había arruinado la vida de cientos de buenas personas, salió a la luz gracias a una serie televisiva: Mr Bates vs the Post Office: The Real Story. La serie de cuatro capítulos relata la batalla legal de uno de los empleados víctimas de Horizon, Alan Bates contra la Oficina de Correos, que lo había acusado falsamente de robar al servicio postal. Tras la emisión de la serie el número de personas que empezaron a pedir explicaciones y a exigir que se responsabilice a las autoridades se disparó, por el hecho de que la mayoría de los acusados injustamente aún no habían recibido justicia. El gobierno de Gran Bretaña, que se encuentra en un pésimo momento político, quedó bajo una enorme presión para acelerar el proceso legal de revisión de las condenas. El primer ministro Rishi Sunak, entrevistado el pasado domingo, calificó las condenas como un "espantoso error judicial" y se comprometió a introducir una nueva ley para exonerar a los empleados acusados.

Pero la realidad es que hasta la fecha ningún alto funcionario de Correos ha sido castigado. La más expuesta, Vennells, recibió más de 4,5 millones de libras en salario y bonificaciones durante su mandato de siete años, hasta que renunció en 2019 cuando empezaron las primeras revisiones judiciales. Después de que estallara el escándalo por la serie televisiva, Vennells aceptó devolver su CBE (Commander of the British Empire, una condecoración que el Gobierno propone y entrega el Rey o un miembro de la Royal Family) honor que le fuera otorgado en 2019…¡por sus servicios a Correos! El ex ministro de Asuntos Postales, Sir Ed Davey, ahora líder político, quedó también en el ojo de la tormenta porque se negó a reunirse con Alan Bates en mayo de 2010, diciendo en una carta que el hombre y su causa “no serviría para ningún propósito útil". Mientras estas desgracias ocurrían, Fujitsu seguía ganando múltiples contratos con el gobierno británico, de hecho Correos pagó a Fujitsu £95 millones para ampliar Horizon.

En todos nuestros países vemos cada vez más como los peores burócratas se aprovechan de los ciudadanos que sostienen el sistema.

El actual ministro de Correos, Kevin Hollinrake, afirmó que ha existido un "ejercicio del poder brutal y arbitrario" y añadió que se habían presupuestado mil millones de libras esterlinas para pagos de compensación, que por supuesto pagará el contribuyente británico. Cuando la BBC le preguntó por qué había sido necesario un programa televisivo para que se hiciera cargo de una injusticia conocida hacía más de una década, Hollinrake dijo que: "Nosotros mismos somos personas, por supuesto. Nosotros mismos miramos televisión y vemos estas cosas, y nosotros y otras personas dentro del gobierno nos damos cuenta de que esta es una situación que tenemos que resolver". El secretario de Justicia, Alex Chalk, se mostró repentinamente "conmovido" y pidió a Fujitsu "afrontar las consecuencias", pero Fujitsu ha recibido más de 6.500 millones de libras en contratos públicos desde 2013, aún cuando se conocían las fallas de sus prestaciones.

El escándalo de la Oficina de Correos es la mejor metáfora de la distancia abismal que existe entre las élites políticas y corporativas y las personas de a pie en todo Occidente. En todos nuestros países vemos cada vez más como los peores burócratas se aprovechan de los ciudadanos que sostienen el sistema funcionando a pesar de no poder gozar de sus más mínimos derechos como el acceso a la justicia. Frecuentemente se deja en libertad a quienes no respetan la propiedad, la seguridad o la vida, pero a las personas que han sido respetuosas de las reglas se las persigue inmisericordemente. Nuevamente el ciudadano de a pie ha sido traicionado por un establishment éticamente deficiente.

La gente de a pie ya no espera nada de sus élites, de sus políticos, de sus Gobiernos.

Los cientos de empleados de correos cuyas vidas fueron arruinadas, que fueron condenados injustamente, no estaban estafando al fisco con subsidios o privilegios solicitados indebidamente o apalancados por colectivos identitarios, no se manifestaban violentamente para imponer sus consignas sectarias o para imponer su ideología políticamente correcta. Eran simples ciudadanos que no estaban bajo el paraguas del victimismo, sino muy por el contrario, señalados como privilegiados por la cultura woke. Son las personas que hacen funcionar a los países, los pagadores de impuestos que sostienen a las élites y a sus colectivos estratégicamente visibilizados.

El escándalo de la Oficina de Correos expone la decadencia de las instituciones estatales para servir a algún propósito positivo, convertidas sistemáticamente en un trágico abuso. La Oficina de Correos es propiedad estatal dirigida por una élite bien remunerada que no rinde cuentas ni paga por sus errores. Es, como siempre, la clase burocrática corporativa sobrepagada y fuera de control en contra de la gente común. Burócratas ineficaces, incapaces de sobrevivir en el sector privado, que por tontos o por malos, inevitablemente pagan de más y eligen a los peores contratistas. Nunca la responsabilidad recae en los políticos que siguen mostrando su desinterés por el bien común a menos que una serie de televisión los exponga, en cuyo caso salen a sobreactuar para calmar a la turba. La gente de a pie ya no espera nada de sus élites, de sus políticos, de sus Gobiernos. Saben que no van a recibir un trato justo a menos que, excepcionalmente, estalle un escándalo mediático. No es extraña esta pertinaz crisis de confianza y representatividad, ya todos saben que los mejores están en manos de los peores.

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