Alemania: grupos de extrema izquierda y alborotadores secuestran las protestas de la Generación Z y las convierten en una noche de violencia y saqueos
La copresidente de la AfD, Alice Weidel, atribuyó los disturbios a años de política de la CDU que ha favorecido el extremismo de izquierda y a una migración incontrolada sin consecuencias.

Cerca de 120.000 jóvenes se manifestaron el sábado en más de treinta ciudades alemanas bajo el lema "Gen Z regelt" ("¡La Generación Z se encarga!"). Las reivindicaciones eran más inversión en escuelas, medidas contra el encarecimiento del coste de la vida, rechazo a una posible reintroducción del servicio militar y mayor ambición climática.
Las marchas diurnas transcurrieron, en general, con tranquilidad. Con la caída de la noche, el panorama cambió completamente. En Fráncfort, Colonia, Berlín y Hamburgo, grupos encapuchados provocaron altercados, lanzaron objetos contra la policía, levantaron barricadas y saquearon comercios. En Fráncfort se registraron saqueos a tiendas y ataques con cócteles molotov y petardos; en Berlín, más de 25 agentes resultaron heridos y se produjeron decenas de detenciones.
Dobrindt señala a la izquierda radical y al entorno migratorio
El ministro del Interior, Alexander Dobrindt (CSU), fue directo: "Grupos de izquierda propensos a la violencia y alborotadores procedentes del entorno migratorio secuestraron las manifestaciones pacíficas de la tarde".
El ministro añadió que se habían evitado excesos como los de París gracias a un despliegue policial contundente, y que los responsables serían identificados y castigados con dureza.
Por su parte, Alice Weidel, copresidente del partido de derecha soberanista Alternativa para Alemania (AfD), señaló en X que los disturbios son consecuencia de "una política de la CDU que durante años ha favorecido y promovido el extremismo de izquierda, combinada con una migración incontrolada en la que los autores no tienen nada que temer".
La tibia respuesta de la izquierda alemana
La propia iniciativa "Gen Z regelt" se desmarcó de inmediato. Sus organizadores insistieron en que no tenían control sobre lo ocurrido tras el final oficial de las concentraciones y rechazaron cualquier forma de violencia.
Las reacciones de los partidos de izquierda fueron, en el mejor de los casos, tibias. Ines Schwerdtner, presidente de Die Linke, condenó los actos vandálicos, pero enseguida pivotó hacia las reivindicaciones de los manifestantes, como si la violencia fuera un detalle menor que no debía distraer del "verdadero" mensaje.
"Ni la crisis del poder adquisitivo, ni el desmantelamiento social, ni la voluntad ampliamente compartida de manifestarse pacíficamente desaparecerán porque pequeños grupos de personas frustradas hayan cometido después actos vandálicos", declaró al diario Rheinische Post.
Franziska Brantner, de Los Verdes, reconoció que los altercados perjudicaban la causa pacífica, pero el énfasis volvió a recaer en la necesidad de que el Gobierno "escuchara" a los jóvenes.
El mismo guion que en Francia
Es el mismo guion que se ha visto en Francia en las últimas semanas, donde núcleos black bloc y elementos de ultraizquierda han escalado las movilizaciones contra el coste de la vida hasta convertirlas en saqueos e incendios, mientras formaciones como La France Insoumise (LFI) alimentan un clima de confrontación institucional.
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