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ANÁLISIS

Ceuta, el punto más delicado del mapa de la Unión Europea

La ciudad española, uno de los tres enclaves con frontera terrestre que la alianza tiene fuera del continente europeo, sufre una de sus peores crisis migratorias. Además, vive bajo el acecho de Marruecos.

La ciudad española de Ceuta (España), al fondo. Imagen de archivo

La ciudad española de Ceuta (España), al fondo. Imagen de archivoAFP.

Alejandro Baños
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Imagínese un pequeño territorio que pertenece soberanamente a un país pero que está ubicado fuera de su territorio y en otro continente, manteniendo sus costumbres, su idioma, su bandera o su moneda. Eso es Ceuta, una ciudad que forma parte de España desde finales del siglo XVI —y, por ende, de la Unión Europea (UE)— que, sin embargo, no está enclavada en el continente europeo, sino en África, concretamente en la costa norte, haciendo frontera con Marruecos.

Desde hace años, Ceuta, que cuenta con una población de en torno a 85.000 habitantes, es el epicentro de una de las situaciones más delicadas que padece la alianza europea: una crisis migratoria que, en las últimas semanas, se ha acentuado tras la masiva entrada de inmigrantes ilegales —muchos de ellos de origen marroquí— a través del mar. La legislación española sobre extranjería, recientemente renovada por el Gobierno de Pedro Sánchez y ratificada por la Corte Suprema del país, indica que no se puede expulsar de inmediato a una persona que ha accedido sin burlar ninguna de las medidas fronterizas, aunque lo haya hecho de manera ilegal. El mar no entra dentro de esas providencias.

Al margen de este problema, Ceuta —igual que la ciudad española de Melilla, que también es suelo europeo en África— se enfrenta a otro: es un constante reclamo de Marruecos, que no reconoce la soberanía española y se refiere a ella como una "ciudad ocupada" o vestigio colonial. Esta discrepancia histórica ha llevado a Rabat a utilizar el control de los flujos migratorios como un instrumento de presión geopolítica en sus negociaciones bilaterales con Madrid y con la UE, abriendo o cerrando la grifo migratorio según se encuentren las relaciones bilaterales.

De hecho, hubo un dramático episodio hace algo más de cinco años, en mayo de 2021, cuando Marruecos decidió relajar su vigilancia fronteriza por cuestiones relacionadas con el conflicto del Sahara Occidental, lo que hizo que en menos de 48 horas en torno a 10.000 personas, incluidos cientos de menores, accedieran a Ceuta saltando y rompiendo las vallas fronterizas sin que la policía marroquí actuase para contener la situación. El Gobierno de España, por entonces ya liderado por Sánchez, se vio obligado a desplegar al ejército para recuperar el control y devolver la estabilidad.

Aquel evento dejó claro que Ceuta no es solo una cuestión de gestión fronteriza, sino un tablero de ajedrez donde se cruzan la diplomacia y la seguridad transnacional. En este y en todos los problemas que se producen en la ciudad, bien sea relacionados con la crisis migratoria o con el enfrentamiento con Marruecos, Bruselas siempre reacciona respaldando a España y advirtiendo a Rabat de que si desestabilizan la zona se consideraría como una agresión a toda la UE.

Desde entonces, la relación ha entrado en fases de tensa calma, sustentadas por acuerdos económicos y de cooperación policial a menudo frágiles. Quedará por ver cómo queda tras los episodios que se están viendo estos días en Ceuta.

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