El Canal de la Muerte: el vertedero de cadáveres que retrata la crisis de violencia en Ecuador
La disputa entre organizaciones criminales, el aumento de las desapariciones y las denuncias por abusos durante la ofensiva estatal contra el narcotráfico han convertido a un sector de Guayaquil en el retrato más descarnado de la crisis que atraviesa el país suramericano.

Una señora residente de Nueva Prosperina, donde se ubica el Canal de la Muerte
Cuando un ser querido desaparece, la búsqueda suele comenzar en hospitales, comisarías o en la morgue. Pero en un rincón de Guayaquil, la ciudad más poblada de Ecuador, los familiares han aprendido que existe otro lugar donde mirar primero: un canal de riego convertido en un cementerio clandestino a cielo abierto.
Los habitantes lo llaman el Canal de la Muerte.
A lo largo de más de 45 kilómetros, este ducto que atraviesa el distrito de Nueva Prosperina —considerado uno de los sectores más violentos del país— se ha transformado en un símbolo del avance del crimen organizado y del colapso de la seguridad en la nación suramericana. Allí aparecen cuerpos flotando, restos humanos atrapados entre las compuertas y víctimas que, muchas veces, nunca fueron oficialmente buscadas.
Más que un escenario del horror, el canal resume la profunda transformación de un país que hace apenas una década era considerado uno de los más seguros de América Latina y que hoy enfrenta una de las mayores tasas de homicidios de la región, impulsada por la disputa entre organizaciones criminales ligadas al narcotráfico.
Un canal convertido en fosa común
En mayo, familiares encontraron el cuerpo de Georgina Bermeo, de 38 años, boca abajo entre la maleza y el agua contaminada del canal. Su esposo, José Cedeño, de 43 años, también fue asesinado y arrojado al mismo lugar.
Según sus allegados, ambos fueron víctimas de un robo antes de ser ejecutados.
"El único pecado de nosotros es ser negros", dice a la AFP la hermana de Georgina, quien pidió mantener su identidad en reserva por temor a represalias de los grupos criminales que operan en la zona.
La mujer asegura que decidió no denunciar el crimen porque, según afirma, "los policías están comprados por los delincuentes".
Construido originalmente para irrigar cultivos agrícolas, el canal comenzó a cambiar de rostro después de la pandemia de covid-19, cuentan los vecinos. Desde entonces, dicen, los cadáveres comenzaron a aparecer con una frecuencia cada vez mayor.
Hoy, el camino de tierra que bordea el ducto está rodeado de basura, aguas estancadas, perros famélicos y gallinazos. No existen cámaras de vigilancia ni alumbrado público. Residentes afirman que hombres armados en motocicletas controlan los accesos al sector.
"La muerte nos visita"
Juan Ordóñez vive en Nueva Prosperina desde hace cuatro décadas. Ha visto cómo el barrio pasó de ser una zona periférica a convertirse en un territorio disputado por bandas criminales.
"Se vive con miedo, con las puertas cerradas y no hay cómo abrir porque la muerte nos visita", cuenta.
Dice haber observado cadáveres atorados en las compuertas donde termina el canal.
Desde 2023, la Policía Nacional ha recuperado más de un centenar de cuerpos en este ducto, algunos desnudos, otros dentro de sacos de yute. En noviembre de ese año, las autoridades localizaron además una fosa clandestina con nueve cabezas, brazos y torsos humanos.
"Dejan cadáveres, de tres a cinco, y aparecen flotando aquí en el canal", relata Miguel Ángel Tenemaza, taxista de 45 años.
El teniente Christian Echeverría, integrante de la unidad especializada en muertes violentas, coincide con esa descripción. "Es un lugar para botar cadáveres. Los ejecutan ahí o más arriba y son arrastrados por la corriente", explica.
Durante los tres años que trabajó en Guayaquil, admite que perdió la cuenta de los cuerpos recuperados.
El epicentro de la guerra criminal
Nueva Prosperina concentra buena parte del deterioro de la seguridad en Ecuador.
El distrito se ubica en el noroeste de Guayaquil, ciudad que alberga el principal puerto marítimo del país y uno de los principales puntos de salida de cocaína hacia Estados Unidos y Europa.
Su ubicación estratégica convirtió al sector en un territorio codiciado por organizaciones criminales como Los Tiguerones, Los Lobos y Los Choneros, enfrentadas por el control de rutas del narcotráfico, extorsiones y economías ilegales.
La violencia ha escalado de forma sostenida.
Según análisis humanitarios de ACAPS basados en cifras oficiales ecuatorianas, entre enero y agosto de 2025 Nueva Prosperina registró 474 homicidios, un aumento del 112% respecto al mismo período del año anterior, convirtiéndose en el circuito más violento de Guayaquil.
La presencia del Estado es limitada y, según organizaciones internacionales, las bandas ejercen control territorial mediante asesinatos, extorsiones, secuestros, reclutamiento de menores y desplazamientos forzados.
Ecuador: de oasis de seguridad a epicentro de violencia
Durante buena parte de la década de 2010, Ecuador figuraba entre los países con menores tasas de homicidio de América Latina.
Ese escenario cambió drásticamente.
El fortalecimiento del narcotráfico internacional, la fragmentación de las bandas criminales tras la captura o muerte de sus líderes y las disputas por el control de los puertos provocaron un incremento explosivo de la violencia.
Datos del Ministerio del Interior citados por Reuters muestran que Ecuador cerró 2025 con 9.216 homicidios, un incremento cercano al 30% respecto de 2024, equivalente a un promedio cercano a un asesinato por hora.
Aunque las autoridades reportan una reducción de las muertes violentas durante el primer semestre de 2026, especialistas advierten que la violencia continúa concentrándose en territorios específicos como Guayaquil y su periferia.
Desapariciones y denuncias contra las fuerzas de seguridad
La violencia no solo proviene de las bandas.
Jonathan Villón desapareció en 2024 después de ser detenido durante un operativo militar, poco después de haber servido el desayuno a sus tres hijos. Desde entonces, nadie ha vuelto a verlo.
En marzo, el Comité contra la Desaparición Forzada de las Naciones Unidas informó haber recibido denuncias sobre al menos 51 desapariciones presuntamente cometidas por agentes estatales desde 2024, en medio de la estrategia de seguridad impulsada por el presidente Daniel Noboa.
El conductor del camión militar que transportaba a los uniformados declaró que Villón fue dejado con vida en el Canal de la Muerte. Su hermana recorrió el lugar en dos ocasiones. Después de denunciar públicamente el caso, asegura que le prohibieron regresar. "La última vez me sacaron a bala", cuenta.
Su pareja fue asesinada el año pasado y, tras recibir amenazas, huyó junto a su madre de Guayaquil. "Las bandas trabajan con los militares", afirma.
Vivir bajo el control de las bandas
La vida cotidiana en Nueva Prosperina transcurre entre la ausencia de servicios básicos, el miedo permanente y el dominio de los grupos criminales.
Los taxistas evitan ingresar al sector. Muchas viviendas permanecen abandonadas. Desde un cerro cercano, un policía que acompañó a la AFP señala varias casas sin ventanas. "Desde allí nos apuntan con fusiles", dice bajo condición de anonimato.
"Nada se hace aquí sin permiso de ellos."
Para Eva Sevillano, residente desde hace tres décadas, el canal resume la tragedia de un barrio que se convirtió en sinónimo de violencia. "Matan por otras partes y los tiran aquí, y somos los perjudicados", lamenta mientras aprieta una Biblia.
El Canal de la Muerte no solo recibe cuerpos.
También arrastra el miedo, la impunidad y el deterioro institucional de un país que aún busca recuperar el control de los territorios dominados por el crimen organizado.