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El odio de Ilhan Omar no debe tener cabida en el mundo libre

La congresista demócrata es un cáncer que hace mucho daño a la nación a la que representa.

Ilhan Omar

(Wikimedia Commons)

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La Cámara de Representantes estadounidense votó a favor de expulsar a la congresista radical y antisemita Ilhan Omar del Comité de Asuntos Exteriores por sus declaraciones judeófobas disfrazadas de antisionistas –en algunas ocasiones, vale decirlo, no tan disfrazadas.

Omar, una musulmana extremista de origen somalí, se ha expresado en varias oportunidades contra los judíos e Israel con frases verdaderamente repudiables para toda persona que aborrezca el odio. Jonathan S. Tobin recordó en un artículo publicado recientemente una de esas declaraciones en las que la congresista no pudo resistir hacer público su odio antisemita:

Poco después de entrar en la Cámara, Omar tuiteó que el apoyo del Congreso a Israel se debía a los sobornos de Aipac [American Israeli Public Affairs Committee]: “Todo esto es por los benjamines” [en alusión a los billetes de 100 dólares, que llevan la efigie de Benjamin Franklin]. Más tarde se disculpó, pero no se retractó de su apoyo al BDS ni de ninguna otra parte de su agenda antiisraelí.

Más allá de su amago de disculpa, lo que Omar quiso expresar es claro: los judíos dominan las finanzas y usan su dinero para controlar el mundo. En fin, convengamos que la congresista no es muy original y sólo se ha encargado de repetir las teorías conspiranoicas de los antisemitas que derivaron en varias persecuciones a lo largo de la historia; sí, también la que llevaron a cabo los nazis, con los que Omar seguramente simpatiza, al igual que lo hizo el muftí de Jerusalén Amín al Husaini, gran aliado de Adolf Hitler, a quien intentó ayudar a exterminar a los judíos del Medio Oriente.

Omar tiene demasiado odio dentro, por lo que no puede evitar que salga a la superficie, más allá de las ridículas justificaciones de algunos demócratas progresistas que, en su afán de alcanzar el poder para implementar sus políticas autoritarias, intentan tapar el sol con la mano. De hecho, tal como señaló Tobin en su artículo, las declaraciones de la congresista provocaron

llamamientos tanto de republicanos como de demócratas para que se censurara a Omar. Pero los progresistas de la Cámara se unieron a ella. En un acto épico de gaslighting, afirmaron que era Omar quien estaba siendo discriminada por ser una "mujer de color", además de inmigrante y la primera congresista somalí-americana.

Sin embargo, la mencionada declaración odiosa no fue la única de Omar. Tiene de sobra en su haber. En una oportunidad sostuvo: “Israel ha hipnotizado al mundo, que Alá despierte a la gente y le ayude a ver las malas acciones de Israel”. Otra vez, los judíos dominan el mundo y el Todopoderoso Alá, el mismo que llama a la Yihad, nos va a salvar de sus garras.

El Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes es importante para la imagen estadounidense ante los ojos del mundo. Nadie pide que las expulsen del país, pero Estados Unidos no puede darse el lujo de mancharse de semejante manera. Debe ser un faro de libertad y tolerancia para todo el planeta.

En otra ocasión afirmó: “Llamar la atención sobre el régimen de apartheid israelí está lejos de odiar a los judíos”. Sí, ¿cómo no? El problema del planeta es uno de los países más abiertos, plurales y libres del mundo, y ni hablar del Medio Oriente, donde gobiernan tiranías islamistas y bestiales que desprecian los más básicos derechos humanos. Aparentemente, defenderse del terrorismo que ella justifica es apartheid, sin importar que los árabes en Israel puedan estudiar y trabajar de lo que quieran (sin importar el sexo), llenarse los bolsillos como acaudalados empresarios, estar en la Corte Suprema de Justicia y mandar a prisión a importantes políticos judíos, formar parte del las Fuerzas Armadas o la Policía, rezar donde quieran y como quieran, manifestarse contra el Estado judío (incluso con banderas palestinas); y hasta hay parlamentarios árabes (que no representan a todo el sector, claro) despotricando contra Israel y defendiendo terroristas a diario. Ojalá los musulmanes (árabes y no árabes) puedan tener en sus países un pequeño porcentaje de las libertades de las que gozan en Israel.

Por supuesto que, en su afán de congraciarse con la izquierda, por mera conveniencia política, y para mostrarse como una mujer que, en realidad, es antisionista y no antisemita, realizó una grotesca comparación entre Israel, Hamás y el Talibán. Hablar tonterías es gratis, claro, pero si realmente quiere demostrar su punto de vista, pido a la congresista y a los de su cuerda que visiten Gaza y Afganistán, donde me encantaría verles comportarse como lo hacen en Estados Unidos. Que todo su wokismo salga a la superficie en esos lugares: seguramente sólo necesitarían un pasaje de ida.

Por supuesto que siempre intenta victimizarse con el apoyo de sus amigos de izquierda, que sólo la usan para oponerse a Israel, pero lo cierto es que el islamismo radical y la izquierda extremista se odian tanto como se usan mutuamente, y todo por motivos políticos. Este conflicto ya comenzó a verse reflejado en la sociedad de Estados Unidos, pero aún no a nivel político, claro, donde reina la hipocresía.

En 2019, Omar y Rashida Tlaib, su compinche igualmente antisemita en la Cámara de Representantes, quisieron viajar a Israel para seguramente realizar tareas de propaganda antiisraelí desde los territorios controlados por la Autoridad Palestina. A Omar se le prohibió ingresar, mientras que a Tlaib se le otorgó un permiso para que pudiera visitar a su abuela. Sin embargo, la congresista rechazó viajar por las “condiciones opresivas” impuestas por Jerusalén. En aquella oportunidad escribí un artículo oponiéndome a la decisión del Gobierno hebreo, a pesar de que los israelíes mismos tienen prohibido o restringido el ingreso a varios países musulmanes (árabes y no árabes), ya que considero que ese gesto de buena voluntad hacia estas dos antisemitas hubiera sido un golpe a la imagen de ellas, no de Israel, más allá de la campaña de propaganda que ellas hubieran llevado a cabo. Ellas seguramente festejaron la decisión de Jerusalén y probablemente era lo que buscaban, por los que les confirió una imagen de víctimas que no se merecen.

Sin embargo, un asunto es permitir el ingreso de personas a un determinado país y otro muy diferente es la imagen que muestra una nación a través de sus representantes.

El Comité de Asuntos Exteriores es importante para la imagen estadounidense ante los ojos del mundo. Nadie pide que las expulsen del país, pero Estados Unidos no puede darse el lujo de mancharse de semejante manera. Debe ser un faro de libertad y tolerancia para todo el planeta. La decisión de expulsar a Omar del comité es acertada. La congresista es un cáncer que le hace mucho daño a la nación a la que representa. Su profundo odio y su gran intolerancia no deben tener cabida en el mundo libre.

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