Es tiempo de hablar sobre la propiedad de las empresas del magnate sudafricano.

A finales de abril, Elon Musk canceló a último momento un viaje a la India. Aterrizó, en cambio, en Pekín. Allí llegó a un acuerdo para rescatar a Tesla y los resultados fueron inmediatos: las acciones del fabricante de vehículos eléctricos, que habían perdido el favor de Wall Street, se dispararon con la noticia. Washington debe preocuparse ahora porque China no tome la otra gran empresa de Musk, SpaceX, fundamental para las ambiciones espaciales de Estados Unidos.

Durante su viaje de dos días a China, el segundo en menos de un año, el multimillonario anunció que había llegado a un acuerdo sobre software de navegación y cartografía con la empresa china Baidu. La Asociación China de Fabricantes de Automóviles dijo en una declaración del 28 de abril que los vehículos Modelo 3 y Modelo Y de Tesla habían superado los requisitos de seguridad de datos.

En China, donde los compradores de automóviles están mucho más centrados en las características tecnológicas que los estadounidenses, Musk quiere implementar el software de autonomía completa de Tesla. Actualmente, sus coches sólo tienen la función básica de asistencia al conductor, el piloto automático. La mayoría de los analistas suponen que Pekín le concederá la aprobación que busca.

Musk hizo que Tesla dependiera de China. Los jerarcas chinos lo saben.

Musk necesitaba que le echen una mano. No hace mucho, Tesla sobresalía en China. Ya no es el caso. BYD Company y "una flota completa de nuevos vehículos eléctricos" están, en palabras de Scott Foster, colaborador de Asia Times, "haciéndola parecer cada vez más una empresa de automóviles común y corriente".

Como resultado, la cuota de mercado de Tesla está en picada. Hace un año, la compañía ocupaba el puesto número uno en el segmento minorista de vehículos de nueva energía en el país asiático. En el primer trimestre de este año, cayó al tercer lugar. BYD vendió en ese período 586.000 coches, Geely 137.000 y Tesla 132.000. No está claro que Tesla pueda competir en China, donde el régimen hace todo lo posible para favorecer a los competidores autóctonos.

Musk sabe que China es "la gallina de los huevos de oro del mercado de vehículos eléctricos". La "gigafábrica" ​​de Tesla en Shanghai, inaugurada en 2019, es el "corazón y los pulmones" de su producción. Es su instalación más grande fuera de Estados Unidos. China es ahora su segundo mercado más grande.

El Partido Comunista cimienta su influencia

Musk hizo que Tesla dependiera de China y los gobernantes chinos lo saben. Desafortunadamente para él, Beijing tiene un abanico de problemas con su otra empresa icónica, SpaceX.

Por un lado, la compañía supone un obstáculo al sueño chino de llevar un hombre a la luna antes de que Estados Unidos logre su regreso y su sistema Starship puede acelerar la construcción de bases lunares. Además, SpaceX es un importante contratista de defensa estadounidense y, más aún, opera la constelación de satélites Starlink en la órbita terrestre baja.

Starlink tenía hasta el mes pasado 5.800 satélites operativos dando vueltas alrededor de la Tierra. Se trata de un sorprendente 60% de todos los satélites activos. Musk contemplaba ampliar su flota a 30.000 satélites y ahora podría estar pensando en 42.000. China sabe que, a menos que detone múltiples armas nucleares en el espacio, le resultará difícil derribar tantos satélites, por lo que el ejército estadounidense seguirá teniendo acceso al espacio en tiempos de guerra.

"¿Fabricar más Teslas en China podría poner en riesgo los contratos de SpaceX con varias agencias gubernamentales de Estados Unidos?". William Pesek, el veterano columnista de Forbes radicado en Tokio, no formuló aquel interrogante en vano. El Washington Examiner informó en 2020 que Cory Gardner, republicano de Colorado que entonces presidía el subcomité de Asia Oriental del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, y el personal del Senado estaban considerando si los contratos de la NASA con SpaceX "representan un riesgo potencial para la seguridad nacional debido al apoyo financiero chino a la compañía de automóviles eléctricos del mismo propietario".

"¿Qué les impide acudir directamente a Musk y decirle: 'Reclamaremos su línea de crédito anticipadamente, a menos que nos dé X, Y o Z?'", dijo al Examiner "un asistente republicano del Congreso involucrado en negociaciones sobre la legislación que rige la agencia espacial". "No vemos que exista un mecanismo que pueda contrarrestar este tipo de presiones, aparte del buen comportamiento de un individuo".

Es tiempo de conversar sobre la propiedad de Tesla y SpaceX.

"¿Cómo es posible que el principal líder estadounidense en innovación tecnológica no comprenda los riesgos de una relación más profunda y enrevesada con el Partido Comunista de China?", preguntó Blaine Holt, general de brigada retirado de la Fuerza Aérea de EEUU y empresario tecnológico, en comentarios a Gatestone. "Para que Tesla cumpla sus objetivos, el reciente acuerdo requiere que el PCC apruebe varios pasos futuros. Musk debería sospechar que China le exigirá que transfiera tecnología y datos sobre Starlink y los cohetes de carga pesada de SpaceX".

"La decisión de China de permitir que Tesla utilice el mapeo de navegación preciso de Baidu para su sistema de conducción autónoma total es un modo de seguir aumentando su influencia sobre Musk", dijo a Gatestone Richard Fisher, del International Assessment and Strategy Center. "Mientras tanto, la relación de Tesla con Baidu avanza hacia el área del Big Data y potencialmente ayudará a la compañía china con sus ambiciones en cuanto a la inteligencia artificial, lo que podría resultar en beneficios militares inminentes para el Ejército Popular de Liberación".

Las preocupaciones de Gardiner son aún más apremiantes. "¿Mirará el Congreso hacia otro lado mientras el PCC implementa su ya tradicional manual de chantaje corporativo, comprometiendo nuestra seguridad?", pregunta Holt.

"Tú me tienes a mí, yo te tengo a ti". Las palabras del primer ministro chino, Li Qiang, a Musk el 28 de abril aparentan ser una muestra de amistad. Son una advertencia.

Es tiempo de conversar sobre la posesión que Musk tiene de Tesla y SpaceX. Una persona endeudada con China no debería tener semejante peso en el esfuerzo estadounidense por permanecer en el espacio.

© Gatestone Institute