Biden traiciona los intereses americanos e israelíes

El bloqueo del suministro de armas demuestra que Washington prefiere que Hamás gane la guerra que inició el 7 de octubre. Aquel final causará un daño incalculable para Estados Unidos, tanto en casa como en el extranjero.

Esta no es la primera disputa entre los gobiernos de Estados Unidos e Israel. Tampoco es la primera vez que Washington utiliza el suministro de armas para intentar presionar al Estado judío. Pero la última medida del presidente Joe Biden no tiene precedentes.

Al declarar que dejará de suministrar armas a Israel, incluidas bombas pesadas de alta tecnología y proyectiles de artillería, si intenta entrar en Rafah para eliminar el último bastión de Hamás en Gaza, el demócrata hizo una declaración que no deja lugar a dudas: Estados Unidos ordena el fin de la guerra que el grupo terrorista inició masacrando hombres, mujeres y niños el 7 de octubre.

Que Israel se someta al dictado de Biden no solo resultaría en la supervivencia de un grupo terrorista genocida -que, así, podría llevar a término su promesa de cometer más horrores como el del Sábado Negro-. Semejante evolución significaría también que Hamás sería visto como el vencedor del conflicto. Aquello tendría consecuencias de gran alcance tanto para la seguridad de los israelíes como para los aliados árabes de Washington. También sería un triunfo para Irán, el principal respaldo de Hamás, y sus proxies terroristas.

Un discurso engañoso sobre el Holocausto

La impactante traición se volvió aún más amarga por una engañosa decisión del presidente: posponer el anuncio hasta después de su discurso en conmemoración del Holocausto. Fue el 7 de mayo en el Capitolio, exactamente siete meses después del día de las atrocidades. En su alocución, Biden expresó un firme apoyo a Israel y a una dura reprimenda para Hamás. También prometió "nunca olvidar" la tragedia del pasado octubre. Dado que las amenazas de un corte del flujo armamentístico estaban ya en circulación, había buenas razones para creer que el discurso, por lo demás ejemplar, era parte de un doble juego de la Administración. Como se podía dilucidar entonces, y a pesar de su promesa, Biden había olvidado tanto las atrocidades de los terroristas como el sufrimiento de los rehenes.

Las maniobras del Gobierno hasta aquel momento habían eliminado todo incentivo que hubiera podido tener la formación islamista para devolver a los cerca de 130 rehenes en su poder o abandonar su misión de recuperar el control de Gaza. El equipo de Biden ha estado presionando incansablemente a Israel para que haga concesiones obscenas a los terroristas. Como era de esperar, no importa lo que ceda Israel. Nunca es suficiente para Hamás. Sus líderes creen que Biden no dejará que los derroten, por lo que pueden seguir diciendo "no" sin ninguna represalia.

El anuncio del corte de armas sólo reafirma esa creencia. A pesar de seguir expresando labios para afuera que desea alcanzar un acuerdo para liberar a los rehenes, Biden ha sellado sus destinos -incluido el de los cinco estadounidenses, presumiblemente en algún lugar en los túneles bajo Rafah- con sus recientes amenazas a Israel.