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Ayaan Hirsi Ali, una historia de brutal honestidad que desemboca en su conversión al cristianismo

Primero musulmana, luego una de las más prominentes figuras del nuevo ateísmo, hoy cuenta cómo su búsqueda de la verdad la convirtió en cristiana.

Ayaan Hirsi Ali (MARTIN BUREAU / AFP)

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Los grandes cambios en la vida demandan una dosis brutal de honestidad y humildad. La honestidad para reconocer que lo que creímos cierto no funciona más y la humildad para aceptar que estuvimos equivocados toda nuestra vida. También se necesita valentía, para dejar caer las columnas que en algún momento sostuvieron nuestra visión del mundo y disponerse a reconstruir mientras se avanza en un camino de búsqueda de la verdad.

La historia de Ayaan Hirsi Ali, una activista por los derechos de las mujeres musulmanas, que fue criada en el islam, luego se volvió atea, y recientemente pasó de ser una figura reconocida del ateísmo a ser cristiana, es una historia de honestidad, humildad y valentía. Además, por ser ella tan inteligente y aguda en temas de vital importancia, su camino de transformación religiosa deja reflexiones importantísimas sobre asuntos políticos fundamentales de nuestro tiempo.

Incluso para quienes no están interesados en temas religiosos, su historia, en momentos de guerra en Medio Oriente, da lecciones que no se pueden ignorar sobre las causas del asunto y sobre el fatal error que se está cometiendo, en materia de política internacional, con el manejo que se le está dando al islamismo y la migración musulmana.

Su camino de conversión al cristianismo, me parece, fue en una dirección contraria a la que tiene la mayoría de la gente en su conversión, y eso hace la historia aún más interesante, porque aunque el desarrollo es diferente, la conclusión termina siendo la misma a la que llegamos muchos de los que hemos buscado el camino de Dios y hemos cambiado de opinión: todo, absolutamente todo, desde nuestra vida y felicidad, hasta lo que ocurre en el mundo entero, depende de Dios.

Ayaan afirma que en gran medida su conversión a Cristo fue producto de la reflexión sobre lo que ocurre a nivel global. Ella llega a la conclusión de que es imposible contrarrestar los grandes problemas que vive hoy Occidente si no se tienen las herramientas que vienen del judeocristianismo. Normalmente la gente no reflexiona sobre política para convertirse, sino que es la necesidad de llenar el vacío interior lo que los lleva a la búsqueda de Dios, que luego termina en reconocer que Dios es el que nos cambia, y que es el único que puede cambiar a las personas, por lo tanto un mundo mejor es imposible sin Dios.

La historia de Ayaan es inspiradora pero sobre todo muy necesaria en estos tiempos, tanto para no creyentes que quieren entender un conflicto que en realidad es una guerra religiosa, como para creyentes y nuevos conversos que cada día buscan la verdad.

La honestidad como clave para abandonar el islam

Parte fundamental del primer cambio, el de dejar de ser musulmana, viene de un acto brutal de honestidad. Ayaan se preguntó, después de los atentados del 11 de septiembre —que ella condenó fuertemente—, cómo podía seguir siendo musulmana.

"Después de todo, el principio subyacente que justificó los ataques era religioso: la idea de la Jihad o Guerra Santa contra los infieles. ¿Era posible para mí, como para muchos miembros de la comunidad musulmana, simplemente distanciarme de la acción y sus horrendos resultados?".

Esa pregunta honesta, y la humildad para reconocer que buena parte de su vida estuvo equivocada, la llevaron a conclusiones fundamentales. La primera, es que importantes líderes de Occidente, intelectuales y gente que influencia a millones, se negaba a aceptar la causa de esos atentados, aún cuando el mismo Osama Bin Laden lo había dejado claro: la razón principal de esos ataques es religiosa, es la guerra contra los infieles.

En ese entonces culparon a los errores de la política exterior estadounidense. Hoy, reflexiona Ayaan, culpan de los terribles ataques del 7 octubre, a la política del gobierno israelí. Es un fatal error de diagnóstico que impide tomar las medidas adecuadas al respecto.

La segunda conclusión tiene que ver con el carácter violento del islam y las consecuencias inevitables del asunto. Por ejemplo, respecto a la guerra entre Hamás e Israel, la activista señala varios aspectos claves de su educación en el islam, que cualquier persona que quiera entender lo que ocurre hoy en Israel, debería tener en cuenta. Según le enseñaron, el mayor logro posible es morir como mártir en nombre de Allah. Además, según las enseñanzas del profeta, no se puede ser amigo de quien rechaza convertirse al islam, pero particularmente hay que maldecir a un grupo de inconversos: los judíos.

"Maldecíamos a los judíos varias veces al día y expresábamos horror, disgusto e ira ante la letanía de delitos que supuestamente habían cometido. El judío había traicionado a nuestro Profeta. Había ocupado la Santa Mezquita de Jerusalén. Continuó difundiendo la corrupción del corazón, la mente y el alma".

La honestidad de la activista para reconocer el carácter violento del islam fue una de las razones por las que decidió volverse atea.

La conversión a Cristo

En su camino al cristianismo, una vez más la política y los acontecimientos globales, pero sobre todo la extrema honestidad de Ayaan son claves. Ella cree que hay tres fuerzas fundamentales que amenazan a la civilización occidental: "El resurgimiento del autoritarismo y el expansionismo de las grandes potencias en las formas del Partido Comunista Chino y la Rusia de Vladimir Putin; el ascenso del islamismo global, que amenaza con movilizar a una vasta población contra Occidente; y la propagación viral de la ideología woke, que está devorando la fibra moral de la próxima generación", y entiende que Occidente ha intentado hacer frente a esto con herramientas seculares —militares, económicas, diplomáticas, tecnológicas—, pero no lo hemos logrado y cada vez perdemos más.

Entonces, para Ayaan la clave está en encontrar lo que nos une, y la respuesta que da la activista es el deseo de defender el legado de la tradición judeocristiana. Entendiendo ese legado como el conjunto de ideas e instituciones diseñadas para salvaguardar la vida, la libertad y la dignidad humanas.

"Como ha demostrado Tom Holland en su maravilloso libro Dominion, todo tipo de libertades aparentemente seculares (de mercado, de conciencia y de prensa) encuentran sus raíces en el cristianismo", afirma Ayaan.

La religión como factor determinante en una sociedad

En este punto la activista llega a un asunto clave, en el que incluso líderes religiosos y políticos conservadores cometen errores: decir que la defensa de la vida, la libertad y la propiedad no tienen nada que ver con religión, es un error enorme y nos termina arrastrando al mar de derrotas que estamos viviendo hoy. Desde el inicio de los tiempos, fueron los mandamientos, que Dios le dio a Moises, para que guiara al pueblo de Israel, los que plantaron las bases de las reglas que hoy tenemos como sociedad Occidental.

No son pocos los intelectuales que desde diferentes campos de estudio han reflexionado sobre el papel de la religión en el éxito de una sociedad. No solo porque, como resalta Ayaan, las libertades que permiten el crecimiento económico y científico de una sociedad vienen del judeocristianismo, sino también porque son esos valores conservadores los que perfeccionan al ser humano, y las sociedad virtuosas tienen buenos rendimientos.

El amor al prójimo, el poner incluso la otra mejilla cuando se es ultrajado, el mandamiento de no matar, son todas normas que hacen a una sociedad grande y completamente diferente a lo que ocurre en los lugares donde es el islam el que reina.

De modo que aunque Ayaan tuvo un camino particular, buscando a Jesucristo como respuesta a su preocupación por lo que ocurre a nivel político en el mundo, tiene toda la razón. En muchas ocasiones, quienes se dedican a comentar sobre política, se concentran casi exclusivamente en las estrategias seculares, olvidando que el origen del mal está en el alma del ser humano, y que la mejor estrategia para solucionar muchos de los problemas es empezar desde el origen y tratar de construir sociedades en las que predomine el amor a Dios y al prójimo, que tienen como consecuencia la lucha contra el pecado.

Son las familias, las iglesias, los valores con los que crece el ser humano y la idea de Dios, los que van determinar el carácter del ser humano, y eso por supuesto se ve reflejado en sus decisiones políticas, tales como si esa persona va a actuar con rencor durante toda su vida, si va a envidiar y a desear el mal a los ricos, o si va a unirse a movimientos autoritarios que limiten las libertades.

De modo que la activista trata el asunto fundamental en vez de acudir a tratamientos paliativos que muchas veces solo intentan contener las consecuencias de un ser humano dañado desde su esencia.

Más allá del utilitarismo

Si bien Ayaan empieza mencionando los problemas del mundo como una de las principales razones de su conversión a Cristo, una vez más, la honestidad la lleva a un maravilloso camino de revelaciones. La escritora reconoce que fue un gran alivio pasar del islam al ateísmo y librarse de la carga que significa estar pensando en los posibles castigos que viviría después de la muerte por no seguir todas las enseñanzas de la doctrina, pero también es clara de que ese miedo de no alcanzar la salvación, nunca despareció. Y en su honestidad y valentía —porque no es fácil enfrentar todas estas dudas— se dedicó a buscar la verdad y acercarse a creencias desconocidas para ella.

"También recurrí al cristianismo porque, en última instancia, encontré que la vida sin ningún consuelo espiritual era insoportable; de hecho, casi autodestructiva. El ateísmo no logró responder una pregunta simple: ¿cuál es el significado y el propósito de la vida?"

El acto de Ayaan es bastante destacable cuando nos encontramos en un mundo en el que la mayoría de la gente ignora estos sentimientos, esas preguntas fundamentales que le dan sentido a la vida. Los ignora o llenan los vacíos con distracciones banales, con placeres momentáneos, con el afán del día día. En estos tiempos la gente vive en el bullicio porque no quiere enfrentar esas preguntas, ni cavar en esos vacíos. Los jóvenes están todo el día en TikTok e Instagram; siempre con los audífonos puestos, siempre evitando el silencio y sin silencio no hay reflexión; siempre haciendo planes porque no pueden encontrar paz en la soledad. Lo de Ayaan es un ejemplo de los grandes cambios que vienen cuando alguien honestamente decide enfrentarse a sí mismo y buscar el sentido de la vida.

El testimonio de Ayaan y los comentarios sobre su camino de transformación deberían hacer reflexionar a muchos, no solo sobre la conexión innegable entre religión y política, sino también sobre la obra maravillosa que ocurre en la vida de aquel que se dispone, con fe, a resolver las cuestiones fundamentales de la existencia y a buscar a Dios una y otra vez, hasta que el alma encuentre paz.

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