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Cumbre en Chile: la izquierda exhibe discursos grandilocuentes y silencios cómplices

El contenido del encuentro dejó entrever una estrategia coordinada para cuestionar, sin mencionarlo directamente, al presidente Donald Trump y sus políticas.

La cumbre

La cumbre "Democracia Siempre" en el Palacio de la Moneda en ChileRodrigo Arangua / AFP

Sabrina Martin
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En una cumbre marcada por señalamientos indirectos hacia Estados Unidos, líderes de Gobiernos de izquierda de América del Sur y España se reunieron este lunes en Santiago de Chile con el objetivo declarado de “defender la democracia”. Sin embargo, el contenido del encuentro dejó entrever una estrategia coordinada para cuestionar, sin mencionarlo directamente, al presidente Donald Trump y sus políticas en defensa de la soberanía económica y los intereses estadounidenses.

La reunión, titulada “Democracia Siempre”, fue convocada por el presidente chileno Gabriel Boric y contó con la participación de Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia), Yamandú Orsi (Uruguay) y el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez.

Aunque Trump no fue nombrado explícitamente, el contexto y las referencias apuntaron a él. La cumbre coincidió con un momento de fricción entre la Administración estadounidense y varios de los asistentes. En particular, Lula denunció un “chantaje inaceptable” después de que Trump advirtiera sobre posibles aranceles del 50% a Brasil, en respuesta a lo que calificó como una “caza de brujas” contra su aliado, el expresidente Jair Bolsonaro, actualmente sometido a juicio por supuestamente planear un golpe de Estado.

Retórica grandilocuente

Durante la apertura del evento, Boric advirtió sobre el “avance del extremismo” y el “deterioro democrático” a nivel global. En la declaración final, los mandatarios aseguraron que el mundo vive una etapa de “profunda incertidumbre” y que es necesario fortalecer las instituciones frente a amenazas como la desinformación, el odio y la desigualdad.

Sin embargo, el comunicado evitó cualquier mención a las graves restricciones a la libertad en regímenes aliados como Cuba o Venezuela, y omitió toda referencia a los cuestionamientos internos que enfrentan varios de los Gobiernos firmantes por debilitar el Estado de derecho, perseguir a la oposición o concentrar el poder.

Propuestas ideológicas con ambición internacional

Entre los compromisos anunciados durante la cumbre, los líderes propusieron la creación de una red de centros de pensamiento afines, así como la promoción de una gobernanza digital basada en la llamada “transparencia algorítmica”. También plantearon el impulso de una “narrativa alternativa” frente al supuesto “retroceso democrático”, el establecimiento de un observatorio de juventudes orientado a “combatir el extremismo” y el respaldo a una fiscalidad progresiva de alcance global.

Aunque revestidas de un lenguaje técnico y aspiracional, estas propuestas tienen un carácter eminentemente discursivo y carecen, en gran medida, de viabilidad práctica. 

Silencios reveladores

Uno de los puntos más controvertidos del comunicado fue la exigencia de un alto el fuego en Gaza y el acceso irrestricto de ayuda humanitaria. No obstante, no hubo una sola mención a Hamás, ni a los atentados contra civiles israelíes, ni al origen del conflicto. La omisión total de cualquier referencia al terrorismo fue interpretada como una muestra del sesgo ideológico del bloque, que ha mostrado afinidad con posturas sistemáticamente hostiles a Israel.

Una cumbre sin voces disidentes

Aunque se presentó como un foro en defensa de la democracia, la cumbre no incluyó representantes de otras corrientes políticas ni promovió un diálogo plural. Los únicos invitados mencionados —la presidente electa de México, Claudia Sheinbaum; el laborista británico Keir Starmer; y el canadiense Mark Carney— también provienen del mismo espectro ideológico. Ninguno asistió.

El analista político Michael Shifter advirtió que este tipo de encuentros podría ser visto en Estados Unidos como una señal hostil hacia Washington. Y es que muchos de los Gobiernos participantes mantienen una relación complicada con pilares fundamentales del orden democrático occidental: la libertad de prensa, el libre mercado y la independencia institucional.

Críticas en redes sociales

El encuentro también generó fuertes cuestionamientos en redes sociales, donde numerosos usuarios señalaron que, lejos de promover un fortalecimiento real de la democracia, la cumbre parecía orientada a brindar legitimidad política a Gobiernos que enfrentan serias crisis de credibilidad en sus propios países.

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