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No a los Reyes, Sí a los Tiranos: La comedia de errores y violencia del movimiento "No Kings"

Resulta fascinante ver a tantos estadounidenses acudir en masa para que les entreguen consignas empaquetadas, ambiguas y ampliamente destructivas. Y es que la facción senior del Partido Demócrata se ha convertido en una auténtica secta apocalíptica, a diferencia de su facción junior, que simplemente parece perseguir la yihad global.

Una manifestación contra Donald Trump en Los Ángeles.

Una manifestación contra Donald Trump en Los Ángeles.AFP

Por tercera vez desde que a algún nostálgico de la propaganda soviética se le ocurrió la idea, los zombies salieron a la calle este sábado 28 de marzo en ocasión de la marcha “No Kings”. Marcharon dócilmente con sus carteles preimpresos, llevados de las narices de sus amos en una supuesta y épica lucha contra la "tiranía". Los organizadores, coaliciones multimillonarias como Indivisible y 50501, alardean de haber movilizado a 8 millones de personas en más de 3.000 mítines por todo el país. Una cifra coreografiada que supera los 7 millones de su ensayo anterior en octubre de 2025.

Resulta fascinante ver a tantos estadounidenses acudir en masa para que les entreguen consignas empaquetadas, ambiguas y ampliamente destructivas. Y es que la facción senior del Partido Demócrata se ha convertido en una auténtica secta apocalíptica, a diferencia de su facción junior, que simplemente parece perseguir la yihad global.

El factor común en este circo son los multimillonarios dirigentes del partido que dice representar al pueblo, gente como el ignífugo Bernie Sanders. Hay un Sanders para todos los públicos, lo que le permite mantenerse vigente a costa de esta marcha de sonámbulos. En el mitin principal de St. Paul, Minnesota el socialista miró a la multitud y sentenció: «Cuando los historiadores escriban sobre este peligroso momento de la historia estadounidense, cuando escriban sobre el coraje y el sacrificio, el pueblo de Minnesota merecerá un capítulo especial».

¿Coraje y sacrificio? ¡Si ni siquiera tuvieron que pintar sus propios carteles! Sanders predicó contra la "oligarquía" en un evento financiado, irónicamente, por una oligarquía de ONGs que dictan a la población cuándo y de qué quejarse. Es la revolución con pases VIP.

La manifestación "No Kings" estuvo llena de gente que cree que hay que derrotar a quienes representan la mayor amenaza para nuestro país. Pero curiosamente y al igual que las protestas del año pasado, esta tercera entrega coordinada, "No Kings III", brindó a los violentos la excusa perfecta para dar rienda suelta a sus impulsos más antiamericanos. Y las estadísticas de este fin de semana demuestran que la tendencia se está acentuando dramáticamente.

La "resistencia pacífica" dejó escenas de caos metódico. En Los Ángeles, la protesta se transformó en una trifulca que dejó un saldo oficial récord de 74 detenidos (entre los que había menores) luego de que los manifestantes atacaran a las autoridades con bloques de cemento frente al centro de detención metropolitano, enviando a dos agentes federales al hospital. Las fuerzas del orden respondieron con gas lacrimógeno, pero los alborotadores “espontáneos” estaban paradójicamente listos con escudos y máscaras, recogían las latas de gas y se los devolvían a la policía. Todo esto mientras un grupo, ondeando banderas palestinas, pateaba al unísono las vallas federales.

El guion se repitió calcado en otras ciudades. En Portland, Oregón, los alborotadores con uniformes idénticos y máscaras para ocultar su identidad, convirtieron al evento en una orgía de vandalismo. En Denver, las fuerzas antidisturbios tuvieron que usar gas pimienta cuando grupos de choque intentaron cortar una autopista.

Lamentablemente, los estadounidenses se están acostumbrando a esta violencia política callejera, y, si estas escenas se vuelven la norma, los violentos y sus amos van a intensificar aún más los disturbios para sus sucesivas ediciones.

Estas forzadas guerras callejeras son el marco de una consigna de una ridiculez inmoral y absurda. La izquierda se manifiesta exigiendo el fin de la monarquía mientras dice representar "el poder del pueblo", aunque no están dispuestos a aceptar lo que dicen las urnas. No defienden la democracia; protestan contra ella.

Las ironías abundan. Donald Trump no es un rey, es un presidente elegido democráticamente que obedece (y apela legalmente cuando puede) cada orden judicial que bloquea a su gobierno. Si fuera lo que los zombies de “No Kings” dicen que es, no estaría lidiando con bloqueos legislativos; retrocesos en sus planes de reducción, y un sinfín de batallas judiciales. Simplemente gobernaría por decreto.

Mientras la palabra "democracia" está siempre en la boca de estos sonámbulos, la sumisión a los regímenes antidemocráticos habita eternamente en sus consignas. Trump fue elegido porque prometió cerrar el colador de delincuencia en que se convirtieron las fronteras durante la Administración Biden, expulsar a los inmigrantes ilegales (promesa que es ampliamente apoyada por la inmensa mayoría de los ciudadanos que cumplen con las leyes), y poner un límite a la tiranía DEI que estaba destruyendo la convivencia cívica. Esto es lo que le pidieron los votantes y es lo que no quiere aceptar la turba patética de “No Kings”.

Estos intentos de destruir al gobierno democráticamente elegido, aceptando la financiación de los enemigos más acérrimos de Estado Unidos deberían tener la valentía de sincerarse. No es a los reyes a quienes se oponen; es a las reglas de la democracia cuando no les favorecen y a todo lo que no se alinee con su dogma progresista.

A partir de ahora, sus pancartas preimpresas deberían ser más honestas y decir: "No kings, we prefer tyrants".

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