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El papel de Dios en la Declaración de Independencia: por qué los Padres Fundadores lo mencionaron cuatro veces

Lejos de ser un detalle anecdótico, las referencias a Dios formaban parte del corazón del argumento revolucionario. Para entender por qué aparecen en la Declaración y por qué no están presentes en la Constitución es necesario explorar la naturaleza de cada documento.

Imitador de Benjamin Franklin lee la Declaración de Independencia/ Stefani Reynolds

Imitador de Benjamin Franklin lee la Declaración de Independencia/ Stefani ReynoldsAFP

Joaquín Núñez
Publicado por

Antes de convertirse en un país, Estados Unidos tuvo que justificar su existencia, tanto entre los propios como en el exterior. Esa fue la misión de la Declaración de Independencia. Mucho más que anunciar la ruptura con Gran Bretaña, el documento debía justificar una revolución contra el imperio más poderoso del siglo XVIII y explicar por qué las trece colonias podían proclamarse libres.

Sin embargo, entre las líneas de ese texto fundacional hay un detalle que suele pasar desapercibido. La Declaración menciona a Dios en cuatro oportunidades, mientras que la Constitución, redactada apenas once años después por muchos de los mismos protagonistas, no lo hace.

Lejos de ser un detalle anecdótico, las referencias a Dios formaban parte del corazón del argumento revolucionario. Para entender por qué aparecen en la Declaración y por qué no están presentes en la Constitución, es necesario explorar la naturaleza de cada documento. 

​Un texto para justificar una revolución

En junio de 1776, el Segundo Congreso Continental encomendó a un comité de cinco delegados redactar una declaración que explicara por qué las trece colonias rompían definitivamente con Gran Bretaña. El grupo estaba integrado por Thomas Jefferson, John Adams, Benjamin Franklin, Roger Sherman y Robert Livingston, aunque fue Jefferson quien escribió el primer borrador en una habitación alquilada en el centro de Filadelfia.

Antes de llegar al pleno del Congreso, el texto fue revisado por Adams y Franklin. Más tarde, los delegados introdujeron nuevos cambios antes de aprobarlo el 4 de julio de 1776.

Por la propia naturaleza del documento, la Declaración de Independencia fue una apología de la revolución, una explicación de los fundamentos que llevaron a las trece colonias a separarse de la corona británica. No fue diseñada como un programa de gobierno. Se construyó como un argumento para convencer tanto a los habitantes de las colonias como a las potencias extranjeras de que la revolución contra el rey Jorge III era legítima.

Las cuatro referencias a Dios presentes en la Declaración de Independencia

En ese contexto, las referencias a Dios desempeñaron un papel central para fortalecer el argumento moral. Cuatro referencias, cada una de ellas con un propósito.

La primera aparece en el párrafo inicial, cuando el texto invoca "las leyes de la naturaleza y del Dios de la naturaleza", para afirmar que los pueblos pueden disolver los vínculos políticos que los unen a otro Estado.

La segunda es probablemente la más conocida, el pasaje más difundido del documento. El texto sostiene que todos los hombres son creados iguales y están "dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables".

Las otras dos referencias fueron incorporadas por el propio Congreso Continental. Antes de concluir el documento, los delegados apelan al "Juez Supremo del mundo”, como testigo de la rectitud de sus intenciones y, finalmente, expresan su "firme confianza en la protección de la Divina Providencia".

¿Qué significan las referencias a Dios?

Las referencias combinan elementos deístas, como las primeras dos, con algunas referencias más cristianas, que suponen un Dios activo y que interviene en el transcurso de la Historia. Esto aparece particularmente en la referencia a la divina providencia, que supone la creencia de que Dios guía, protege y orienta el destino de los hombres y de las naciones.

Brenda Hafera, subdirectora e investigadora asociada del Centro Simon de Estudios Americanos en la Heritage Foundation, habló con VOZ sobre la naturaleza de la Declaración de Independencia.

Según explicó, los fundadores fueron principalmente influidos por la tradición del derecho natural, la Ilustración escocesa, la filosofía antigua y el cristianismo.

“El Gran Despertar se extendió por Estados Unidos en las décadas de 1730 y 1740; la obra más citada por la generación fundadora fue la Biblia, y entre el 70% y el 80% de los colonos estadounidenses asistían a los servicios religiosos de manera regular”, agregó, citando el libro We Still Hold These Truths: Rediscovering Our Principles, Reclaiming Our Future, de Matthew Spalding

Respecto del Gran Despertar, fue un movimiento de renovación religiosa que transformó la vida espiritual de las colonias décadas antes de la independencia.

Hafera señaló que el documento apela tanto "a la razón como a la revelación, a la naturaleza y al Dios de la naturaleza". Para la generación fundadora, sostuvo, esas tradiciones no eran incompatibles, sino complementarias.

“Dotados por su creador”

Sobre el famoso pasaje de la Declaración, Hafera subrayó que, para la época, el concepto era revolucionario.

Hasta entonces, muchas monarquías europeas entendían que los derechos dependían, en última instancia, de la autoridad del soberano. Los autores de la Declaración invirtieron esa lógica: los derechos existían antes que cualquier gobierno porque pertenecían a la propia naturaleza humana. Por lo tanto, si esos derechos habían sido otorgados por Dios, ningún rey ni Parlamento podía avasallarlos.

El Gobierno reconoce, más que otorga, los derechos inalienables y tiene poderes limitados y enumerados. Esa comprensión es un reflejo de lo que significa ser humano y exige un sistema de Gobierno que respete la dignidad humana y propicie el florecimiento humano”, señaló Hafera.

“Al afirmar que los derechos humanos les fueron otorgados por su Creador, el Congreso Continental les confirió una legitimidad sin igual en la historia. Lo que Dios ha dado al hombre no se disfruta a merced de ningún monarca ni Gobierno. La libertad es el derecho inalienable de nacimiento de todos”, escribió al respecto el abogado e historiador Anthony J. Minna, en un artículo publicado en el portal Journal of American Revolution.

¿Por qué la Constitución no menciona a Dios?

La ausencia de referencias similares en la Constitución suele sorprender, pero responde a una razón sencilla: ambos documentos perseguían objetivos completamente distintos.

Una de las metáforas más famosas al respecto fue popularizada por Abraham Lincoln. En diciembre de 1860 comparó a la Declaración de Independencia con una "manzana de oro" y a la Constitución con un "marco de plata". Para Lincoln, el principio de que todos los hombres son creados iguales era el verdadero corazón del proyecto estadounidense; la Constitución, en cambio, era el instrumento diseñado para proteger y preservar ese ideal. En sus propias palabras, el marco fue hecho para la manzana, no la manzana para el marco.

En esta misma línea, Hafera subrayó que “la Declaración establece los principios de Estados Unidos, y la Constitución protege esos principios a través de mecanismos prácticos”.

“Todos los hombres son hombres y no bestias”

Más de 250 años después, aquellas cuatro referencias a Dios siguen despertando interpretaciones y debates. Para Hafera, su importancia radica en que expresan la convicción de que existen verdades fundamentales e inmutables sobre la naturaleza humana: "Son una indicación de que hay un orden en el universo". Esa idea, sostuvo, fue el punto de partida sobre el que los Fundadores construyeron su concepción de la libertad, los derechos y el autogobierno.

Esa visión fue resumida años después por el presidente John Adams, quien escribió la siguiente reflexión sobre el concepto de igualdad en la Declaración:

“En realidad significa poco más que el hecho de que todos somos de la misma especie: creados por el mismo Dios; dotados de mentes y cuerpos iguales en esencia; y que todos tenemos la misma razón, las mismas pasiones, los mismos afectos y los mismos apetitos. Todos los hombres son hombres y no bestias. Todos los hombres y no ángeles”.

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