ENTREVISTA
El poeta impostor de las identidades DEI, en exclusiva con VOZ: "La poesía resurgirá cuando las editoriales se relajen con la ideología"
Los falsos poetas de Aaron Barry fueron publicados, entrevistados y nominados a premios. Hoy, el autor canadiense defiende su experimento como un llamado a la calidad por encima de la identidad.

Imágenes cedidas por Aaron Barry/VOZ.
Durante más de dos años, Aaron Barry, 29 años, hombre, blanco, publicó decenas de poemas bajo el disfraz de poetas DEI. Poemas que, en sus propias palabras, eran "basura". Publicados, afirma, más por la identidad de sus autores que por la calidad de la obra.
Su decisión de desenmascararse a principios de año generó revuelo en la industria. El editor de su primera novela, Femoid, la retiró de circulación (luego fue re-publicada, pero por otro editor y bajo su verdadero nombre). La revista B'K Magazine le dedicó una larga y crítica serie de tuits, asegurando que había "mentido sobre todo", que "su objetivo" era "acabar con las publicaciones dirigidas por y centradas en personas marginadas".
La versión de Barry es muy distinta. Dice que simplemente quería mostrar los sesgos de la industria, como explicó cuando primero reveló su engaño en Substrack: "Yo, como muchos otros en mi posición, podríamos tener la habilidad y la dedicación suficientes como para ingresar en cualquier número de revistas literarias, pero en gran medida permanecemos sepultados bajo una montaña —o, en este caso, un volcán— de cuotas de diversidad, nepotismo, política, etcétera". (Revelación realizada bajo otra máscara, la del escritor Jasper Ceylon).
Por ejemplo: tiktok stoic man, obra que según el autor canadiense cosechó 26 rechazos cuando la presentó firmada con el pseudónimo de un hombre blanco, y sólo uno antes de ser aceptada bajo la autoría de b. h. fein ("elle/es complicado"), una de sus múltiples identidades falsas. Y una prolífica: su obra Shakespeare’s C***** fue nominada a los premios Best of the Net. (Tras enterarse de la farsa, el editor añadió una "nota" corrigiendo la biografía del autor y asegurando que había sido una "cruel broma", pero reconociéndole "un valor artístico").
Otra de sus identidades exitosas fue Adele Nwankwo, un supuesto autor género fluido de la diáspora nigeriana. A Contemporary Tragicomedy, a half-wolf girl dichotomy, AFTER COMING OUT: A WRESTLING PROMO… Nwankwo publicó varias obras. Barry cree que podría haber logrado que "Adele" publique una colección completa, pero explica a VOZ que "había llegado el momento en que me di cuenta de que ya había logrado lo que intentaba hacer".
El poeta impostor ahora recoge su experiencia en Echolalia Review: An Anti-Poetry Collection, cuyo editor pidió permanecer en el anonimato y desmanteló su sello preocupado porque "estar asociado a la controversia" no le permitiera "tener un trabajo de cara al público".
Barry, en exclusiva con VOZ
- Pregunta: Usted adoptó múltiples identidades para enviar poemas a revistas literarias de todo el mundo... pero no se detuvo allí. También concedió entrevistas impostando aquellos autores falsos, intercambió correos personales con editores... ¿Cómo fue el proceso de creación de las identidades falsas?
Respuesta: Cada identidad representaba un tipo de perfil que yo había visto activamente promovido dentro de la industria de la poesía, así que cada una debía tener sus propias motivaciones, estilos, temas preferidos, y demás.
Esto también se extendía a cómo se presentaban al mundo. Por ejemplo, algunas respondían los correos en minúsculas, mientras que otras utilizaban una redacción formal. Algunas usaban frases cortas y entrecortadas; otras se explayaban con incisos entre paréntesis.
Incluso llegué a asignarles ubicaciones geográficas que complementaran su estilo de escritura, investigando complejos de apartamentos que pudieran recibir correo dirigido a ellos (y luego reenviarlo si yo o una persona de confianza no podíamos recogerlo), sin despertar sospechas ni revelar información personal.
Me gustan los acertijos, y disfruto las series donde los personajes elaboran planes complicados o prevén los desenlaces varios pasos por delante, así que esto se convirtió rápidamente en mi versión de eso. Cada vez que un editor o una editorial me presentaba una nueva complicación, yo encontraba una solución, y eso inevitablemente hacía que el engaño fuera más divertido e intrincado.
"Tal vez veamos más poetas impostores en el futuro cercano".
- P. Usted presenta su engaño como una crítica —una sátira, en específico— de la industria literaria. Pero según he leído, no todos los editores reaccionaron negativamente. ¿Diría que su experimento fue no solo una crítica, sino también, en cierto modo, un homenaje a aquellos que juzgaron la obra por su propio mérito?
R. Sin duda, sí. De hecho, me alegraba cuando me rechazaban durante el proceso inicial de envío de poemas, porque eso significaba que quien acababa de leer mis poemas basura había (con razón) encontrado algo deficiente en ellos. Era lo opuesto al proceso habitual de publicación.
De hecho, el editor (llamémosle Z) que aceptó mi colección completa Echolalia Review para publicación, el mismo que me nombró editor jefe en Pere Ube antes de cerrar la revista y la editorial, estaba encantado de haber pasado lo que él llamó mi "test Voight-Kampff poético" cuando le había enviado algunos poemas seis meses antes. La razón por la que le envié el libro completo fue precisamente porque había pasado esa prueba.
Necesitamos más editores en el mundo editorial que, si tienen dudas sobre un poema, o si creen que se podrían hacer mejoras, lo rechacen o trabajen con el autor para perfeccionarlo. Necesitamos editores que se exijan más a sí mismos y a la comunidad literaria, porque eso nos mejora a todos, y hace que obtener su aprobación sea más significativo.
Editores como Z, Max Rosenbloom y otros que conocí en el camino, como Bernard Schweizer de Heresy Press, no se dejaron cegar por afinidades ideológicas a la hora de evaluar una obra, y los respeto por ello.
- P. ¿Cómo se sintió al salir del anonimato tras dos años trabajando detrás de identidades ficticias? Desde afuera parece que reflexionó seriamente sobre el momento y la forma en que revelaría su identidad….
R. En una palabra: liberador. Como mencioné, podría haber mantenido esas identidades falsas durante algunos años más —especialmente la de mi novelista S.A.B. Marcie—, pero el momento se sintió adecuado para quitarme el velo y mostrar lo que había hecho.
Siempre he defendido públicamente la utilidad de los seudónimos en la publicación contemporánea para dar a conocer una obra, y sigo creyendo que más personas deberían experimentar con ellos, pero todo me empujaba hacia la revelación en ese momento.
- P. Usted ha dicho que escribió el libro "para los poetas desencantados que han notado cosas similares". Desde que reveló su identidad, ¿ha recibido mensajes de otros escritores que hayan sentido una exclusión parecida?
R. Sí, de hecho, muchos me han contactado por correo electrónico y redes sociales. Es reconfortante escuchar a personas que han decidido volver a escribir gracias a mi trabajo, o que se han comprometido de nuevo con su vocación. He mantenido conversaciones enriquecedoras con editores, poetas y lectores de todo tipo.
Cuando emprendí este experimento, me dije a mí mismo que todo valdría la pena si lograba que aunque fuera un solo escritor no renunciara a su arte, y me enorgullece enormemente saber que ya son más de uno. Algunos poetas incluso me han dicho que quieren intentar su propia versión de mi experimento. Tal vez veamos más poetas impostores en el futuro cercano.
Pero, curiosamente, también es refrescante escuchar a mis detractores. Valoro su perspectiva, y ha sido muy ilustrativo escuchar todo tipo de objeciones a mi trabajo. Podría prescindir de los comentarios que desean leer mi futura nota de suicidio (jaja), pero en general, creo que es útil para cualquier artista prestar atención, aunque sea en parte, a las críticas que recibe.
- P. Y la poesía… ¿ahora qué?
R. Quiero que sobreviva y prospere como forma de arte. Amo mucha la poesía contemporánea, y creo que nuestros poetas siguen produciendo obras fantásticas todo el tiempo. Solo pienso que la industria se ha desconectado un poco de la realidad, y ahora al público le resulta cada vez más difícil conectar con la poesía actual, lo cual es una lástima.
Pero la poesía —la seria, la que define formas, no solo el contenido fácil al estilo Rupi Kaur— va a resurgir en cuanto los editores y las editoriales aprendan a relajarse un poco con la política y permitan nuevamente que los poetas digan lo que realmente necesitan decir. Al final, todos saldremos beneficiados.