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ANÁLISIS

El "thumos" que le falta a Occidente: Marco Rubio cita a los griegos para pedirle a Europa fuego, coraje y orgullo

"A pesar de sus elevados ideales, los antiguos griegos no eran ingenuos. Comprendían que las naciones tienen intereses. Entendían que el arte de gobernar exige prudencia y diplomacia, pero también sabían que requiere la capacidad de emplear la fuerza cuando la prudencia y la diplomacia fracasan", afirmó Rubio.

Marco Rubio, pronuncia un discurso en la colina de la Pnyx con el antiguo templo del Partenón visible al fondo

Marco Rubio, pronuncia un discurso en la colina de la Pnyx con el antiguo templo del Partenón visible al fondoAFP

Emmanuel Alejandro Rondón

El secretario de Estado, Marco Rubio, habló este miércoles desde la Pnyx, la colina de Atenas donde los antiguos ciudadanos se reunían a deliberar, con la Acrópolis a sus espaldas. Fue un discurso claramente atípico para un líder político en el cargo diplomático más importante del mundo. Rubio empezó con una lección de historia y terminó firmando un manifiesto con un destinatario claro, Europa, a la que invitó a recuperar el orgullo de su herencia desde la mismísima Grecia.

Durante su alocución de casi treinta minutos, Rubio dedicó buena parte del contenido a los griegos y solo hacia el final aterrizó en la política actual. De fondo estaba el antiguo templo del Partenón, con un bellísimo atardecer que lo adornaba mientras el secretario de Estado pronunció un contenido a la altura de la ocasión, donde habló de algunas de las figuras y eventos más transcendentales de la historia de Occidente para, sobre el final, dejar una lección a los aliados históricos de Estados Unidos. 

La ciudad que se levantó de sus cenizas

El secretario de Estado empezó por una escena de hace 2.500 años. En el 480 antes de Cristo, contó, los ejércitos del rey persa Jerjes llegaron a Atenas y prendieron fuego a sus santuarios. La mayoría de los atenienses ya se había ido en barco a una isla cercana, pero un puñado se negó a abandonar su casa, se atrincheró en la roca de la Acrópolis y resistió durante días arrojando enormes piedras sobre los invasores. Los persas terminaron arrasándolo todo. Cuando los atenienses regresaron, recogieron los restos rotos del viejo templo y los enterraron en la misma colina. Décadas más tarde, con Pericles, levantaron el Partenón.

“Desde entonces, el Partenón ha permanecido en pie durante veinticinco siglos. Imperios han surgido y caído bajo su sombra”, espetó Rubio. “Y la descendencia de los hombres que lo construyeron —los hijos de Atenas y Roma— ha llevado su civilización consigo hasta los confines de la Tierra”.

Desde ahí tendió un puente con su propio país. Se presentó como secretario de Estado de una república con dos siglos y medio de vida y como bisnieto de colonos que llegaron al Nuevo Mundo desde España, y dijo estar ahí para dar testimonio de una deuda que ni el tiempo ni la distancia pueden extinguir.

"La historia de EEUU, la historia de mi país, está cubierta con las huellas dactilares de la antigüedad. Grecia está literalmente tallada en la arquitectura de nuestro gobierno: en las columnas imponentes, en las cúpulas y en los monumentos de nuestra capital", dijo. Recordó además que Filadelfia, la ciudad donde nació la Constitución, tiene nombre griego, y que el autor más citado en El Federalista fue Plutarco, el biógrafo de los grandes hombres de Grecia y Roma.

El fuego que se apagó

Para Rubio, lo que Occidente heredó de Atenas va más allá de la democracia, la filosofía o la oratoria. Habló, en grandes términos, de un carácter hecho de ambición, curiosidad, impaciencia ante lo imposible y la convicción de que lo desconocido puede conocerse. Ese hilo, sostuvo, une a los escultores griegos con Miguel Ángel, a los filósofos que buscaban la estructura del universo con Copérnico, Galileo y Newton, y al hambre de saber que llevó a Colón a cruzar el Atlántico y al Apolo 11 a llegar a la Luna.

"Una civilización que debemos luchar por defender hoy con la misma pasión que nuestros antepasados. Los hombres que construyeron el Partenón fueron sucedidos por los arquitectos de la cristiandad europea, que levantaron las catedrales de Milán, Colonia y Florencia", dijo.

En el centro de su alocución usó una palabra griega. "El thumos, como lo llamaban los antiguos griegos —el fuego de la pasión, la fuerza, el coraje y el orgullo—, es el corazón de una gran civilización", continuó el secretario de Estado. Sin él, advirtió, las naciones pierden la voluntad de pelear, de esforzarse y de sobrevivir.

A su juicio, buena parte de Occidente olvidó el thumos. Dijo que desde esta parte del planeta se llegó a sentir vergüenza de lo que lo hizo excepcional, que "nacionalismo" se volvió una mala palabra, que se derribaron monumentos y que se enseñó a los niños a avergonzarse de sus países. Y razón no le falta. Por muchos años, el crecimiento exacerbado de lo woke, impulsado desde el Estado, organizaciones supranacionales y la prensa, llevó a muchos a confundirse sobre lo que es deseable para nuestras naciones: el fortalecimiento de la familia, el cuidado de los símbolos y las fronteras, el progreso económico, la preservación de la comunidad y, especialmente, el cultivo fe, con Dios como gran guía. De un momento a otro, la sociedad occidental empezó a discutir trivialidades y poner las prioridades reales boca abajo, enarbolando banderas absurdas y, en muchos casos, indefendibles, como echar estatuas de hombres históricos como Cristóbal Colón abajo; reescribir la historia; quemar banderas y otras tantas atrocidades que se cometieron en la última década. 

"Hoy, con demasiada frecuencia, construimos hacia abajo. Diseñamos nuestros estándares para que nadie pierda", dijo Rubio, y dio una lección para quienes piensan al revés recordando los hombres del Partenón, quienes apuntaban hacia arriba.

También contrapuso los héroes de Occidente, de Sócrates a los 300 espartanos y Aquiles, que mueren por una causa, pero no adoran la muerte, con los terroristas radicales de Irán, cuyo culto a la muerte, según él, convierte en héroes nacionales a niños terroristas suicidas.

Un cruce de caminos

De la historia pasó a la actualidad culminando con un diagnóstico duro, poco digerible. Dijo que Occidente abrió sus fronteras, tercerizó su industria, dejó que sus ejércitos se debilitaran y fue cediendo soberanía a burocracias globales fuera de su control, y que sus rivales, como China, aprovecharon este vacío. Y ahora todo Occidente está ante una encrucijada, porque las decisiones de la próxima década escribirán la historia del próximo siglo. "O elegimos actuar ahora, o perdemos por completo la opción de actuar", advirtió. 

Bajo el liderazgo del presidente Donald Trump, aseguró, EEUU ya eligió. Enumeró recuperar el control de las cadenas de suministro críticas, reindustrializar la economía, reconstruir la defensa y pelear por el dominio de tecnologías como la superinteligencia, los drones, los chips y los minerales, además de devolver astronautas a la Luna. Y volvió a los griegos para justificar el uso de la fuerza. Ellos, los griegos, entendían, según Rubio, que el poder exige no solo los medios para defenderse, sino la credibilidad de que se está dispuesto a usarlos. Esa es, afirmó, la concepción clásica de la política que la Administración Trump quiere recuperar para toda la civilización, incluyendo Europa.

“A pesar de sus elevados ideales, los antiguos griegos no eran ingenuos. Comprendían que las naciones tienen intereses. Entendían que el arte de gobernar exige prudencia y diplomacia, pero también sabían que requiere la capacidad de emplear la fuerza cuando la prudencia y la diplomacia fracasan. Comprendían que el poder no solo exige disponer de los medios para defenderse, sino también la credibilidad de estar dispuesto a utilizarlos. Esta es la concepción clásica de la política y del arte de gobernar que la Administración Trump aspira a recuperar; recuperar no solo para nuestro país, sino para el conjunto de nuestra civilización”.

Estas palabras están sustentadas con hechos. Pregúntele a, por ejemplo, el tirano Nicolás Maduro, quien hoy espera, junto a su esposa Cilia Flores, un juicio por narcoterrorismo desde Nueva York tras su captura el pasado 3 de enero a manos de fuerzas estadounidenses. Maduro, quien pasó años burlándose de EEUU, los países europeos y las organizaciones internacionales, llenando el continente de droga y generando el peor éxodo masivo de la historia de la región por su maldad encarnada en tiranía, que se robó elecciones, que provocó hambruna, que persiguió a la disidencia, quien se creía intocable, probó un poco de la nueva política de EEUU: el uso de la fuerza ante el fracaso de la prudencia y la diplomacia. 

El llamado a Europa

El tramo final de su discurso fue una invitación. "Creemos que Europa puede despertar de su largo letargo y reavivar el fuego que se encendió aquí hace milenios", dijo Rubio. Vio señales en el continente, como el fuerte aumento del gasto en defensa, las nuevas alianzas y la mayor producción, tras los compromisos asumidos el año pasado en La Haya. Y puso a Grecia como ejemplo, un aliado modelo en energía, migración y defensa.

Admitió que las pasiones a veces tensaron los lazos entre EEUU y Europa, pero pidió que no se rompan. Como muestra de lo que imagina citó el acuerdo con Dinamarca y Groenlandia, que, dijo, reconfigurará el Ártico y reforzará la seguridad de toda la OTAN. "Queremos ganar juntos. Debemos ganar juntos", sentenció, aunque, quizás, para el Viejo Continente todo es demasiado tarde. EEUU y China compiten entre sí por la dominancia global, por amplio margen sobre el tercero. Europa entregó su soberanía fronteriza, comercial y también su fuerza laboral y la confianza de sus ciudadanos, que ahora salen por el mundo a respirar un poco de libertad y calma para intentar forjar su propio camino lejos del Estado burócrata que los pisa. 

Cerró con una cita de Daniel Webster, que en 1824 le dijo al Congreso estadounidense que Grecia había existido y que su país, como el resto de la humanidad, le debía mucho.

“Esta forma de gobierno libre, esta asamblea popular... esta práctica del debate libre y la discusión pública, la confrontación de ideas... incluso el edificio en el que nos reunimos, estas columnas de proporciones armoniosas, esta arquitectura ornamentada: todo ello nos recuerda que Grecia ha existido y que nosotros, al igual que el resto de la humanidad, estamos profundamente en deuda con ella”.

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