ANÁLISIS
Más verde no es siempre más agua: el reverdecimiento mundial debilita el vínculo entre carbono y humedad
El planeta está más verde desde los años ochenta, pero eso no garantiza más agua disponible. Un estudio global halla que, en casi la mitad de las zonas analizadas, el verdor coincidió con menos humedad, y que el vínculo entre capturar carbono y conservar agua se ha debilitado.

Una ceiba en la selva amazónica.
La vegetación del planeta se ha vuelto más frondosa desde la década de 1980. Sin embargo, este proceso, conocido como greening o reverdecimiento, tiene efectos muy distintos sobre el agua según la región. En algunas zonas coincide con una reducción de la disponibilidad hídrica y, en otras, con un aumento.
Esta es la principal conclusión de un estudio publicado en 2026 en la revista GIScience & Remote Sensing, de Taylor & Francis, que analiza la relación entre el crecimiento de la vegetación, el carbono y el agua a escala global. La investigación combina datos de satélites con proyecciones de diez modelos climáticos del programa CMIP6 para el periodo 2024-2100.
Más vegetación, pero menos agua en el periodo histórico
Los investigadores utilizaron el índice de área foliar, conocido como LAI, para medir la densidad de la vegetación. También calcularon la disponibilidad de agua (WA) como la diferencia entre las precipitaciones y la evapotranspiración, es decir, el agua que vuelve a la atmósfera desde el suelo y las plantas.
Según el estudio, el LAI aumentó de forma sostenida entre 1982 y 2023, con un incremento significativo en el 69,71% de las áreas con vegetación. El aumento fue especialmente visible en las regiones húmedas, que contribuyeron más a los cambios globales, y en los bosques, que registraron el reverdecimiento más intenso entre los principales tipos de vegetación.
La disponibilidad de agua, en cambio, siguió una tendencia global descendente durante ese mismo periodo. El estudio calcula que disminuyó en el 57,7% de las áreas con vegetación, aunque el descenso fue estadísticamente significativo en el 14,31% de la superficie analizada. Las regiones semiáridas registraron la caída más rápida, con una reducción media de 0,51 milímetros al año.
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Cuatro patrones, no solo dos
El artículo identifica cuatro patrones espaciales basados en las tendencias concurrentes del LAI y el WA:
- GAD (greening-associated drying): aumenta la vegetación mientras disminuye el agua. Representó el 48,6% del área estudiada durante el periodo histórico.
- GAW (greening-associated wetting): crecen tanto la vegetación como la disponibilidad de agua. Representó el 34,6% del área.
- BAW (browning-associated wetting): disminuye la vegetación mientras aumenta el agua. Solo el 7,7% del área.
- BAD (browning-associated drying): disminuyen tanto la vegetación como el agua. El 9,2% restante.
Los autores advierten que estas categorías describen una coincidencia estadística entre las tendencias de la vegetación y el agua. El estudio no afirma que el reverdecimiento sea siempre la causa directa de la reducción o del aumento de la disponibilidad hídrica, ya que ambos procesos también pueden estar condicionados por factores climáticos comunes.
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El futuro podría mostrar un cambio
Las proyecciones climáticas analizadas por los investigadores apuntan a un cambio respecto al periodo histórico. En los escenarios futuros (2024-2100), la disponibilidad global de agua asociada a las zonas con vegetación pasaría a mostrar una tendencia general al alza.
En el escenario de mayores emisiones (SSP5-8.5), el patrón GAW alcanzaría el 68,3% del área estudiada y el GAD perdería el predominio que tuvo en el periodo histórico. Los bosques, que históricamente mostraron contribuciones negativas a las tendencias de WA debido a su fuerte transpiración, pasarían a mostrar contribuciones positivas en los escenarios futuros.
El estudio relaciona esta posible inversión con un aumento de las precipitaciones superior al incremento de la evapotranspiración. En sus proyecciones, las precipitaciones aumentarían a un ritmo de 1,22 milímetros al año, frente a los 0,59 milímetros anuales de aumento de la evapotranspiración.
La temperatura, el factor principal
La investigación también examina la relación entre la absorción de carbono (GPP) y los flujos de agua (ET y WA). Sus resultados indican que, aunque las correlaciones espaciales entre GPP y ET se mantienen positivas a escala global, la fuerza de ese acoplamiento se ha debilitado de manera continua durante las últimas cuatro décadas y la tendencia podría mantenerse en el futuro.
En el caso de GPP y WA, el 51,49% de las áreas mostraron correlaciones negativas durante el periodo histórico, reflejando un desacople impulsado por la evapotranspiración durante el reverdecimiento.
La temperatura aparece como el principal factor asociado a esa evolución a escala global, con contribuciones superiores al 55% en los escenarios futuros. En las regiones áridas y semiáridas, el déficit de presión de vapor (VPD), un indicador de la sequedad del aire, tiene un peso mayor. En las zonas semi-húmedas intervienen conjuntamente la temperatura, el VPD y la humedad del suelo. En las regiones húmedas, la temperatura es nuevamente el factor dominante.
A escala interanual, el 72,06% de las regiones globales exhibieron características dominadas por la precipitación, con contribuciones relativas a la varianza de WA superiores al 60%, un patrón que persiste en los escenarios futuros.
Limitaciones importantes
Además, el indicador de disponibilidad de agua empleado por los autores es un balance climático (WA = P − ET) y no incluye directamente las aguas subterráneas, la escorrentía, el almacenamiento del suelo ni el consumo humano. Los autores señalan que esta aproximación es ampliamente aceptada a escalas espaciales grandes y temporales anuales, pero introduce incertidumbres en regiones con dinámica pronunciada de aguas subterráneas o gestión intensiva del agua.
El estudio también utiliza promedios de múltiples conjuntos de datos para aumentar la robustez, pero reconoce que las inconsistencias potenciales entre productos y los sesgos sistemáticos de los modelos CMIP6, especialmente en latitudes altas y zonas áridas, pueden afectar la precisión de los patrones espaciotemporales y las proyecciones futuras.