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Alfombra roja en la Base Conjunta Andrews, bombarderos B-1 y una tregua con fecha de vencimiento: Trump despliega poder ante Xi en Washington

La ceremonia ofreció una imagen de cordialidad entre Washington y Pekín, pero llegó apenas horas después de que ambos gobiernos acordaran extender por solo dos meses la tregua comercial que mantenía contenida una nueva escalada arancelaria.

Donald Trump y Xi Jinping en la Base Conjunta Andrews

Donald Trump y Xi Jinping en la Base Conjunta AndrewsAFP

Emmanuel Alejandro Rondón

A diferencia de otras visitas oficiales, Donald Trump decidió no esperar a Xi Jinping en la Casa Blanca.

El presidente estadounidense se trasladó este miércoles hasta la Base Conjunta Andrews para recibir personalmente y con honores al líder chino en el inicio de una visita de Estado de tres días que estará marcada por las negociaciones comerciales, la competencia tecnológica, Taiwán y las profundas diferencias geopolíticas entre las dos principales potencias económicas del mundo.

Washington preparó para Xi una recepción poco habitual, según reportaron distintos medios. Una alfombra roja de unos 30 metros fue desplegada frente al avión presidencial chino, acompañada por una guardia de honor de 21 integrantes, representantes de las diferentes ramas militares y los himnos de ambos países. Sobre la base también pasaron dos bombarderos estratégicos B-1 mientras sonaba el himno estadounidense, un hecho que tomó de improviso a Trump, quien bromeó sobre el asunto brevemente con Xi.

Trump, acompañado por la primera dama Melania Trump, estrechó la mano de Xi y de su esposa, Peng Liyuan. En un momento del recibimiento, el mandatario estadounidense incluso le dio una palmada en la espalda al dirigente chino antes de conversar brevemente con él.

“Creo que lo aprecian, gente extraordinaria”, dijo Trump posteriormente desde la Casa Blanca.

La ceremonia ofreció una imagen de cordialidad entre Washington y Pekín, pero llegó apenas horas después de que ambos gobiernos acordaran extender por solo dos meses la tregua comercial que mantenía contenida una nueva escalada arancelaria.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, confirmó que el acuerdo, inicialmente previsto hasta el 10 de noviembre, permanecerá vigente ahora hasta el 10 de enero. Estados Unidos y China mantendrán durante ese periodo la reducción de determinados aranceles y evitarán nuevas restricciones mientras continúan negociando un pacto de mayor alcance.

“No sé si se puede alcanzar un acuerdo más grande. No sé si simplemente prorrogaremos el acuerdo actual”, reconoció Bessent en entrevista con Fox News.

La extensión, sin embargo, es menor a la que buscaba Pekín. Washington quiere utilizar estas semanas adicionales para comprobar el cumplimiento de compromisos chinos pendientes, particularmente las compras de productos agrícolas estadounidenses y el acceso a minerales críticos, dos asuntos que permanecen dentro de la negociación bilateral.

La verdadera negociación empieza más tarde, este jueves

El despliegue de Andrews es apenas el comienzo de la visita de la delegación china. Trump y Xi mantendrán el jueves sus conversaciones formales en la Casa Blanca, donde además habrá una ceremonia de bienvenida y posteriormente una cena de gala. Según la agenda, el comercio bilateral y el desarrollo de la inteligencia artificial estarán entre los asuntos centrales, junto con Taiwán y la guerra contra Irán, donde Washington busca que Pekín utilice su influencia económica sobre Teherán para poner fin al conflicto.

La relación entre ambos líderes combina precisamente esos dos elementos. Trump ha elogiado públicamente a Xi y reivindica tener una buena relación personal con él, mientras su Administración mantiene restricciones comerciales y tecnológicas destinadas a proteger industrias estadounidenses y limitar el acceso chino a tecnologías sensibles.

No todos en Washington celebraron el recibimiento, ya que el gesto de Trump de acudir personalmente a la base es muy poco común. La última vez que un presidente estadounidense recibió allí a un líder político extranjero fue en 1962, cuando John F. Kennedy acudió a recibir al entonces primer ministro británico Harold Macmillan.

El senador republicano Roger Wicker, presidente del Comité de Servicios Armados del Senado, cuestionó la “fastuosa bienvenida” y sostuvo que las diferencias existentes con Xi y el Partido Comunista Chino no justificaban semejante tratamiento.

El secretario de Estado, Marco Rubio, defendió en cambio la necesidad del diálogo directo. Estados Unidos y China, recordó, son “las dos economías más grandes del mundo” y “probablemente las dos fuerzas militares más poderosas del mundo”.

Xi llegó así a Washington con alfombra roja y honores militares, pero también con un cronómetro corriendo sobre la negociación económica. El próximo 10 de enero vence nuevamente la tregua. Antes de entonces, Trump quiere saber si Pekín está dispuesto a convertir la ceremonia de Washington en acuerdos concretos.

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