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Quiebren Irán: cierren su fuente de ingresos petrolera

La historia está llena de terribles represalias infligidas a los enemigos de Estados Unidos cuando estos los subestiman.

Ali Khamenei, líder supremo de Irán.

(Cordon Press)

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Pensemos en el Japón imperial, que subestimó totalmente a los Estados Unidos. Hitler pensó que podíamos fabricar coches, pero que nunca tendríamos la capacidad de producir tanques, una fuerza aérea, una armada de dos océanos ni la fuerza de voluntad para luchar y ganar. Los soviéticos le dijeron a Occidente: "Os enterraremos". Y las cenizas de Osama Bin Laden nunca se encontrarán.

Por eso, cuando el senador estadounidense Lindsey Graham (republicano por Carolina del Sur) advierte a Irán de que su papel en el apoyo al asesinato terrorista de unos 1.400 israelíes a manos de Hamás puede acarrear "consecuencias" inmensamente graves, está intentando asegurarse de que Teherán no cometa el error fatal de subestimar a los Estados Unidos.

A primera vista, podría ser fácil hacerlo. Japón vio que el Congreso estadounidense debatía y retrasaba durante meses antes de instituir finalmente un servicio militar obligatorio en 1940. Hitler vio cómo la Bund nazi, con sede en Estados Unidos, convocaba un mitin en el Madison Square Garden. Actualmente, tenemos un presidente cuya capacidad y voluntad política han sido abiertamente cuestionadas. La Cámara de Representantes está desorganizada. Nos enfrentamos a una deuda de varios billones (trillion) de dólares. Seguramente, debemos estar distraídos y ser incapaces de actuar.

Razón de más para la advertencia de Graham, que incluía "derribar una refinería de petróleo" por cada rehén muerto. "La única forma de evitar que esta guerra se intensifique es responsabilizar a Irán", declaró recientemente Graham.

El 22 de octubre, Graham dijo: "Estamos aquí hoy para decirle a Irán: les estamos vigilando. Si esta guerra crece, irá a su patio trasero". Y para concretar, hizo esa declaración desde Tel Aviv, como parte de una delegación de diez senadores estadounidenses. "No habrá dos frentes, habrá tres", añadió, dejando que el receptor de ese mensaje reflexionara sobre cuál sería y dónde estaría ese tercer frente militar.

Ese comentario no tendría sentido si no fuera porque dos grupos de ataque de portaaviones de la Marina estadounidense están patrullando por el Mediterráneo oriental. Los analistas de Defensa dicen que están allí recogiendo información y patrullando la región, proyectando el poder militar estadounidense.

Con dos grupos de ataque de portaaviones estadounidenses operando al unísono, hay 12.000 marineros estadounidenses no muy lejos del conflicto actual, y vienen armados con lo último en armamento. En algún lugar, alguien en Teherán tiene memoria: el régimen de Irán debe estar considerando las acciones del presidente Ronald Reagan en 1986, y del presidente Donald Trump en 2020, cuando su Administración eliminó a Qasem Soleimani, que era comandante de la Fuerza Qods del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, mediante un ataque con drones. Muchos comentaristas predijeron entonces que la región "explotaría". No fue así. Todo lo contrario. Irán, al ver que Estados Unidos "iba en serio", no con palabras, sino con hechos, se echó atrás inmediatamente.

Reagan, por su parte, ordenó en 1986 un ataque aéreo contra Libia en represalia por el atentado de agentes de ese país contra una discoteca de Berlín Occidental, en el que murieron tres personas, entre ellas un militar estadounidense, y casi 300 resultaron heridas. Reagan tenía todas las pruebas. Libia había patrocinado múltiples atentados terroristas y, aunque la decisión de Reagan de actuar no constituía un acto de guerra, contaba con el apoyo de un Congreso en funciones. Aviones militares estadounidenses participaron en una operación de doce minutos sobre Libia que tuvo como objetivo zonas cercanas a Trípoli y Bengasi, y se centró en objetivos militares, así como en el complejo residencial del líder libio Muamar Gadafi. Envió un mensaje claro de que había líneas que no se cruzaban cuando se trataba con Estados Unidos.

Con el tiempo, esa línea se ha difuminado y con demasiada frecuencia se ha ignorado. Lindsey Graham ha recordado al mundo, y a nosotros mismos: nunca subestimes a unos Estados Unidos enardecidos por la ira.

© Gatestone Institute

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