Cuba, a la espera de su "momento Venezuela": millonarios cubanoamericanos planifican la transición en Miami mientras la guerra con Irán frena a Trump
Todo este andamiaje se construyó sobre una expectativa que la propia Casa Blanca alimentó: desde la captura del exdictador Nicolás Maduro a inicios de enero, Trump repite en privado y en público la frase "Cuba es la próxima", y llegó a impulsar un bloqueo petrolero contra la isla además de plantear públicamente una "toma amistosa" del poder. Ahora, sin embargo, la caída del régimen depende de otros asuntos.

Donald Trump y el propietario gerente del Inter Miami, Jorge Mas, conversan tras un acto en honor al club
Mientras la guerra en Irán entorpece a nivel geopolítico e interno a la Casa Blanca y Venezuela se empieza a convertir en un tema complicado para la Administración Trump, Cuba es un asunto que, por ahora, parece estancado, pero mucho se está moviendo, sobre todo al sur de la Florida. De acuerdo con un reportaje del Wall Street Journal, los acaudalados magnates cubanoamericanos en el exilio ya están preparando un megaplan para la reconstrucción de la isla una vez sucumba el régimen castrista, una expectativa que se basa en las propias declaraciones públicas del presidente Donald Trump y de altos funcionarios de la Administración.
Según el WSJ, los millonarios cubanos, que han heredado o amalgamado sus fortunas en las últimas décadas con la esperanza de volver a Cuba algún día, están listos para salvar económicamente a su patria con inversiones clave en infraestructura, negocios inmobiliarios e, incluso, una bolsa de valores. El único problema, por ahora, es que la caída del régimen, que parecía inminente hace meses, ahora se está extendiendo a medida que la Casa Blanca reordena sus prioridades en política exterior de cara a las midterms, donde los demócratas parecen tener una ventaja mientras los precios del combustible se disparan en todo el mundo.
Mundo
Trump sobre las negociaciones con Cuba: "Quizá logremos una toma de control amistosa"
Virginia Martínez
El monto que manejan dichos empresarios fue revelado por Jorge Mas, copropietario multimillonario del club Inter Miami, donde juega Leo Messi, y amigo cercano del secretario de Estado, Marco Rubio, quien calculó en $90.000 millones el costo de reconstruir Cuba durante los primeros tres años de una eventual transición, una suma que, según le confió al WSJ, sus contactos cubanoamericanos podrían reunir sin demasiado esfuerzo.
Ese optimismo financiero se traslada al aire, según el arquitecto Willy Bermello, quien explicó que cada dos semanas convoca a ejecutivos de aerolíneas y fondos de inversión para pulir un plan de $8.000 millones que renovaría ocho aeropuertos cubanos apenas caiga el régimen cubano.
"Tenemos a nuestra gente en marcación rápida", le dijo al WSJ
Asimismo, el empresario tabacalero Juan Omar Sixto, de 82 años, que preside la recién creada Cámara de Comercio Nacional Cubanoamericana, ya diseña una bolsa de valores para una futura Cuba y está organizando una cumbre de inversión pensada para La Habana. "Hemos esperado 67 años. Tenemos que empezar", atizó Sixto en una reunión reportada por el WSJ.
El mismo ánimo es compartido por el alcalde de Hialeah, Bryan Calvo, de 28 años, al frente de la ciudad con mayor población cubanoamericana del país: "No creo que hayamos estado nunca tan cerca. Pero, al mismo tiempo, si no ocurre ahora, nunca va a ocurrir".
La planificación también llega al ámbito legislativo. Mas también preside la Fundación Nacional Cubano Americana, fundada por su padre, y trabaja junto a la Asociación de Abogados Cubanoamericanos de Miami en el borrador de una ley que regularía un gobierno provisional de hasta dos años antes de convocar elecciones libres. Otro debate abierto es si esa futura Cuba democrática debería revivir de forma temporal su constitución de 1940 mientras se redacta una nueva, tema que el Museo Americano de la Diáspora Cubana abordó recientemente en uno de sus paneles. "Este es nuestro momento del Muro de Berlín", dijo ahí el presidente de esa institución, Marcell Felipe.
Todo este andamiaje se construyó sobre una expectativa que la propia Casa Blanca alimentó: desde la captura del exdictador Nicolás Maduro a inicios de enero, Trump repite en privado y en público la frase "Cuba es la próxima", y llegó a impulsar un bloqueo petrolero contra la isla además de plantear públicamente una "toma amistosa" del poder. A comienzos de año, funcionarios de alto rango les aseguraron a políticos de Florida y a empresarios cubanoamericanos que el cambio de régimen llegaría antes del verano, o como máximo, antes de que terminara el año.
Sin embargo, esa fecha ya finiquitó. El bloqueo agravó la escasez de combustible en la isla y multiplicó los apagones, que hoy se extienden por días completos, pero el régimen castrista, aunque golpeado, sigue resistiendo apelando a la represión y el desgaste político de sus adversarios. Y mientras tanto, según reportó el WSJ, la guerra en Irán terminó absorbiendo la atención de la Casa Blanca, pues el propio Trump les repitió a sus asesores que necesita cerrar ese conflicto antes de destinar recursos a Cuba o a cualquier otra prioridad de política exterior. Algunos funcionarios ya hablan de una campaña cubana que podría extenderse hasta el final de su actual mandato.
El propio Rubio, consultado sobre esos plazos durante un viaje a Manila en julio, evitó comprometerse con una fecha: "No somos una miniserie, de esas que se resuelven en tres episodios y ya. Son cuestiones complejas que llevan tiempo".
Pese a ese giro retórico, Rubio, cubanoamericano, le pidió a su equipo sostener un flujo semanal de anuncios sobre Cuba —sanciones, acusaciones, informes—, una estrategia que, según un funcionario del Departamento de Estado citado por el diario, busca mantener viva la sensación de que una acción decisiva podría llegar en cualquier momento. Esa demora no pasó inadvertida entre los propios exiliados. "No cambiaron la meta, pero sí corrieron el arco", le dijo al WSJ Tony Costa, de 86 años, quien se retiró como uno de los mayores productores de plantas ornamentales del mundo para dedicarse por completo a la caída del régimen cubano.
Esperanza y preocupación por el caso Venezuela
Detrás de buena parte de este optimismo empresarial también crece un temor serio al sur de la Florida: que Washington termine aplicándole a Cuba el mismo esquema que ya usó en Venezuela, donde capturó al dictador Maduro pero dejó intacto momentáneamente el resto del aparato chavista —encabezado hoy por la exvicepresidente de Maduro Delcy Rodríguez— a cambio de acuerdos comerciales, sin fecha definida aún para una transición democrática que es una promesa de la Administración Trump. Una encuesta del Miami Herald a 800 cubanoamericanos, publicada en abril y citada por el WSJ, mostró que cuatro de cada cinco residentes del sur de la Florida respaldan una intervención militar directa en la isla, y que esa misma proporción rechaza cualquier negociación con La Habana que no termine en un cambio total de régimen. Algo similar pasa entre los venezolanos, que respaldaban mayoritariamente la intervención militar estadounidense para deponer a Maduro, celebraron dicha captura, mostraron su simpatía por Trump y Rubio, y ahora ven con preocupación que Washington esté cerrando acuerdos comerciales con Delcy Rodríguez, quien ya está en Nueva York para la Asamblea General de la ONU a ocho meses después de la captura de Maduro.
En Venezuela también preocupa que hay más de 300 presos políticos y que la represión contra la disidencia continúa, aunque de manera menos fuerte que durante la peor época de Maduro. Sin embargo, muchos críticos y venezolanos comunes creen que esa disminución de la violencia política es, únicamente, por pedido explícito de la Casa Blanca, y que eso desaparecía en cuanto la Administración Trump se descuide.
Pero los cubanoamericanos no están en este punto, claramente. Su preocupación, de hecho, es que la caída del régimen castrista, que los marginó, reprimió y exilió, se está extendiendo.
Deportes
Messi mejor que Pelé, destrucción del arsenal iraní y Cuba libre: así fue el homenaje de Trump al Inter Miami en la Casa Blanca
Emmanuel Alejandro Rondón
Incluso el diplomático que más alimentó las expectativas iniciales moderó su discurso. El embajador de Trump en La Habana, Mike Hammer, había asegurado en febrero, bailando en el escenario de una gala de abogados cubanoamericanos en Miami, que el régimen comunista terminaría ese mismo año. Según fuentes citadas por el WSJ que mantienen contacto con él, hoy ya no menciona en privado ningún plazo concreto para 2026.
Dentro de Cuba, mientras tanto, la situación sigue deteriorándose sin que exista ninguna señal de rebelión popular organizada. El economista habanero Omar Everleny Pérez Villanueva, quien trabaja en planes para reestructurar la economía cubana, describió el clima actual al WSJ: "El país está totalmente paralizado. La gente camina como zombis. No hay electricidad durante días, no duermes, la comida se echa a perder". Más de un millón de cubanos, en su mayoría jóvenes, abandonaron la isla desde 2021, lo que redujo drásticamente el número de potenciales manifestantes y dejó a una Cuba hoy más pobre, más envejecida y con la voz de su propia población casi ausente.