Ricardo Nachman, coordinador nacional de medicina clínica forense de Israel: "Durante la masacre del 7 de octubre no hubo ningún respeto con la humanidad"

El doctor Nachman conversa con Voz Media sobre las víctimas del 'Sábado Negro' y los abusos que padecen los rehenes secuestrados por Hamás.

Mientras los terroristas de Hamás derribaban con tractores, lanzacohetes y explosivos la valla de seguridad de Israel, Ricardo Nachman dormía con su hija de seis años en una carpa al aire libre, sin techo. Nachman, médico forense, padre de cuatro hijos, estaba celebrando el último día del Sucot. La fiesta de la alegría.  

Pasadas las 6 de la mañana, sonaron las alarmas. Se refugiaron en el cuarto de seguridad. Nada, de momento, demasiado fuera de lo normal en el Estado judío, objetivo constante de ataques aéreos desde casi todas sus fronteras. Sorprendidos porque las sirenas no paraban, encendieron la televisión: "Inmediatamente me puse en contacto con mi jefe del instituto forense", dice Nachman a Voz Media. Esta vez, el ataque era distinto. 

Nieto de inmigrantes, Nachman dejó su Argentina natal por Israel hace más de 30 años. Soñaba sumergirse en otras culturas. Allí se especializó en medicina forense; allí, tras casi 29 años de experiencia, se desempeña como coordinador nacional de medicina clínica forense.  

Parte de su labor, hoy, es coordinar la respuesta a las emergencias: ¿cómo atender un número creciente aunque desconocido de cuerpos en un instituto forense -el único del país- que tiene una capacidad máxima de 90 -en la televisión hablaban de decenas, pero su equipo sabía que iban por los 300 o 400-?, ¿cómo trabajar mientras seguían -y siguen- cayendo misiles y mientras, al menos al principio, las tropas israelíes seguían barriendo los kibutz en busca de terroristas? 

Nachman tiene años de experiencia en tragedias. Trabajó con las víctimas del tsunami en Tailandia, el más mortífero de la historia. Con las del terremoto en Haití en 2010 y, ese mismo año, con las de la caída de un helicóptero en Rumanía. Con las de Israel en 2023, tras el 7 de octubre, el sábado negro, aunque, insiste, en esta última hay una diferencia fundamental: no fue una tragedia.

No es que simplemente sucedió, no puede achacarse a la naturaleza o al mero azar, ambos terribles, pero imparciales. "Esto fue una masacre".

Atroz, única

"En esta masacre no hubo ningún respeto, bajo ningún punto de vista, con nada que tenga que ver con la humanidad", asegura el médico argentino. "Ni con la raza, ni con el género, ni con la edad". 

La variedad y cantidad de víctimas son dos medidas del 7 de octubre que, para Nachman, marcan la singularidad de esta catástrofe. Otra, más personal, fueron sus protagonistas: "Le pasó a mi gente, a mi pueblo". Pasó en su casa, Israel. 

La cercanía del golpe fue, sin duda, uno de las motivos que lo empujó a convertirse en portavoz de los masacrados. A hablar sobre lo sucedido dejando de lado los tapujos profesionales. La posibilidad de herir la sensibilidad del oyente. Palabras francas, verdaderas. Sin rodeos. 

Nachman describe al aire el tipo de episodios que, al menos de momento, las autoridades israelíes parecen haber reservado a proyecciones cerradas (aunque cada vez parecería haber más apertura). Episodios como el que revela una tomografía de unos restos calcinados que, a simple vista, parecen pertenecer a un solo cuerpo:

Encontramos un cráneo con una columna vertebral de un adulto pegado al cráneo y la columna de una criatura, envueltos en un alambre… Una masacre atroz.

"Estamos convencidos de que han utilizado toda clase de combustibles como para producir deterioros impresionantes", explica. El combustible especial hizo que algunos cuerpos estuviesen quemándose horas, resultando en pérdidas de más del 60% de la masa corporal. "No se puede reconocer nada del cuerpo".

Imagen cedida por Ricardo Nachman. Nachman mostrando restos óseos en una pantalla.
(Voz Media)

El trabajo debe continuar

El National Center of Forensic Medicine (Abu Kabir) sigue analizando restos de las víctimas del 7 de octubre. A medida que el tiempo pasa, su labor se complica más, tanto por el deterioro natural como porque quedan casos difíciles de identificar. Pero su trabajo no acaba allí, también se ocupa de los equipos médicos que reciben rehenes secuestrados por Hamás. 

Hablar con los rehenes liberados, explica, es "ver todo lo blanco y lo negro". Lo blanco: "Verlos tan excitados, tan contentos de salir del secuestro" al que fueron sometidos "por grupos terroristas, personas sanguinarias". "Contentos de estar con sus familias". Lo negro: "Ver marcas en el cuerpo", como las que quedan tras cuatro días maniatado o sin poder tomar un baño o hacer necesidades. O por comer una vez por día, a veces cada más de dos, tan solo un pan pita con arroz seco: "Estamos hablando de niños y personas ancianas que han perdido entre 7 y 10 kilos". O marcas de abuso sexual.